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Gian Marco: “Que la gente piense lo que quiera de mí”

A sus 51 años, Gian Marco Zignago está enfocado en el concierto que ofrecerá en el Estadio Nacional. Pese al duro momento que vivió en esta pandemia, quiere celebrar la vida y la música.

Yo siempre hago terapia. Para mí eso es
normal. Fotografía:  Giusseppe Falla
Yo siempre hago terapia. Para mí eso es normal. Fotografía: Giusseppe Falla
Sandy  Carrión

Gian Marco tiene el corazón contento. Aprendió a ser más tolerante y también mucho más fuerte. Pero todavía hay temas que le incomoda tocar. No quiere dar importancia a sus haters y prefiere ignorar lo que le sucedió meses atrás, cuando fue atacado en TikTok por unos supuestos fans. La pandemia lo obligó a reprogramar, dos veces, el show por sus 30 años de carrera. De hecho, quiso tirar la toalla y cancelar el espectáculo. Pero al enterarse de que la mayoría de sus seguidores se quedaron con los boletos vendidos, se volvió a emocionar. Tal como lo hace cuando hablamos de fútbol, de música y de sus hijos.

Mandarina. Su disco número 16 fue presentado el año pasado.

¿A la tercera, la vencida?

Ah, es la época de las reprogramaciones. En todo el mundo se han reprogramado tantas cosas que el público se empezó a acostumbrar. En mi equipo de trabajo se sintió cuando salimos a la venta en febrero de 2020 y vendimos más de 30 mil entradas. De repente arrancó la pandemia y no sabíamos qué hacer. Al final se reprogramó para agosto de 2021 y la cosa seguía terrible. Hubo un momento en que se pensó cancelar el concierto.

¿De ti salió esa idea? ¿Qué te abrumó?

A todos nos llegan momentos en los que nos toca pensar. Dije: ‘Mejor dejemos esto’, no sabíamos qué iba a pasar. Me sentía supermal por la gente. La gente te pregunta y también, en su desesperación, pide la devolución de sus entradas. Pero muchos se quedaron con sus entradas. Eso fue como una lucecita.

No faltaron los insultos.

Qué te puedo decir. No se justifica hablar mal de la gente, salvo que seas un delincuente. Me tuve que empezar a acostumbrar, pues la pandemia nos tocó a todos, a todos. Aparte me estaba divorciando en plena pandemia, estaba escribiendo un disco, me estaba mudando. Me tuve que aguantar un montón de cosas.

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De todo lo que se dijo, ¿qué fue lo que realmente te dolió?

Mucha gente se aprovechó e inventó cosas. Ya la vida se encargará, yo sigo trabajando. Sé quién soy, sé de dónde vengo. No soy una mala persona. Tengo tres hijos extraordinarios, soy un papá maravilloso, Claudia y yo hemos hecho un gran trabajo con nuestros hijos. Mi carrera es linda. No soy perfecto, para nada. ¿Pero de qué me puedo quejar? Lo que pasa es que la vida quiere probar mi fortaleza. ¿Sabes una cosa? Soy extremadamente fuerte.

Eres de la generación que vio a la selección peruana en dos mundiales, pero luego todo cambió. ¿Cómo viviste cada eliminación?

Vi a Perú en el mundial del 78, del 82. Allí me quedé. Siempre estuvo el sueño de querer llegar de nuevo, hasta que se llegó con ese casi ‘sismo de cuatro puntos algo’ que generó mi querido Jefferson Farfán con su gol ante Nueva Zelanda en el Estadio Nacional. El fútbol siempre nos ha llenado de alegrías y también de decepciones.

Hablemos de música. Antes medían tu éxito por cuántos discos vendías, ahora se fijan en las descargas. ¿Te costó adaptarte?

No tengo ningún problema con ello. Gracias a Dios, la música me ha permitido estar 30 años en esto. No es fácil hacer música y que la gente te siga diciendo que le gusta lo que uno hace.

También están tus haters, los que creen que la has tenido fácil

Sí, claro. (Creen) que vengo de una cunita de oro. Que la gente piense lo que quiera de mí. No se trata de estar justificándome y decir: ‘Ay, yo soy buena gente’. No me interesa. Todo lo que tengo lo construí con mis manos. Me dicen por qué no hago una película de mi vida. Es que no me provoca.

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Pero sí un libro de memorias.

Humm. Sí, porque anécdotas tengo muchas.

También un stand up comedy.

Un unipersonal me encantaría. Está en mis planes, en cualquier momento (lo haré). Sería interesante. Y muy divertido.

¿Allí sí te burlarías de ti mismo, de todo lo que te ha pasado?

Siempre me he burlado de mí mismo, siempre he sido emotivo. En mis conciertos a la gente le doy mensajes bonitos, pero de pronto rompo el momento con algo gracioso. Soy así, de eso se trata la vida.

¿Eso es parte de alguna terapia que llevas?

Yo siempre hago terapia. Para mí eso es normal (se ríe). No tengo ningún problema. La terapia es importantísima.

Hay diferentes tipos y hay que tener suerte. Yo hago la terapia vincular. Es lo que me ayuda a ser feliz como soy, más allá de mi fe o de mi práctica espiritual.

¿Qué tuvo que pasar en tu vida para que busques ayuda profesional?

¡Wow!, tendría que... (se calla) eso lo dejo conmigo.

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¿Allí has aprendido a soltar, a dejar ir a algunos amigos?

Una cosa que les enseño mucho a mis hijos es que hay que saber elegir a sus amigos. Los amigos son como una playa de estacionamiento, algunos se quedan, otros se van. Si queda un espacio libre, entra otro. Tengo muy poquitos, así estoy mejor, me siento más tranquilo.

Hablando de ellos, todos tus hijos quieren ser cantantes. ¿Podrán vivir de la música?

Va a depender de su fortaleza, de cómo vivan sus vidas, de mi guía y la de su madre. Va a depender de su entorno y sobre todo de que reconozcan de qué están hechos. Nadie tiene la varita mágica. No porque yo sea el papá mis hijos van a ser famosos.

Pero Fabián tal vez la tiene un poco más difícil, pues lo van a comparar contigo.

No tiene miedo, ah. El miedo es ausencia de amor. Él se ama con locura y pasión. Y esa ha sido mi misión: que mis hijos se quieran. Va a empezar a estudiar en la universidad. No es ningún improvisado. Lo va a hacer muy bien. Y yo estaré para acompañarlo.

***

Los sueños que vendrán

Gian Marco ya sueña con su concierto de este 16 de julio: el estadio lleno, a la gente coreando sus canciones, sorprendida por todos los invitados y que cuando se vayan digan: “Qué bacán que la pasamos, qué bacán que estamos vivos”. También quiere hacer un sinfónico, lanzar su unipersonal y publicar un disco de música ayacuchana. “Y seguiré cumpliendo mis sueños porque tengo ganas, porque me siento contento”, dice emocionado.