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Domingo

FMB: un guerrero para la paz

“Gracias a FMB mantuvimos por dos veces la paz entre chilenos y peruanos. La primera, cuando archivó un proyecto belicista del general Juan Velasco Alvarado”.

“Sus críticos internos le habían puesto la chapa de “felón” como señal de traición, por haber desestimado una posible acción bélica victoriosa”. Foto: La República.
“Sus críticos internos le habían puesto la chapa de “felón” como señal de traición, por haber desestimado una posible acción bélica victoriosa”. Foto: La República.

El centenario Francisco Morales Bermúdez ha muerto y lo primero que se recuerda en los medios es su condena en Italia, como colaborador de la “Operación Cóndor”. Me complica. Desde mi sur prefiero creer que los historiadores destacarán otros temas. Por ejemplo, que su “dictablanda” -así la definía él mismo- rescató a los militares de su adicción al ejercicio directo del poder político, que dispuso el retorno de los exiliados, promovió una Constitución Política de consenso, inició una transición democrática impecable y se retiró a su casa sin ningún alto cargo asegurado. El filósofo Francisco Miró Quesada elogió su “acendrado espíritu democrático” y en Caretas saludamos con respeto su salida del poder.

FMB: un guerrero para la paz. Ilustración: Edward Andrade

En lo más personal, añado un recuerdo agradecido: gracias a FMB mantuvimos por dos veces la paz entre chilenos y peruanos. La primera, cuando archivó un proyecto belicista del general Juan Velasco Alvarado. La segunda, cuando se negó a coprotagonizar la guerra contra Chile por las islas del Beagle, de los generales y almirantes argentinos.

En este caso, la PIP ordenó salir del Perú a muchos chilenos (yo, entre ellos) y tuve claro que un mínimo entusiasmo guerrero de FMB habría bastado para iniciar las acciones.

Por lo dicho, en 2001 me pareció fascinante poder interrogar a FMB para mi libro Chile Perú: el siglo que vivimos en peligro.

Diálogo sin exclusiones

A los 81 años, se mantenía en excelente estado físico e intelectual y con su vozarrón asordinado. Como para llegar a su casa pasé frente al monumento a Bernardo O’Higgins, en la Javier Prado, partí con el tema del “prócer común, pero aquí bien olvidado, general”.

FMB explicó que ese bajo perfil fue un gaje de la guerra. “Quedó una aversión natural en un país que fue invadido”. Tras decirle que eso fue hace más de un siglo e invocar el paradigma europeo, asumió la necesidad de terminar con los recelos y ensayar una integración realista, que incluyera la participación de los militares. Las bases de la confianza real, dijo, “no solo dependen de la diplomacia, los jefes de Estado y los cancilleres (…) creo que incrementar la relación entre las Fuerzas Armadas del Perú y de Chile va a ayudar muchísimo.”

En esa línea tocamos los dos grandes momentos de tensión antes mencionados. Extracto las partes pertinentes

JRE. Un momento fue en 1974-75 y el otro en 1979. En el primero estaba en el gobierno Juan Velasco Alvarado y parece que el riesgo fue grave.

FMB. Mucha fábula ha habido sobre eso. Se le digo en forma absolutamente garantizada por mi comportamiento político. Y es bueno que mencione los dos momentos. Se lo explico: durante el período del gobierno del general Velasco y en gran parte del mío, se produce lo que llamamos un reequipamiento de las Fuerzas Armadas y una vitalización de la parte sur, en materia de estructura militar. Si nosotros comparamos lo que teníamos en el norte, resulta que el sur estaba desmantelado. Nuestro equilibrio estratégico se había roto. Los gobiernos anteriores poco se habían preocupado de tener una fuerza armada equilibrada, en relación a lo que significaba la región. Se hizo un plan de equipamiento y, por otro lado, entramos a un proceso de ordenamiento metodológico y presupuestal en el Ejército.

(Agrega que entonces, como jefe del Estado Mayor, se planteó “por qué razón el Perú solo hace maniobras en el norte” y por primera vez el EP dispuso una maniobra conjunta en Tacna, el 29.8.1975).

JRE. En Chile se temió una invasión.

FMB. Yo sé. Como hubo movimiento de blindados hasta muy cerca de la frontera, se temió que podía ser una acción militar de invasión. Y eso no ocurrió en ningún momento. Por otro lado, se dijo que había en la época de Velasco –y eso va en contra mía– un plan de guerra para atacar a Chile y reconquistar el territorio perdido y esa es la falsedad más grande. Nunca hubo un plan de acción militar ofensiva contra Chile.

¿Usted recuerda a Fujimori cuando dijo que el Perú se había armado para hacer la guerra a Chile el año 75?

Un disparate total, pues.

¿De dónde sacó eso Fujimori?

¿Qué de dónde lo sacó? ... de sus propias mentiras, pues.

(Tras una pausa, le pregunto si se alzó contra Velasco porque no quería esa guerra con Chile y FMB lo niega rotundo).

¿Cuál fue, entonces, el motivo para desalojarlo?

La cosa interna, naturalmente.

¿La enfermedad de Velasco?

Claro, no había gobierno por la enfermedad. Por prescripción médica iba a palacio dos o tres veces a la semana y cuando iba tenía que retirarse a las cuatro de la tarde. (El general) Mercado debió intervenir porque tenía la responsabilidad, pero no lo hizo. Yo veía que la conducción económica se venía abajo y la política económica había consistido, prácticamente, en estatizar. Se llegó a un límite de estatización, la economía comenzó a sufrir y vino un problema muy serio, que fue la subida de precio del petróleo. Se produjo un desbalance de la balanza de pagos. Entonces yo tenía dos problemas: el primero, que no había una conducción política y yo en esos momentos ya era el Primer Ministro y comandante del Ejército. Después de Velasco era yo y entonces me dije, según el estatuto militar, si Velasco está enfermo el que le sigue soy yo, en consecuencia yo soy responsable de esto. Por esa razón, el golpe de Estado fue para enmendar la situación política y económica del país. Esa fue la razón del pronunciamiento de Tacna.

(Salto hasta 1978 y le cuento sobre la orden de expulsión que afectara a los chilenos. Le esbozo el contexto: se acercaba el año del centenario, se hablaba de una nueva guerra con Chile y en sus discursos él hablaba de “una mancha que había que lavar”. Formulo entonces la pregunta impertinente).

¿Hubo, realmente, peligro de guerra en 1979?

No, absolutamente. Pero, vea usted... ese año era de un simbolismo enorme en la vida peruana. Representaba el centenario de una guerra infausta, con pérdida territorial, pasión, etcétera. Y precisamente, el hecho de buscar un reequipamiento para nuestras Fuerzas Armas se debía mucho a que en 1879 el Perú perdió la guerra, en gran parte, por haber estado su Fuerza Armada desarmada, en relación a Chile. En 1979 debía estar equipada debidamente. No para invadir, vuelvo a repetirlo.

¿Por qué nos dijeron a los chilenos que nos fuéramos?

Yo no dije nada de eso.

Usted no, pero yo recibí orden de la policía.

Usted sabe cómo son los ejecutantes que van mucho más lejos de las decisiones políticas. Eso es grave, pero ocurre. Y ocurre, precisamente, en los servicios de inteligencia, en las fuerzas de policía.

Negación con causa

Me despedí con la sensación de que FMB había negado su real rol histórico, por los códigos de su profesión. Sin decirlo, ambos sabíamos que sus críticos internos le habían puesto la chapa de “felón” como señal de traición, por haber desestimado una posible acción bélica victoriosa.

Quizás por eso, la paz mantenida, que debiera ser lo más valioso de su gestión para peruanos y chilenos, ha permanecido en el insondable misterio del hermetismo militar.