La urgencia, hoy, del virus solidario

¿Sin lugar para los débiles? Así, tampoco para los fuertes.

Augusto Álvarez Rodrich.
29 Mar 2020 | 5:28 h

El coronavirus amenaza a todos en todo el mundo, pero si algo positivo trajo esta pandemia terrible es que repuso la importancia de la responsabilidad y de la solidaridad, no como consejos de libro de autoayuda, sino como reglas básicas de sobrevivencia.

El coronavirus tiene un efecto letal que alcanza a ricos y famosos, como lo recuerdan las noticias de artistas, príncipes, futbolistas y presidentes infectados, pero el Covid-19 con glamour no debe hacer perder de vista que los sectores más vulnerables son otros, como los ancianos; pero, también, los presos hacinados; los venezolanos que no están en ningún registro de posibles beneficiados; y, principalmente, los pobres, los que viven al día, que no tienen ahorros, y que son más de la mitad de los peruanos, casi todos de los niveles socioeconómicos D y E.

The Economist recuerda esta semana en su portada: La próxima calamidad: Covid-19 en el mundo emergente, y concluye que “está en el interés propio del mundo rico, ayudarlos”.

Si los pobres viven en casas y barrios llenos, ¿cómo guardan el distanciamiento social?; si los pobres carecen de agua, ¿cómo se lavan las manos?; si hay cuarentena, ¿cómo salen los pobres a trabajar para conseguir dinero para comprar comida? ¿Motín a la vista?

El PBI caerá en marzo en 20% y en todo 2020 en más de 5%. Su efecto se parecerá al de un Niño 2017, terremoto 2007 y crisis financiera mundial 2008- 2009, todo junto, pero en el catastrófico primer gobierno de Alan García.

No es exagerado decir que el efecto del coronavirus 2020 puede parecerse al de una guerra mundial, pero sin liderazgos responsables que trabajen por el bien común, como debiera ser, pues el enemigo es un virus contra toda la humanidad, como lo han evidenciado Trump, Johnson, Bolsonaro o AMLO.

En esa perspectiva, en adición a la disciplina y responsabilidad que todos debemos tener en nuestro comportamiento privado, hoy es crucial la solidaridad, empezando por un principio humanitario de ayudar a los sectores más vulnerables, pero, también, por el interés de toda la sociedad.

Todos juntos, la hacemos; desunidos, nos hundimos. Si en la crisis mundial de hoy no hay lugar para los débiles, tampoco habrá para los fuertes.

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