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Domingo

Ronald Elward: “Hay que tener un poquito más de compasión con la historia“

El proceso emancipador significó el fin del poder español pero también del prestigio económico, político y social que durante siglos habían logrado conservar las familias de los descendientes incas.

Elward dictó conferencias magistrales en Lima y Cusco. De paso revisa la nueva edición de su libro y prepara una edición para el público holandés. Foto: John Reyes/La República.
Elward dictó conferencias magistrales en Lima y Cusco. De paso revisa la nueva edición de su libro y prepara una edición para el público holandés. Foto: John Reyes/La República.

El caso es que en el año 2008, el holandés Ronald Elward Haagsma estaba en Cusco cuando quedó fascinado con la historia de los incas, y se preguntó qué sucedió con los descendientes de las panacas reales. Como una anécdota, cuenta cómo se sorprendió cuando un día tocó la puerta de una casa en San Sebastián y salió un señor llamado Sinchi Roca. Su investigación demoró diez años y culminó con la publicación del libro Los incas republicanos. Elward se desempeña hoy como director de un colegio en Holanda, pero en estos días volvió al Perú para celebrar las Fiestas Patrias con esos amigos descendientes de los incas que conoció en Lima y Cusco.

“Los incas republicanos“, de Ronald Elward Haagsma. Foto: Fondo editorial del Congreso.

¿Se puede afirmar que con la proclamación de la independencia comenzó la decadencia de las otrora poderosas familias descendientes de los incas en Cusco?

No. Empezó con las rebeliones de Huarochirí (1750) y de Túpac Amaru II (1780), pero si analizas la situación política, este proceso decadente continúa hasta 1850. Durante las primeras tres décadas de la república todavía estas familias reales eran importantes para el Estado porque aportaban ingresos vía impuestos. Esto se fue perdiendo cuando la exportación de guano de las islas cobra mayor importancia. Pero en Cusco empieza con la rebelión de Túpac Amaru II y termina con la época del guano cuando la riqueza se concentra en la costa.

¿Por qué incluyes a la rebelión de Huarochirí si sucedió treinta años antes que la de Túpac Amaru II?

Porque en Lima también existía una élite indígena que quería incorporarse a la economía como los españoles y criollos. Aquí en Lima también participaban en las fiestas importantes, incluyendo una en la que se manifestaban como el enfrentamiento de incas y españoles…

Qué curioso, hoy en día todavía se representa la muerte de Atahualpa en Huarochirí... y las drásticas prohibiciones que impusieron las autoridades virreinales en 1781, luego de la rebelión de Túpac Amaru II, se suavizaron años después…

Bueno, no fueron tan fuertes como las presentaron. En algunas partes los cacicazgos dejaron de ser hereditarios, pero en el Cusco se mantuvo. Sí afectó en otros aspectos: la vestimenta indígena desapareció, las célebres pinturas de la escuela cusqueña también desaparecieron, etc. Continuaron las celebraciones de Santiago y las procesión del Corpus, pero sin usar vestimenta tradicional...

Pero en estas familias importantes de Cusco también incluyó a chachapoyas y cañaris (etnia del actual Ecuador) que apoyaron a los conquistadores españoles...

Sí, ellos tenían sus propios linajes de caciques en Cusco. Los ayllus de chachapoyas y de cañaris tenían sus propias familias, pero muchas de las descendientes se casaron con descendientes de incas cusqueños. Esa fue una de las investigaciones del recordado Donato Amado. Una de las últimas descendientes del ayllu de los chachapoyas y yanaconas reducidos en el barrio de Santa Ana, en Cusco, fue doña Juana Guaypartupa Uclucana, nacida en 1720, hija del cacique principal Fernando Uclucana Guaypartupa Solsol Sahuaytocto. Doña Juana también fue cacica de los chachapoyas y se casó con tres descendientes de panacas reales incas en sucesión: Santos Ccayotupa, Simón Bustinza y Gregorio Tupa Sinchi Roca. Y uno de sus hijos fue Gregorio Oclacana y Vera, quien heredó el cargo de cacique de la parroquia de Santa Ana y fue elector constitucional para la parroquia Matriz de Indios (en 1813). Él fue el último cacique del ayllu de los chachapoyas y murió en 1850. No hubo mas descendientes.

En tu libro se pueden leer los orígenes y descendencias de las panacas reales incas. Esto demuestra que la cosa estaba bien organizada durante el virreinato y durante la república…

Están muy bien organizados y no es difícil encontrar esta información. Encontré casi toda esa información en el archivo arzobispal y en el archivo nacional...

¿También en archivos familiares?

Sí, pero no hay tantos. Yo accedí a tres. Uno de Ricardo Valderrama y Carmen Escalante, que ya lo publicaron. Otro lo tiene la señora Tisoc y otro de don Octavio Sinchi Roca.

En Lima se creía que con la independencia se acabó toda la descendencia y que habían desaparecido todas estas familias.

Nunca desaparecieron. Se reubicaron en San Jerónimo y San Sebastián. En el centro de Cusco también quedaron algunas familias, pero son más dispersos y no tienen esa coherencia interna.

Y persiste ese centralismo del propio centro histórico de la ciudad de Cusco con respecto a toda la región...

Y es más europeizado. Es un contraste que se nota en las primeras fotografías de Cusco. Un marcado contraste con las personas rurales.

La burguesía perdida

En una entrevista con el Dr. Luis Guillermo Lumbreras me dijo que quizá con la independencia se fue perdiendo una burguesía indígena en Cusco, Ayacucho y otras ciudades serranas. Eran personas cultas y prósperas. La pérdida de esta burguesía serrana afectó mucho al proyecto nacional republicano...

Comparto esa idea porque yo he identificado familias en San Sebastián, por ejemplo, que mantuvieron esa condición de burguesía vinculada a la actividad agropecuaria. Y en Cusco hay básicamente dos grupos: uno que se asimiló a la nueva clase media céntrica y otra que también mantuvo cierta presencia y liderazgo político y económico en los barrios de San Sebastián y San Jerónimo. También recuerdo a la familia Velasco, por ejemplo, de la panaca de Pachacútec y asentados en el barrio de San Blas. También a la familia Tisoc, de la casa de Lloque Yupanqui y del barrio de San Jerónimo...

¿Tisoc es un apellido quechua?

Es un apellido que viene de México. Tisoc es “sacerdote” en náhuatl. No es quechua.

El Dr. Donato Amado nos reveló en sus investigaciones que la pandemia de 1720 provocó una enorme mortandad en Cusco y casi acaba con las familias de los descendientes incas.

Sí afectó, pero hubo otras epidemias. A mediados del siglo XIX hubo una de fiebre amarilla que mató al 20 por ciento de la población cusqueña. Pero la existencia de los actuales descendientes es una prueba que no todos desaparecieron. También significó el acceso a esta élite de otros grupos, como los ayarmacas (etnia de origen waro que habitaba Cusco antes de la llegada de los incas) y los chaguancusco, de San Jerónimo. También hay que ver que con la independencia muchos familias españolas fueron expulsadas y años después llegaron inmigrantes de otros países europeos, ya durante la república. Todo esto influyó en la conformación de las familias de descendientes incas.

Me dices que cerraste el círculo de tus investigaciones sobre este tema, pero ¿qué recomendarías a los nuevos investigadores?

Toda mi investigación se basó en esos dos archivos, pero se puede ampliar revisando los archivos de otros pueblos cusqueños…

Pienso en Yucay, Urubamba, Chinchero…

Sí, los del valle fueron pueblos muy importantes. La información que está en los archivos de estos pueblos puede aportar mucho para entender todo este proceso político, social y económico desde las épocas coloniales hasta hoy. Este proceso de adaptación es muy interesante y puede dar nueva información sobre todo este proceso histórico. Hoy casi todo está enfocado en lo que pasó en Lima, pero el Perú es tan diverso como sus propias historias locales.

Cierto, esto quedó demostrado en el concurso “Narra la Independencia desde tu tierra” organizado por los historiadores Cecilia Méndez y y Juan Carlos Estenssoro...

Sí, por eso es importante ampliar el contexto porque es un tema sensible, sobre todo si recordamos que el proceso emancipador que se celebra en este bicentenario fue impulsado por extranjeros. Hay que tener un poquito más de compasión y comprensión con la historia.

Como escribió Octavio Paz: “No se puede reducir la historia al tamaño de nuestros rencores”.

También recomendaría hacer las narrativas más inclusivas. Hay mucha concentración en investigaciones limeñas, pero también comprobé que es un tema económico: en Lima están las facultades de Historia en la universidad de San Marcos y en la Católica. El problema es cuando necesitas viajar a provincias. Sería bueno un apoyo económico a los investigadores para financiar el alojamiento y otros gastos fuera de Lima. Estas investigaciones toman mucho tiempo, no todos los archivos están dispuestos.

¿Te quedó pendiente algún tema para investigar?

Me gustaría investigar cómo funcionó el tema de la educación.

Los hijos de las descendientes incas tuvieron acceso a la educación durante el virreinato.

Sí, tuvieron acceso a los colegios de los jesuitas. Luego, durante la república, los analfabetos no podían votar y me gustaría saber cómo afectó esto a los descendientes de los incas. ¿Qué acceso tuvieron a la educación durante la república?, ¿es correcto creer que eran verdaderamente analfabetos? Porque encontré en pleno siglo XX a muchos que habían estudiado primaria y secundaria y, sin embargo, no podían votar. Conversé con algunas personas que me contaron que a partir de los años 50 del siglo pasado ya pudieron ir al colegio, pero sus padres no. Entonces sería bueno saber cómo fue este proceso educativo durante la etapa republicana.

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