Los que ya no roncan como antes

Hay cargos en los que ahora se olvida quiénes los ocupan.

Augusto Álvarez Rodrich.
3 09 2019 | 02:09h

Hay algunos cargos en el país que las personas que los ocupaban eran percibidas, al margen de quiénes fuesen, con gran poder, pero eso ha ido cambiando por varias transformaciones ocurridas en el Perú.

Ministro de Economía. Pedro Beltrán, Javier Silva Ruete, Manuel Ulloa, Luis Alva Castro, Carlos Boloña o Jorge Camet, tenían gran poder, y hasta Luis Carranza o Luis Miguel Castilla en tiempos recientes, aunque con menos peso que los previos. El titular del MEF siempre fue uno de los peruanos más influyentes, la aduana de todas las decisiones. Pero su influencia política se ha reducido, acaso porque la economía peruana dejó de vivir de crisis en crisis.

Representante en el Perú del FMI. Ante todos sabían quién representaba a este organismo en el Perú y su voz era casi ‘tutelar’ pues decidía qué se podía y no se podía hacer. Hoy casi nadie lo conoce. A medida que la economía se fue manejando con responsabilidad, como en las últimas décadas, la influencia del FMI en el Perú se fue diluyendo.

Secretario general de CGTP. Cuando los sindicatos eran fuertes en el país, hará unas tres décadas, el dirigente principal de la confederación general de trabajadores del Perú era alguien muy importante, pero hoy pocos recuerdan quién es. Los de hoy no recuperaron la notoriedad e influencia de Jorge del Prado o Isidoro Gamarra.

Embajador de Estados Unidos. Luego de que durante muchos años los representantes de la diplomacia americana fueran uno de los principales actores políticos en el Perú, desde hace tiempo han optado por el perfil bajo, aunque deben seguir con mucha influencia. En un mundo de hegemonías cambiantes, el embajador chino en Lima tampoco es muy conocido.

Jefe del comando conjunto de las Fuerzas Armadas. Antes era visto como potencial presidente de la república, pero eso, felizmente, cambió.

Arzobispo de Lima. Desde Juan Landázuri hasta Juan Luis Cipriani, fue un cargo que venía de la mano con el de cardenal, y su poder era gravitante, especialmente el último por su vinculación al fujimorismo. Es ha cambiado para bien tras su salida, con una representación mucho más institucionalizada, de menor perfil, pero no por ello menos influyente.

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