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Kjarkas a los 50 años

Cantar a oscuras en el municipal debido a un atentado de Sendero Luminoso; vivir en Cusco para hacer contactos; y componer huaylarsh y marineras. Los Kjarkas tienen una estrecha relación con el Perú y celebran sus cinco décadas con nosotros.

Novedad. Una marinera, una tunantada y un vals criollo son parte del nuevo disco de los Kjarkas.
Novedad. Una marinera, una tunantada y un vals criollo son parte del nuevo disco de los Kjarkas.
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Sandy  Carrión

Hace dos años, los Kjarkas tenían todo listo para celebrar sus 50 años de carrera artística en 50 ciudades del mundo. Pero dos semanas antes de su viaje a Lima (el punto de partida de su gira internacional), las fronteras se cerraron debido a la pandemia por la COVID-19 y tuvieron que quedarse en casa. En un inicio, los bolivianos creyeron que todo iba a ser pasajero; pero con el correr de los meses y la aparición de las variantes, perdieron las esperanzas y pensaron que el futuro de los músicos era cantar a una pantalla toda su vida.

Gonzalo Hermosa, fundador del conjunto altiplánico, asegura que el encierro no les cortó la inspiración. Durante esa pausa, compusieron unas 15 canciones. Tres de ellas están dedicadas a Perú. Una marinera, una tunantada y un vals criollo son parte del nuevo disco con el que los Kjarkas agradecen a Latinoamérica por el apoyo y el cariño hacia su música. “Grande, Perú grande / morena como mi amada / patria linda, patria grande / desde el norte hasta la Lima”, canta el hombre de 71 años con su clásica voz pastosa.

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No es la primera vez que los Kjarkas fortalecen su vínculo con Perú a través de sus composiciones. En 1990 lanzaron “Señora, su hija”, un huaylarsh compuesto por Ulises Hermosa antes de ser diagnosticado con leucemia y morir en Texas tras una penosa agonía. Una década después llegaría “Perdóname”, el taquirari que Elmer Hermosa ha cantado con Eva Ayllón en más de una ocasión.

“Es nuestro país más hermano, en realidad es nuestro mismo país porque hemos sido el Alto Perú. Tenemos muchas cosas en común, excepto la costa. Igual latimos el mismo corazón”, indica Gonzalo Hermosa, cuyo recuerdo más importante en Perú fue en el Teatro Municipal de Lima, donde se quedaron a oscuras, luego de que Sendero Luminoso dinamitara una torre eléctrica en 1984. Aunque al inicio no sabían qué hacer, decidieron continuar con el concierto entre velas y encendedores. Desde aquel día ganaron más popularidad.

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Pero la ciudad clave para la internacionalización de los Kjarkas fue Cusco, donde se quedaron casi un mes tocando en peñas. Allí conocieron a muchos extranjeros y consiguieron los contactos para tocar en Europa. “Veíamos que a los gringos les encantaba nuestra música. Así empezó el sueño de conquistar el mundo”, manifiesta el zampoñista Gastón Guardia.

Paros y bloqueos

Llegar a los 50 años de carrera no ha sido fácil para el sexteto musical. Al inicio de su carrera, les pidieron cambiar el nombre de los Kjarkas. “Cantan bonito, pero su nombre es feo, nos decían”, recuerda Hermosa. “Pero nosotros no aceptamos. Sabíamos que nuestra música iba a llegar lejos. Igual nos amadrinaron”, añade entre risas.

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Gastón recuerda que también han lidiado con constantes paros nacionales y bloqueos de carreteras en Bolivia. Incluso han tenido que cargar sus instrumentos por caminos sinuosos para llegar a sus conciertos. Por eso, hace unos días se sintieron preocupados cuando el presidente Pedro Castillo anunció una inmovilización social en Lima y Callao. Temían que se extendiera la disposición del gobierno y no pudieran cumplir con el público peruano, para el que preparan una velada de lujo este sábado 16 de abril.

Ha tenido que pasar medio siglo para que los Kjarkas se presenten por primera vez en el Estadio Nacional de Lima, donde compartirán escenario con grandes amigos como William Luna, Max Castro, Dilio Galindo y Eva Ayllón. “Todos somos hermanos, somos de un mismo pueblo. Sé que un día vamos a borrar fronteras y el mar será de todos. Es el anhelo de los que cantamos y soñamos”.