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Sensatez y sensibilidad empresarial

Rifan una guillotina y algunos se compran todos los boletos.

Augusto Álvarez Rodrich.
09 Abr 2020 | 6:02 h

Cuando el gran dilema es afinar el toma y daca entre salud y economía, se requieren expresiones de sensatez y sensibilidad de todos, incluyendo a la gran empresa privada.

La recesión que se viene podría implicar una pérdida rápida y dolorosa de unos 700 mil puestos de trabajo formales, calcula Apoyo Consultoría.

En ese contexto, se requieren respuestas inteligentes y solidarias. No las tonterías demagógicas como esa de reducir sueldos en el Estado. Sí un paquete sólido de alivio económico a las familias y las empresas como el que se va anunciado y que aún está incompleto.

También se necesitan expresiones solidarias de la gran empresa privada, como las que, sin duda, ya ocurren en muchos rubros desde la explosión de la crisis de salud en el país, además de seguir produciendo y ofreciendo bienes básicos para este momento complejo.

Pero estas acciones valiosas se oscurecen mucho con decisiones como las tomadas por algunas AFP sobre dividendos (la parte de la utilidad que no será reinvertida pues se le reparte para su beneficio privado).

El accionista de una empresa tiene derecho a cobrar el dividendo fijado, pero hay circunstancias en las que esas decisiones se vuelven obscenas.

En el caso de las AFP –al igual que en varios otros sectores–, porque coincide con el consenso creciente de reformar el sistema privado de pensiones; con el comentario del presidente de que estas “han tenido un comportamiento abusivo”; con que sus afiliados han tenido una fuerte pérdida en el valor de sus fondos de jubilación; con una ola populista que avanza en el país con más rapidez que el Covid-19; y cuando la mayoría vive el dilema angustioso de ‘salud versus economía’, es decir, morirse por el coronavirus o por hambre.

La reforma urgente de las AFP debe buscar que sus clientes estén satisfechos –a diferencia de ahora–, para lo cual ayudará que se les libere de la condición de cautivo o rehén para que estas empresas compitan no solo entre ellas sino por retenerlos, y para que la utilidad del accionista se alinee con el beneficio del afiliado, y no como hoy.

Parece que sortean una guillotina y algunos se gastan el dinero, con desatino y arrogancia suicida, en comprar todos los boletos de esta rifa macabra.