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Daniel Alarcón: “De niño pensaba en el español como en un superpoder”

El periodista y escritor peruano, Daniel Alarcón, ganó esta semana la importante beca MacArthur en los Estados Unidos. El también creador del sitio de podcast Radio Ambulante habla con Domingo sobre su experiencia como inmigrante latino en ese país.

Además de crear Radio Ambulante, Alarcón ha publicado en revistas como New Yorker, Esquire y Etiqueta Negra. También ha escrito la novela Radio Ciudad Perdida y el libro de relatos El rey siempre está por encima del pueblo. Foto: La República
Además de crear Radio Ambulante, Alarcón ha publicado en revistas como New Yorker, Esquire y Etiqueta Negra. También ha escrito la novela Radio Ciudad Perdida y el libro de relatos El rey siempre está por encima del pueblo. Foto: La República
Emilio Camacho

Trabajar con el español o con los españoles que provienen de América Latina, en los Estados Unidos, le ha valido al narrador y periodista peruano Daniel Alarcón, fundador del sitio de podcast Radio Ambulante, como argumento para ganar la importante beca MacArthur, que durante sus años de existencia ha distinguido a creadores extraordinarios como Susan Sontag o Cormac McCarthy. Su propia aventura con nuestro idioma, en el país que le dio la presidencia a Donald Trump y desde donde ha lanzado las sorprendentes historias de Radio Ambulante, es un relato que merece conocerse.

Una cosa en la que no dejaba de pensar cuando estaba revisando información sobre ti, es que has ganado un premio en Estados Unidos por hacer tu trabajo en español.

Claro.

Que es una cosa muy interesante, porque hay gente que preferiría que los latinos, en este momento, oculten su idioma.

Sí, es un premio por el conjunto de mi trabajo, por mi trayectoria. Y sin duda Radio Ambulante es una parte muy importante de mi carrera. Pero también escribo en inglés, para el New Yorker, he escrito novelas en inglés, y cuentos, y esas cosas. Pero sí, yo creo que el hecho de que mi trabajo con Radio Ambulante sea en español, en este momento político-cultural que estamos pasando en Estados Unidos, y este premio, es particularmente grato. Creo que es una reivindicación del idioma, de la cultura tan diversa que somos los latinos, acá, en Estados Unidos, y es algo que no me esperaba, justamente por lo que tú mencionas. Hay cierta invisibilidad profesional que siento que he pasado en estos años, viviendo en Nueva York, trabajando con el español. A veces, en reuniones con colegas gringos, me dicen: “Ah, en qué andas”. Es como si hubiera desaparecido del mapa.

¿Trabajar en español te invisibiliza en Nueva York?

Sin duda. Para mis amigos y colegas gringos. Pero, obviamente Radio Ambulante tiene un montón de oyentes acá y me han pasado cosas muy curiosas. Una vez, estaba jugando fútbol y un tipo me fauleó y me caí al piso. Y me levantó un gringo y me dijo con un español muy machacado: “Daniel, tenemos que cuidarte. No queremos que le pase nada a tu cabeza. Soy muy fan de Radio Ambulante”. Ha sido lo más chistoso que me ha pasado. Entonces, sí, tengo cierta audiencia. Pero, digo, en los círculos profesionales y ciertamente en los círculos en los que se deciden premios de este tamaño, yo asumí que era invisible. A eso me refiero.

La paradoja es que tú iniciaste Radio Ambulante porque tuviste una experiencia con la BBC. Hiciste un documental que salió bastante bien, pero ellos decidieron eliminar las voces en español que tú considerabas valiosas. Y, precisamente, ahora te han premiado por crear un podcast en español.

Sí, yo me acuerdo bien de esa experiencia. Siento que aprendí un montón. Me acuerdo de esos diez días que pasé con el productor de Londres; un tipo súper bueno, que conocía mucho. Y fue mi primer encuentro con la radio, con cómo se produce. Eso me encantó, pero sí, me quedé un poco frustrado con el resultado final, en parte por lo que tú mencionas, que quitaron estas voces. Y hay otra cosa que tiene que ver con mi niñez, por haber crecido en Estados Unidos con un español, digamos, doméstico; un español que tuve que trabajar para que fuera elaborado, fluido y sofisticado, para poder hablar cosas que no eran de casa. Al no ser tan elocuente, yo siempre era muy curioso y escuchaba mucho, prestaba mucha atención. Me gustaban mucho las conversaciones, no participar, pero sí escuchar. Y como los peruanos somos tan conversadores y tan chistosos, la sobremesa se convertía en una especie de danza, de performance, de chistes, de insultos, doble sentidos, era algo entre un ballet y una pelea de box.

Y eso es riquísimo para el aprendizaje.

Y es divertido sentarse a escuchar. Y yo era ese tipo, más bien callado, que no hablaba, pero escuchaba. Y eso es perfecto para la radio.

¿Alguna vez has tenido problemas en Estados Unidos por hablar el español?

No, no mucho. Pero, mira, de niño lo considerábamos en mi casa como un superpoder. Te explico: mi papá y yo jugábamos con él. Como nadie en esa época hablaba español, donde yo crecí, en Alabama, nos gustaba mucho un juego de especulación, un juego de invento y de imaginación que era el siguiente: estábamos en una fila como cualquier persona y mi papá decía “Vamos a inventarnos la historia de esas dos personas que están a nuestro lado. ¿Qué hacen ellos ahí?”. Entonces yo me inventaba algo, él se inventaba algo, y luego tratábamos de escuchar a esas personas. Y no podían saber de qué estamos hablando. A veces volteaban a mirarnos, pero nos hacíamos los locos. Y podíamos observarlos y contemplar sus posibles historias sin que ellos se den cuenta. Y eso era algo muy común en mi familia. Lo hacíamos en restaurantes, en centros comerciales, era algo como un juego que teníamos. Entonces, en ese sentido, sí era como como un superpoder, un lenguaje secreto.

¿Tus padres tuvieron algún problema por hablar el español en Estados Unidos?

Yo creo que no, porque era muy extraño. Ahora es diferente. Esto es muy común y lo hemos visto en Perú: si hay un extranjero todos lo tratan bien. “¿Y qué novedad, de dónde vienes?”, le dicen. Pero si hay mil o quince mil o cien mil…

O 60 millones…

O 60 millones, se vuelve un choque cultural, un choque político económico. Es muy diferente. En mi niñez, yo me acuerdo de esto muy claramente, si mis papás escuchaban que alguien estaba hablando español, iban y se presentaban. Mi papá decía: “Soy Renato Alarcón, de Arequipa.”

De Arequipa, no del Perú.

No, claro. Y eso te habla un poco del momento. Si había alguien que hablaba español, algún nativo, que vivía a 200 kilómetros, lo más probable es que lo conociéramos. Si había un peruano en el estado de Alabama, probablemente lo conocíamos. Era una comunidad muy pequeña. Eso ya no es así. Y ahora, los latinos son la mano de obra barata en Alabama, en todos los Estados del Sur, en todo el país. Y, ergo, hay discriminación, hay prejuicios, hay maltrato y es otra cosa. Ahora los latinos representan, desde una postura política, una amenaza. Entonces, hablar español se ve diferente.

¿Cuál es el principal cliché que se tiene de los latinos en los Estados Unidos? ¿Qué piensan los gringos de nosotros?

Que somos una sola cosa. Y esto es algo que hace que después de cada elección salgan muchos ensayos. Dicen: “Nos sorprendió que los latinos hicieran esto o lo otro”. Pero no entienden que no somos todos iguales, no venimos todos de los mismos países. Y esto pasa en ambos lados. Por ejemplo, en estas últimas elecciones la gran sorpresa para mucha gente fue que los latinos en la Florida votaran por Trump. Pero alguien que tiene dos dedos de frente te dice: “Mira quiénes están allí y por qué están ahí”. No solo son los cubanos, también hay venezolanos que han huido de Maduro. Entonces, claramente, si los republicanos les venden un discurso anticomunista, anti Maduro y hacen el juego de “Biden igual Maduro”, van a ganar votos latinos. Eso no es tan complicado de entender para nosotros, pero para los gringos sí es como “¡Qué novedad!”.

Así que nos ven como un solo bloque…

Como un solo bloque.

Que después del sur de México todos somos la misma cosa.

Exacto. Eso es algo que los gringos están descubriendo constantemente.

Ahora, desde acá también hay a veces la misma visión. Porque desde Sudamérica se habla de “los latinos”, como que fueran un bloque sólido.

Sí. Ese es un invento de Univision, esencialmente. Un invento que tiene o ha tenido cierta utilidad política en los últimos 40 años. Pero no es lo mismo decir latino a decir african-american. Hay una comunidad afroamericana con una historia compartida muy dolorosa. Tú puedes decir que la gran mayoría de ellos tienen esa historia, esas raíces; mientras que los latinos, gente que se considera latina, pueden tener ocho generaciones viviendo en Texas o ser solo un migrante de Oaxaca que trabaja en Brooklyn, como repartidor de comidas; o un venezolano que acaba de llegar a Doral o Kendall, en Miami. Que hablen español el uno y el otro, no significa que son lo mismo.

Te he escuchado decir una frase interesante. Estados Unidos tiene al menos 60 millones de hispanos, por lo tanto, es también un país latinoamericano. ¿Eso se ve en sus calles ahora mismo?

Claro. Y no solo, ojo, en ciudades como Nueva York. En Nueva York, obviamente, hay barrios latinos donde uno puede vivir toda su vida sin hablar inglés. Igual que hay barrios de albaneses, y chinos, y coreanos, hindúes, etcétera. Pero esta es una gran ciudad. Pero eso pasa no solo acá, también pasa en pueblitos de Mississippi, que son casi extensiones emocionales, culturales, lingüísticas, familiares, de pueblos de Guatemala. O sea, donde una gran ola de migrantes se fue de un pueblo a otro pueblo. Y todos trabajan en la misma fábrica o en varias fábricas similares. Es una cosa increíble. Hicimos una historia para El Hilo, hace poco, con Vice News, sobre eso: un pueblo en Guatemala, Comitancillo, y un pueblo de Mississippi, y cómo los lazos entre esos dos pueblos se unían. La gente en Comitancillo vive su vida pensando “en qué momento voy a ir a este otro pueblo” en Estados Unidos. Y viceversa.

¿Qué porcentaje de no latinos escucha Radio Ambulante?

Tradicionalmente, y esto cambia con cada episodio y cambia en cada temporada, es un 30%, un tercio. Y son gente que está casada con un latinoamericano, hay gente que quiere aprender porque está en la universidad, gente que tiene un interés en Latinoamérica, gente que ha viajado, que va a viajar, cosas así. Y para ellos, nos dimos cuenta de esto haciendo encuestas de audiencia, desarrollamos un producto, que es una aplicación que se llama Lupa, que también es parte un poco de la creatividad empresarial que debes tener para mantener un proyecto periodístico a flote.

¿Y cuánto te ayuda tu lado gringo a identificar historias potentes en América Latina? Te lo digo porque las historias están ahí, y a veces desde acá nos sorprendemos de lo que lanzas en Radio Ambulante, y quizás no las vemos porque están dentro de nuestra cotidianidad.

Estaba hablando con una amiga gringa el otro día, que había leído un texto que escribí sobre sobre el cuerpo de Abimael Guzmán, y me dijo: “Qué alucinante, qué increíble”. Y me acordé de una frase que oí una vez en un taxi en Cartagena. El taxista me dijo a mí y a mi esposa: “Ah, esa es la casa de Gabo. ¿Sabes qué?, aquí todos tenemos buenas historias, pero él redacta bien” (se ríe). Y no lo menciono para compararme con Gabo. Lo que quiero decirte es que yo simplemente escribí un ensayo, hablé con un par de personas inteligentes, leí unas cosas y, luego, redacté bien; y los gringos se quedaron como boquiabiertos. En ese sentido, le debo mucho al Perú, que es el país en el que nací, al que quiero con todo mi corazón, y donde los titulares de los periódicos, como tú bien sabes, son materia de novela día tras día. Entonces, yo trato de identificar las historias, no por caer en el realismo mágico, en absoluto, simplemente por tratar de entender qué está pasando.

¿Cuántos acentos latinos puedes distinguir?

¿Sabes qué? Cuando yo era niño, eso sí me parecía como una cosa mágica. Que mis papás, caminando en un aeropuerto, cuando pasaba una pareja de argentinos hablando, pudieran decir: “Ay, los argentinos”. Y luego pasaban unos paisas y mi papá decía: “Ay, los colombianos”. ¿Me entiendes? Y yo me preguntaba: “¿Cómo se dan cuenta?”. Yo creo que ahora puedo distinguir casi todos, o más o menos. Pero creo que distinguir entre el uruguayo y el argentino todavía es difícil para mí.

O sea, ahora puedes distinguir los dejos de casi todas las ciudades principales de cada país latinoamericano.

Sí, creo que sí. Pero, me fascinan los acentos. Los argentinos de Córdoba tienen un acento que es muy musical, muy extraño. Los puertorriqueños también. Me gusta el chileno. Creo que ni siquiera a los chilenos les gusta, pero a mí me parece fascinante.

Sí, ellos tienden a odiar un poco su propio acento.

Sí, pero a mí me gusta. Hasta el “cachay”. El cambiar la v chica con la b grande. Supervien, dicen. “Este bino está supervien”. (Se ríe)

¿Te ha quedado alguna frase de las muchas que tenemos en Latinoamérica que ahora uses en la cotidianidad?

Hay varias lisuras colombianas que he incorporado a mi léxico, por mi esposa. No porque ella sea mal hablada, simplemente porque el idioma colombiano es muy fino en ese ámbito. Me encanta que la gente se pueda pelear usando el “usted”. Decirse las cosas más ofensivas con una elegancia…

Con mucho respeto.

Con mucho respeto, sí. Con mucho respeto.

¿Qué hiciste inmediatamente después de enterarte que habías ganado la beca MacArthur?

Llamé a mi esposa, llamé a Carolina, que ha sido no solo mi compañera de vida, sino de este proyecto, Radio Ambulante, por tantos años. Entonces… no sé si lloré o quise llorar de la emoción, pero me calmé un poco. Tenía un día de trabajo lleno, como siempre. También pedí unas zapatillas, solo por joda. Como si dijera: “Uy, soy rico, debo comprar unas zapatillas”. Y luego traté de olvidarme del asunto, porque era demasiado grande como para pasarte el día contemplándolo. Pero sí, después, y ayer, y el martes, he recibido tantos mensajes, tan bonitos. De colegas, de familia, de amigos a los que no había visto o hablado en años, de estudiantes, de profesores míos. Y ha sido realmente una sensación de cariño, que vale mucho más que el dinero. Esa sensación de que hay gente que te aprecia, que aprecia lo que has hecho y que todas esas cosas que tú pensabas que nadie se había dado cuenta, sí habían tenido efecto.

Si uno se pone a guglear los personajes que han recibido antes la beca, debe sentirse un poco abrumado, ¿no? Porque hay unos nombres muy fuertes, muy potentes. ¿Tú has hecho ese ejercicio de guglear y ver quiénes la han recibido antes?

Sí, pero no he tenido que guglearlo, porque…

La relación es pública.

Es pública, y, además, es gente que yo he leído, gente que yo he admirado, gente en mi campo y en otros campos. Yo casi siempre miro la lista, porque uno aprende de la cantidad de creatividad, de talento que hay allí. Uno se queda asombrado de lo que está haciendo la gente y de esos proyectos tan increíbles. Entonces, es algo que yo tenía muy presente; no porque pensaba que me podía caer a mí, simplemente porque es una celebración del talento, del trabajo. Hace unos días me escribió un email muy lindo, Jad Abumrad, que es un amigo mío, que también había recibido el premio. Y sí, como que es gente cuyo trabajo he admirado por mucho tiempo. Estar en esa compañía es lindo.

¿Es cierto que, en los momentos más duros de Radio Ambulante, cuando las cuentas por pagar se estaban acumulando, tú bromeabas con que algún día ibas a ganar la beca y te iba a dar para arreglar el carro y pagar las cuentas del colegio de los niños?

Totalmente. Era un chiste que hacíamos solo porque parecía algo tan imposible y para aliviar el momento. Sí hemos tenido momentos difíciles, momentos en que esperábamos que un dinero iba a llegar Radio Ambulante y no llegaba. Entonces, Carolina y yo no nos pagamos un mes para poder pagar al resto del equipo. Cosas así nos han pasado, no una vez. Yo por los primeros cuatro años o cinco años no recibí sueldo de Radio Ambulante, porque más bien le metía plata. Entonces, todo esto es una recompensa por eso. Pero, como te digo, es mucho más que eso. Es una sensación de que alguien ha decidido creer en mí y tengo esta validación y una gran oportunidad de tomarme un tiempo para pensar qué es lo que quiero hacer en mi próxima etapa.

Eliezer Budasoff, en El País, trataba de describir un poco la organización de la beca MacArthur y hablaba de un conjunto de benefactores anónimos que, de pronto, descubren un trabajo y lo que hacen al entregar esta beca, es decir: “sigue así. Hemos visto lo que haces y queremos que lo sigas haciendo”.

Sí, y eso es lo que me dijo un amigo que ha recibido este premio. Me dijo que, claro, esta es una inversión en ti, en tu creatividad. Tienes que tomarlo así. El uso de esta plata es para que tú puedas hacer algo increíble. Entonces, tienes que pensar bien qué quieres hacer. Realmente tengo que sentarme a pensar en diferentes proyectos que tengo y cómo aliviar mi horario un poco y mis responsabilidades, y pensar: “Pucha, tengo esta gran oportunidad. No quiero malgastarla”.

¿Todavía piensas comprarte a la U con el dinero de la beca?

(Se ríe) Mis primos son de la U, dije eso obviamente por fregarlos. No, no, pero quizás voy a reemplazar los chimpunes que tengo, que están un poco gastados.