“A veces no desayunamos porque solo alcanza para el almuerzo”

Vecinos de la agrupación Flores de Vista Alegre (SJL) realizan una olla común todos los días. Foto: Eric Villalobos

El pesar de los más necesitados ante la covid-19. Alrededor de 6 de cada 10 hogares en el país son vulnerables, incluso desde antes de la pandemia, según un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Familias sin ingresos y la incertidumbre de conseguir el pan apelan al compañerismo ante el hambre.

Fernando Cuadros
15 Jun 2020 | 3:43 h

La pandemia del coronavirus estremeció todos los cimentos sociales, y no ha hecho más que desnudar la polarización de las familias dentro del país. Desde antes de la emergencia, aproximadamente 5,8 millones de hogares son vulnerables, detalló el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Es decir, 6 de cada 10 viviendas se encuentran en esta alarmante situación, la cual concentra a 4 millones en el área urbana y 1,8 millones, en el rural.

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‘’A veces no desayunamos porque solo nos alcanza para el almuerzo. Con lo poco que tenemos, a lo mucho hacemos un guisito’’, comenta Juana Munayco, una mujer de 50 años que ve con pesimismo la recuperación de la que tanto se habla en la única televisión bajo su techo.

Juana vive con su esposo Teófilo y su hija Lea, de 12 años, en San Luis (Cañete), dentro de una construcción de material noble que integra las 173.487 viviendas vulnerables dispersas en la costa rural.

El PNUD identificó cinco tipos de vulnerabilidades: laboral (34.3%), financiera (30.1%), alimentaria (21.2%), monetaria (16,6%) e hídrica (12,4%).

‘’El único sustento es mi esposo, pero ya no hay trabajo en la chacra y no sale por temor a enfermarse. A veces mis hijas mayores que tienen su familia aparte y mis vecinas me apoyan, aunque da vergüenza pedir’’, agrega Juana, quien agotó el dinero que recibió del bono #YoMeQuedoEnCasa en un abrir y cerrar de ojos para costear sus alimentos.

Un panorama similar en dicha localidad vive Lourdes, una ama de casa de 28 años encargada de extender la olla con los residuos del subsidio para sus seis hijos y su esposo Santos, quien se gana el pan como pescador los días en que no lo llaman de la chacra.

‘’No nos dejan salir a trabajar, y la situación nos alarma. Vivimos en una casa prefabricada, no tenemos luz y nos sostenemos con velas desde hace dos años porque nos desalojaron de nuestro antiguo terreno’’, explica.

Lima concentra a 1,5 millones de hogares vulnerables. Foto: Eric Villalobos

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