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Daniela Darcourt: “Muchos, afuera, están diciendo que el Perú es la nueva capital de la salsa”

Conciertos. Sus dos presentaciones del
12 y 13 de noviembre en el Parque de la
Exposición sorprendieron a sus fanáticos y se encuentran entre los mejores shows en vivo de este año en Lima. Fotografía: Antonio Melgarejo
Conciertos. Sus dos presentaciones del 12 y 13 de noviembre en el Parque de la Exposición sorprendieron a sus fanáticos y se encuentran entre los mejores shows en vivo de este año en Lima. Fotografía: Antonio Melgarejo
Emilio Camacho

Acaba de llegar a La República con un buzo holgado, una maleta en la que lleva dos mudas de ropa para las fotos y una bolsa de manzanas verdes que le ha recomendado su nutricionista. Son las 11.30 del jueves 16 de diciembre y Daniela Darcourt ahoga un ligero bostezo mientras dice con una sonrisa pícara que a partir del 2022 no hará nada antes del mediodía, que la dejen dormir un poco más. Luego juega con una pelota de fútbol que encontró por allí, hace chistes sobre las cajeras de los supermercados y las participantes de los concursos de belleza, y ensaya la pose del chorro de agua que inmortalizó Jennifer Beals en Flashdance, para inquietar al fotógrafo, que empieza a sudar. Esta Daniela Darcourt siempre está en movimiento. Es un poco el resumen de lo que ha sido su 2021, con conciertos masivos, shows con otros salseros fuera del país, videoclips, programas de TV y una pregunta para la que todavía no tiene una respuesta: ¿Debe continuar su carrera fuera del país? Hoy, aunque parezca imposible, Daniela se ha detenido. Unos días después de esta charla, la cantante dio positivo a la prueba de COVID. En cuarentena, sigue en contacto con sus seguidores, a través del Instagram. Muestra los regalos y mensajes que le llegan, prepara los menús con los que trata de ganar energía para vencer al bicho y se mantiene serena. Esa también es Daniela. Es un huracán en suspenso.

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¿Cuáles son las cuatro canciones que más has escuchado en tu cuenta de Spotify este año?

De mis canciones, ninguna, porque yo no me escucho, no hay manera. Pero sí he escuchado mucho a Vanesa Martín, que es una de mis artistas favoritas. He escuchado mucho también a Pablo Alborán, que me encanta. He escuchado a José José.

¿Qué tema?

“Gavilán o paloma”. Me encanta esa canción.

Llevas tres, te falta una.

Y la cuarta es de un grupo de chicos que se llama La melodía perfecta. Son hermanos. La vengo escuchando ya hace dos años, pero también ha sido parte de mi playlist este año.

¿Y cuál ha sido tu presentación más importante de este año? Yo pensaba que habían sido los conciertos del Parque de la Exposición. Pero luego vi una presentación tuya, en Atlantic City, con Tito Nieves, en la que él te llama hija y ahora tengo dudas.

Han sido muchas las oportunidades que he tenido de estar en escena. En definitiva, lo que pasó el 12 y 13 de noviembre para mí es indescriptible. Hasta ahora no salgo del asombro. Hay gente que me sigue escribiendo del concierto, que me etiqueta en cosas, y yo digo, asu, cuánta repercusión hay y cuánto cariño de la gente para un trabajo que fue bien tedioso para todo el equipo. Ahora, tomar un avión, llegar a Puerto Rico y después irme a Atlantic City, con Tito, donde he estado al lado de Gilberto Santa Rosa, al lado de Víctor Manuel, conversar con ellos, darles un abrazo, seguir hablando de música, estar dentro de un mismo camerino, compartiendo todos como si fuéramos amigos entrañables, escuchar más de sus historias, saber cómo se ríen, ver a 25 mil personas en ese lugar, gritando por Tito, gritando por ellos y luego gritar por mí es como un… ¿qué está pasando? Si tú me dices cuál ha sido la mejor presentación, yo te diría que la mejor presentación es la que voy a hacer.

Con la maestra Eva (Ayllón) y Renata (Flores).

La cantante cuenta que muchas voces le sugieren continuar su carrera fuera del país. Fotografía: Antonio Melgarejo

¿Cuál es el recuerdo más grato de la grabación de este video?

Uff, todos: el proceso, los dos días de grabación, hicimos una parrilla previa para todos, tanto con el equipo como con los artistas. Renata es una niña maravillosa que está haciendo algo muy importante con el quechua. A ver, nos exigen estudiar inglés en el colegio y por qué no podrían poner un curso de quechua, obligatorio, creo que haríamos historia…

¿Tú tienes alguna relación con el quechua?

Mira, yo sé decir kaymi ñuqa kani, que es “esa soy yo” en quechua. Es lo que me enseñó Renata. Hice mi tarea. Pero respeto tanto la lengua que no me atrevería a decir algo...

Y que salga mal.

No, que me corrijan después y que sea todo un papelón.

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Lo que dices sobre Renata es interesante, en el video y en general, ella reivindica el quechua; Eva reivindica todos los ritmos afroperuanos. ¿Y qué sientes tú, qué reivindicas tú?

Bueno, yo en este video le dejo a la gente una Daniela cantando otro tipo de cosas, porque yo creo que eso es un concepto que se ha perdido. El cantante es un intérprete y el intérprete es capaz de traducir todo lo que tenga al paso, lo que mejor le sale. Es como un traductor de lenguas. Tienes que saber más de cinco para poder ejercer esa profesión. Y es lo mismo que pasa con la música. No me puedo encasillar con la salsa. Además, antes de hacer salsa, yo era muy baladística; una persona que hacía música disco, que hacía muchos géneros antes de llegar a este.

Hablemos de salsa. Después de la cuarentena se ha dado un fenómeno interesante. Los chicos salen a bailar salsa en la calle, lo hacen en el Paseo de los Héroes Navales los fines de semana, en pequeños parques de San Miguel, en Barranco y Miraflores. ¿Tú eres responsable de eso?

Mira, yo creo que el único responsable aquí es el arte y el amor por él. Vamos a poner en este momento al arte como una persona. La cuarentena y el estar encerrados nos ha obligado a muchos a prestar un poco más de atención a los que tenemos alrededor, en este caso, a nuestros papás, a nuestros abuelos, que no escuchan la música que escuchamos. Bueno, yo sí, porque soy un alma vieja. Entonces, un José José, un Héctor Lavoe, una Celia, Compay Segundo, Benny Moré, son artistas muy grandes, muy antiguos. Pero hoy los jóvenes saben quiénes son. Entonces, estas intervenciones culturales de estar en la calle y aprovechar el espacio se dan porque a estos jóvenes les apasiona la música, el baile, y lo necesitan. Y qué mejor que utilizar un espacio abierto con las canciones de tus artistas favoritos, hacer un mix y ponerte a bailar. Yo lo vi cuando me quedé en el Sheraton, un día antes del concierto del Parque de la Exposición. Estaba en el piso 18 y estaban escuchando una de mis canciones, estaban bailando y había una especie de instructor que decía: “Y bueno, y para acá, y para el costado”. Y veía a la gente y yo decía, es que esto está yendo más allá, es como el impacto que tuvo la cumbia y la chicha en su momento. Esos eran los géneros que más se escuchaban. Ahora compartimos eso con la salsa. Y es un fenómeno que solamente pasa aquí, en este país. Por eso es que muchos, afuera, están diciendo que el Perú es la nueva capital de la salsa.

El tatuaje que dice “Ensemble quoi qu'il arrive (Juntos pase lo que pase)”, dedicado a sus hermanas. Tiene 24 tatuajes en todo el cuerpo. Fotografía: Antonio Melgarejo.

¿Y era inevitable que tú fueras salsera? Por lo que me dices, pudiste haber optado por cualquier otro género.

Pude haber optado por cualquier otro, pero cuando se me da la oportunidad de ser solista y de hacer salsa, terminé de asumir el reto como tal, porque la salsa es algo que me conecta conmigo misma, con esa Daniela que se atrevió a soñar desde el día uno, porque yo empecé siendo bailarina. Y además de esa niña soñadora, también es recordar las pistas rotas por donde pasaba, donde me arañaba las piernas jugando fútbol, me hace acordar a mi familia, me hace acordar a mi barrio, me hace acordar a mi pollito del Okey, que hasta ahora sigo comiendo. Me hace acordar a ese inicio, al día en el que dije: “Bueno, vamos a ver, pe, si sale. Mi abuelo dice que cante, y si mi abuelo dice que cante, puta, cantaré pe”. Literal. Recuerdo las llantas gigantes llenas de hielo, con cervezas por doquier. Recuerdo el mundialito (de El Porvenir), recuerdo mis pininos, ahí en mi pasaje de La Victoria, haciendo obras, según yo, con mis amigos, cantando hasta sabe Dios qué hora en la madrugada, mis vecinos callándome.

¿Te callaban?

Yo tenía una vecina que se llamaba Nancy. Me gritaba en el tragaluz de los edificios. Shhhhh. Shhhhh. Y yo igualito seguía.

¿A qué hora?

Serían, pues, la una de la mañana. Pero ahora la señora es la más orgullosa.

Está claro que el barrio es lo que te llevó a la salsa.

Sí.

¿Y Michael Jackson y Lady Gaga todavía siguen siendo tus referentes?

Los amo. Michael Jackson es mi izquierda y Lady Gaga es mi derecha. Así es.

Eres una salsera que tiene de referentes a dos ídolos pop.

Dos ídolos pop. No tiene nada qué ver, ¿no? Después de ellos están Héctor Lavoe y Celia, definitivamente. En el medio, Benny Moré, Compay Segundo, Compay Quinto, que era lo que le gustaba a mi abuelo. La propia Omara Portuondo. Raíces cubanas, porque es la mata de la salsa. Y luego, otros artistas de Puerto Rico, estamos hablando de un Paquito Guzmán, que en paz descanse, que me dio tanta pena que se fuera, que te juro que hasta he llorado.

Caray.

Mi mamá me decía “por favor, no te pongas así, tan sensible”. Es que siento que muchos grandes se están yendo. A muchos no los he podido conocer, por contextos y porque soy una artista pequeña dentro de todo. Pero a los grandes que he tenido el placer de tener cerca… Cómo voy a sufrir el día que estos grandes a los que sí conozco se vayan. ¡Qué duro! Antes veía que los amigos de los artistas grandes lloraban y se lamentaban. Y decía: “Pucha, pobrecitos, qué pena, si a mí me duele, cómo les dolerá a ellos”. Pero va a llegar el momento en el que yo voy a estar dentro de ese grupo. Allí es cuando me pregunto: ¿Realmente voy a permitir que mi sobrina o mis hijos solamente escuchen lo que está de moda, como el género urbano? ¿O voy a rescatar todo el legado de esos grandes?

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¿Te cansan los ritmos urbanos?

Es un género que respeto mucho, porque hace cosas grandiosas, es verdad, al César lo que es del César. Tiene una exposición bastante buena, pero como aporte, si me preguntas, qué aportan. Es un aporte muy descartable, por eso salen tantas canciones. Por eso la industria de ellos crece tanto y ha crecido tan rápido, porque tres meses es el límite máximo para sacar una canción y están todo el tiempo renueva y renueva. A ver, ¿una canción de Karol G que recuerdes en este momento? Me miras y me dices: “¿Quién carajos es Karol G?”

Bueno, sé quién es, pero …

Eso es, exactamente, ¿qué canción te quedó de ella? Ninguna. Porque son canciones que se corean en las discotecas, que se bailan. Y ahora con el fenómeno del Tik Tok, se hacen tiktoks, que son pedacitos, y la gente sabe esos pedacitos. Ahora, si yo te digo Willie Colón, tú me vas a decir “Idilio”, y hasta me vas a cantar lo que hacen los metales.

A ver, ya que me hablas del aporte de los géneros y en especial de la salsa. Rubén Blades decía que la salsa fue en realidad la expresión de los latinos que eran inmigrantes en Nueva York. Willie Colón decía que la salsa no es un género, que es la manera de asumir la música desde la cultura latinoamericana. ¿Qué es para ti la salsa?

La salsa es eso. Yo siempre he dicho que es esquina, calle, callejón, pasaje, bloque, comunidad vecinal. Alguien que realmente no tiene calle, que no ha vivido o ha tenido un acercamiento con la calle, no puede atreverse a decir: (Daniela empieza a cantar) “Yo soy sonero y no lo niego. Le canto al trabajo y al amor…”. No puedes. Es como poner a una señora que vive en la Molina a vender choclo con queso en Gamarra.

¿Qué le deja a uno haber crecido en el pasaje Almagro, frente al Parque El Porvenir, viendo el Mundialito?

Una diversidad de gente, de cultura, de costumbres, de manías.

¿Qué manías adoptaste tú de La Victoria?

Las lisurotas, que hasta ahora no se me van y que no se me van a ir nunca en la vida.

¿Puedes pasar un día sin decir lisuras?

No.

¿Cuántas horas puede pasar sin decir lisuras?

Unas cuantas, varias, pero de las 24, pueden ser 18. (Se ríe) Es que, mucha gente dice: “Ay, no, porque es una mujer no puede hablar lisuras”. ¿Y por qué el hombre sí puede hablar lisuras y yo no? Desde que yo empecé mi carrera le dije a la gente: “Buenas tardes, soy Daniela Darcourt, que se sienta como un chibolo”. No cruzo las piernas, jamás me van a ver sentada así. Todo el rato, en esta entrevista, he estado sentada como se sentaría un hombre. No me interesa tener los senos grandes, ni el trasero gigante y una figura escultural. Si tengo rollitos, tengo rollitos. Si estoy flaca, estoy flaca, pero porque a mí me da la gana y porque sé que alguien se va a identificar conmigo. Si no te identificas conmigo y no te gusto como artista, la puerta está abierta, no te limito. Yo no soy como tu ex tóxico que te va a hacer la vida imposible.

Hablemos un poco del negocio de la música. Explícame algunas cosas: ¿qué es el chivateo?

El chivateo o los chivos, o el chivero, es la persona que está dentro del ambiente musical y que trabaja muchísimo, que tiene mucho tiempo trabajando, dale y dale.

¿Puede ser un intérprete también?

Exactamente.

¿Tú has sido chivera?

Y era feliz siendo chivera.

¿Eras feliz?

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Súper feliz. Yo era feliz. La época en la que empecé a entrar a los casinos, entré a los 16 años, —posdata: no lo hagan en su casa— fue un experimento para mí. Porque, claro, yo venía de un coro de niños, pasaba de hacer música latinoamericana a entrar a un casino por primera vez en mi vida, era como estar en los Latin Grammy. Había visto casinos en las películas, pero jamás en mi vida me imaginé entrar a un casino antes de ser mayor de edad, pero así pasó.

¿Cómo?

Sí. Mi exjefe me mataría por decir a nivel nacional que entré sin DNI, pero lo hacía por necesidad. Lo hacía porque me gustaba, lo hacía porque quería.

Pero es un régimen súper duro, ¿no?. Susana Esver, que es la directora de tu orquesta, contaba que, había momentos en que hacían once horas de show continuo. Eso es demasiado.

Es mucho. Llega un momento en el que ya pasa de ser un sueño a ser trabajo, y después de un trabajo pasa a ser una explotación muy grande.

¿Fuiste explotada?

Sí, claro. De hecho. La industria en algún momento se puso dura para todos. Y estoy segura de que no fui la única a la que exprimieron peor que a naranja huando. Llega un momento en el que la industria se pone muy exigente con los artistas, con los cantantes, con los músicos. Y nos volvimos presos de esas siete, diez, once, quince, hasta veinte horas semanales. Podías hacer cinco por día, como siete por día.

¿Siete shows por día?

Con Son Tentación llegamos a hacer hasta nueve horas por día. Y quizás más. Uff… La temporada de verano era interminable. Empezábamos a las once de la mañana, todo el mundo reunido. La primera tocada era mediodía, una, y de ahí no parábamos hasta las seis de la mañana. Y luego dormir unas cuantas horas y volver a levantarnos el domingo para lo mismo.

Pero eso es una invitación al colapso. Por eso es que te pasó lo de las cuerdas vocales.

Exactamente. No es por falta de técnica, no es por falta de conocimiento. Es por abusar del instrumento, como todo en la vida. ¿Usas mucho un ventilador? Va a llegar el momento en que la resistencia se va a quemar y no porque el ventilador sea malo, sino porque lo usas más de lo que deberías. Pasa lo mismo con las cuerdas vocales. Son músculos y cuando el músculo se tensa, se parte, se rompe, hay que parar.

¿Qué sentiste cuando el médico te dijo: “Daniela, no puedes cantar más”?

Cuando el médico me da el diagnóstico, yo escuché lo que me dijo y después no escuché más. Yo simplemente lo miraba y como cual película, me puse en fade out. Y analizaba y decía: “¿Y ahora qué va a pasar?”. Salí cual zombie del consultorio. Estaba desorientada. Y no tenía a nadie. Solamente atiné a llamar a mi expareja y a mi mamá. Fueron las dos personas que en ese momento se me ocurrió que podrían darme algún mensaje de aliento, pero tampoco fue así. Porque mi expareja se puso nervioso, porque yo no le podía decir nada, porque simplemente le dije: “Estoy enferma, muy enferma. No me quiero morir”. Entonces, si esas fueron mis palabras, imagínate lo que pensó.

Claro, pensó que ocurría algo más grave.

Y él empezó a gritar por teléfono y yo me puse a llorar. Luego llamé a mi mamá y creo que le dije exactamente lo mismo. Y cuando salí del trance dije: “Si dije que no me quería morir era porque cantar es mi vida”. Y prácticamente me estaban diciendo que deje de vivir.

¿Cuántos meses pasaron hasta que te recuperaste?

Medio año.

Vi que tienes un tatuaje que dice: “Ensemble quoi qu’il arrive (Juntos pase lo que pase)”.

El de aquí (se señala la espalda).

¿Está dedicado a alguien?

A mis hermanas. Las seis tenemos el mismo tatuaje. Está en francés y lo hicimos en mi departamento.

¿Y por qué el tatuaje en francés?

El francés es una lengua que a mí me gusta. Además, nuestro apellido es italofrancés. Por eso mi amor por las pastas también. Y cuando estoy en Europa, pues me siento en casa. Aunque siempre he dicho: “Perú es un lugar que no me gustaría abandonar nunca”. Siento que no lo voy a hacer, pero va a llegar un momento en el que mi propia carrera me lo va a exigir, quizá.

¿Te dicen mucho que debes el país para seguir tu carrera?

Sí, de hecho. El mismo Tito me lo dice. Hay mucha gente de fuera que me conoce ya… Y me dicen muchas cosas, me proponen cosas. Pero, como yo les digo a mis fans, que a veces me lo preguntan en Instagram: el día que eso pase espero haber cumplido uno de mis más grandes sueños aquí, que es poner un edificio que sea netamente para ayudar al artista peruano, que sea un lugar de formación. Hay que encaminar buenas carreras, hacer buenos seres humanos para que sean buenos artistas; como los grandes que se van. Ahorita se ha muerto Vicente Fernández, se ha ido Paquito Guzmán, en la misma semana. Entonces tú dices: “¿Quiénes más se van?, ¿a quién más le toca?” Pero, bueno, al final del día también forma parte de la vida, todos nos vamos a ir.

¿La idea de la muerte te perturba?

No, porque fíjate que si yo cruzo esa puerta, y me tengo que ir, voy a llegar y voy a hacer tremenda fiesta allá arriba. Voy a dejar resaqueado hasta al propio Dios. Y agradeciéndole siempre con todo, porque hasta ayer me acosté sin culpa, con el corazón lleno de fe, con la mente llena de fuerza, con ganas de vivir, y después de la pandemia más aún. Tengo claro de que el día es hoy; mañana no sé qué va a pasar; y lo que pasó ayer ya pasó, no lo voy a recuperar, no tengo máquina del tiempo. Mientras tanto, voy a tratar de hacer buenos recuerdos en la gente, para que, si en algún momento existe una máquina del tiempo, y retroceden a donde yo estaba, vean que Daniela era..

Fuego.

Exactamente.

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