El lado tóxico de Instagram

La plataforma para fotografías de Facebook ha sido acusada de dañar a los adolescentes. Una extrabajadora del conglomerado filtró estudios que lo comprueban. Baja autoestima, ansiedad, trastornos alimenticios son algunos de sus efectos negativos. Psicólogas explican por qué los menores son tan vulnerables cuando su uso no es regulado.

Más de 22 millones de adolescentes inician sesión cada día en Instagram en los EE. UU. Crédito: Ana Ysusqui
Más de 22 millones de adolescentes inician sesión cada día en Instagram en los EE. UU. Crédito: Ana Ysusqui
Juana Gallegos

Siento que soy demasiado grande y no lo suficientemente bonita”. “Me siento inseguro acerca de mi cuerpo”. “Siento que tengo que luchar para ser visible”.

Instagram es una isla de la fantasía, una red social en la que reinan los cuerpos más bellos y la ropa más trendy, una en la que la popularidad se mide a punta de corazones, y el amor propio es proporcional a la cantidad de seguidores. Es la aplicación de Facebook con usuarios más jóvenes. En Estados Unidos, cada día cerca de 22 millones de adolescentes pinchan el icono de la camarita en sus smartphones y se introducen en este mundo virtual en el que predomina la imagen.

Los de arriba son testimonios de adolescentes que, al compararse con las fotos de sus feeds de Instagram, han sentido su autoestima desplomarse. Estas confesiones se hicieron en grupos focales organizados por Facebook y hasta hace poco no se conocían. Y es que desde hace tres años la compañía de Mark Zukerberg investiga cuál es el impacto de sus redes sociales en los usuarios y una de sus conclusiones más preocupantes fue que Instagram es tóxica para muchos adolescentes.

Frances Haugen, una exempleada del departamento de Integridad Cívica de Facebook, fue quien filtró el mes pasado al Wall Street Journal estudios internos hechos entre 2019 y 2020 en los que, en referencia a Instagram, se señala: “Hacemos que los problemas de imagen corporal empeoren en una de cada tres adolescentes [...] El 32% de las adolescentes dijeron que cuando se sentían mal con sus cuerpos, Instagram las hacía sentir peor [...] Los adolescentes culpan a la app por los aumentos en la tasa de ansiedad y depresión”.

Facebook sabe que su aplicación para fotografías corroe la salud mental de las adolescentes y ahora lo sabe todo el mundo. “Su propia investigación dice que Instagram es claramente peor que otras formas de redes sociales”, dijo Haugen en una entrevista con la CBS. La ingeniera informática sostiene, además, que la compañía no tiene voluntad para enmendar sus fallas: “Facebook, una y otra vez, optó por optimizar para sus propios intereses”.

Los estudios internos de la compañía subrayan también que sus redes amplifican el odio, la desinformación y el malestar político, pero no lo admiten en público. En agosto, senadores de EE.UU. pidieron a Zuckerberg información sobre los efectos de sus plataformas, a lo que este respondió que se trataba de información confidencial.

Pero volviendo a los adolescentes, ¿qué riesgos puede correr su hijo o sobrina en esta app de filtros capaces de perfeccionar rostros y alimentar imaginarios difíciles de alcanzar?

Rosa Puente, psicóloga de la Asociación Peruana de Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes, nos da una pista. Señala que al menos uno de cada dos de sus pacientes adolescentes llega a ella por trastornos de sueño y cuadros de ansiedad asociados al uso descontrolado de Instagram: “Pasan horas metidos en la app, están despiertos toda la noche y duermen en el día. Todo ello se agudizó en esta pandemia”.

Los adolescentes están en una etapa en la que las opiniones de los demás son muy importantes. Instagram es como la vitrina que les permite mostrarse, pavonearse y compararse con los otros, lo que es natural pues están formando su identidad. Sin embargo, esta plataforma muestra estilos de vida y estándares de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

“La comparación constante, el miedo a perderse de algo que otros sí tienen, el no tener esa ‘vida perfecta’ que otros muestran, puede incrementar la ansiedad social y generar sentimientos de inadecuación en ellos”, dice Silvana Romero, psicóloga que prepara su tesis de doctorado en la Université Catholique de Louvain en Bélgica sobre los efectos adversos de Instagram.

De las entrevistas previas a 18 adolescentes (su estudio abarcará a más de 4 mil jóvenes) halló que, si bien valoran los usos positivos de la app –les permite expresarse, estar en contacto, entretenerse, sentirse menos solos–, también los hace sentirse expuestos, vulnerables, frustrados y avergonzados. “Admitieron que se comparan constantemente y que sienten envidia y sentimientos encontrados”, dice Romero.

Esta forma compulsiva de medirse con el otro puede generar problemas de autopercepción en las chicas, según las propias evaluaciones de Facebook: “Las comparaciones en Instagram pueden cambiar la forma en que las mujeres jóvenes se ven y se describen a sí mismas […] El 17% de las adolescentes dicen que Instagram empeora los trastornos alimenticios”, se lee en las diapositivas a las que Journal tuvo acceso.

La presión por lucir cuerpos delgados y verse bien puede generar problemas en la alimentación, pero no es la única causa, comenta Cecilia Chau, psicóloga clínica y docente de la Universidad Católica: “Instagram es un factor de riesgo, pero debemos tener en cuenta las variables personales: una madre rígida, el que les digan constantemente que deben lucir flacas, el control excesivo de la alimentación”.

Otro aspecto tóxico que Facebook reconoció en Instagram fue que puede llegar a ser adictiva y que los adolescentes prescinden de autocontrol para regular su uso: “Saben que lo que ven es malo para su salud mental –explicó un gerente de la compañía a sus colegas–, pero se sienten incapaces de detenerse”.

Y es que según las especialistas surge una necesidad imperiosa en los adolescentes de estar siempre allí, hiperconectados en la app, porque sino sentirán que se pierden de algo. Ese temor a sentirse ‘fuera de’ es llamado FoMO (fear of mis- sing out). Los adolescentes entrevistados por Romero lo reconocieron. “Reportaron que no pueden evitar no chequear la app varias veces al día, ver los últimos posts y stories, que les preocupa las reacciones de los otros sobre lo que postean y que están muy pendientes de los likes”. Estar enganchados todo el tiempo les genera ansiedad, decaimiento de ánimo y depresión.

Y en esta escalada del deterioro de la salud mental, según los archivos de Facebook, hubo usuarios que reportaron pensamientos suicidas. Sin embargo, Chau precisa que estos desenlaces fatales pueden estar asociados al uso de Instagram, más no son los únicos disparado- res: “Soledad, padres negligentes, abandono, ciberbullying, hay condiciones previas que lo propician”.

En una reciente entrevista en el Wall Street Journal, Haugen dijo que no pretende que la gente odie a Facebook, sino que quiere impulsar un cambio en el gigante de las redes sociales. El primer paso es reconocer lo dañinas que pueden ser para regular su uso.

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