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Al rescate de nuestros símbolos

Los diseñadores del escudo patrio eligieron a la vicuña y al árbol de la quina como emblemas de nuestro patrimonio natural. Un nuevo libro nos pone al día sobre la situación de ambos símbolos.

Se necesita un programa nacional agresivo de plantaciones forestales de carácter familiar”.
Se necesita un programa nacional agresivo de plantaciones forestales de carácter familiar”.
Roberto Ochoa

Mientras usted, amable lector, tiene a bien leer este reportaje, el Perú habrá perdido un área de bosque equivalente al tamaño del estadio nacional. Así de simple y así de trágico. Y no nos referimos solo al bosque amazónico. Los bosques húmedos costeños y serranos también son depredados por las invasiones, la expansión de la frontera agrícola y el tráfico de especies de flora y fauna nativa.

El biólogo Birmel Epiquién, autor del libro Bi-Centenarios naturales, historias de quinas y vicuñas

“Debemos entender que la pérdida de bosques y ecosistemas en general obedecen a un modelo de desarrollo basado en el consumo excesivo de materiales –advierte el biólogo Mirbel Epiquién– si no dejamos de consumir cosas por puro placer o arrogancia seguiremos destruyendo la naturaleza”.

Fue en 1825, un año después de la victoria patriota en Ayacucho, cuando el Congreso creó un escudo nacional. La fauna fue representada por la vicuña. La flora por el árbol de la quina.

Por aquel entonces, la quina ya estaba amenazada por su exportación a Europa, pero en los últimos cien años la situación se agravó. Hoy, la malaria (o paludismo) sigue matando medio millón de personas al año en todo el mundo. La mejor cura es la quinina natural, pues la cloroquina (sintética) ya tiene anticuerpos resistentes. Lo patético es que la quinina ya no se produce en el Perú porque casi hemos exterminado el árbol. El 80% de la quinina que se exporta por todo el mundo sale de las plantaciones del Congo.

Hasta la actual pandemia fomentó su destrucción cuando, en medio del confinamiento, se sugirió que la cloroquina servía para curar el mal provocado por la COVID-19. Epiquén recuerda que se multiplicó la venta de corteza de quina, acelerando así la destrucción de los escasos árboles. “La respuesta es la creación de un programa nacional agresivo de plantaciones forestales de carácter familiar y con acceso a la adquisición de semillas, asistencia, préstamos, etc., para desarrollar una industria basada en plantaciones y olvidarnos al fin de extraer la madera de los bosques primarios”, sostiene el experto.

Científico. El autor y la portada de un libro de divulgación científica que debería estar en todas las bibliotecas escolares del Perú.

Un libro para reflexionar

Epiquién ha sabido combinar experiencia en el sector público, el sector privado y el mundo académico. Ahora se luce como autor del libro Bi-Centenarios naturales, historias de quinas y vicuñas, publicado por el Centro Bartolomé de las Casas y editorial Caja Negra. “Me considero un divulgador científico. Lo que quiero es que un niño de diez años y un doctor graduado en ecología puedan leer el libro. Que ambos lo entiendan y se sorprendan”, afirma.

Fue así como nos enteramos que, en este año del Bicentenario, también se celebra la primera década de la Ley Forestal y de Fauna Silvestre que no ha sido especialmente beneficiosa para las vicuñas. Si bien su población se ha multiplicado, existe la preocupación por la destrucción de su hábitat altiplánico y por el problema de siempre: las comunidades que cuidan las vicuñas son exportadoras de fibra pero incapaces de producir una fina prenda de vestir.

Con esta nueva ley “sí hubo exceso de optimismo”, reconoce Epiquién. “Se pueden cambiar los nombres a las instituciones o integrarlas o especializarlas, pero hay estructuras o prácticas que se mantienen como esencia a las organizaciones y si no se incide en eso no se alcanzarán los resultados esperados”, afirma. “Hoy en día la gobernanza sobre las poblaciones de vicuñas es mucho más débil que cuando existía el Conacs, en gran parte por lo que acabo de explicar, pero en ese ensayo error debemos seguir apostando, debemos seguir siendo optimistas en encontrar la mejor fórmula”, sentencia.