Traiciones

Emulando a la ‘tradición’, ese género literario que inventó Ricardo Palma, acaba de aparecer el libro Traiciones Peruanas, 16 ilustres antihéroes de estampa nacional (Penguin Random House, 2021), de Alejandro Neyra. El escritor y exministro de Cultura reflexiona sobre la traición: a la patria, a las ideas, e incluso a una camiseta.

Alejandro Neyra recoge en su libro los claroscuros de 16 peruanos de varias épocas de nuestra historia. (Foto: Marco Cotrina)
Alejandro Neyra recoge en su libro los claroscuros de 16 peruanos de varias épocas de nuestra historia. (Foto: Marco Cotrina)
Raúl Mendoza

Cuentan los cronistas que en la plaza de Cajamarca, durante el encuentro de Atahualpa con Pizarro, el indio Felipillo tenía interés en la muerte del Inca porque estaba enamorado de una de las Coyas. Por su papel a favor de los españoles es considerado el primer traidor de ese encuentro de dos mundos que iba a cambiar la historia de nuestro territorio.

“Y, para abonar a su fama, una nueva traición de Felipillo: el indio traduce mal la defensa del Inca en el juicio sumario que se le realiza, con el objeto de apurar su sentencia de muerte y asegurarse así el amor de la princesa inca por la cual ha decidido dejar todo”, cuenta Alejandro Neyra en el libro Traiciones Peruanas, 16 ilustres antihéroes de estampa nacional.

El escritor y exministro de Cultura rescata el estilo de la tradición, ese género literario creado por don Ricardo Palma, -mezcla de historia, ficción y humor estilístico- para perfilar a 16 personajes, a quienes en ciertas circunstancias se les acusó de traidores o de traicionar banderas que alguna vez defendieron.

“Es más una historia sobre la traición. Y quería recuperar un género que, siendo peruano, curiosamente nunca fue desarrollado. La tradición recupera nuestra historia de manera satírica, con ironía”, dice Neyra sobre su último libro.

Una de las heridas más dolorosas de nuestra historia es la derrota sufrida por el Perú en la llamada Guerra del Pacífico contra Chile. Como consecuencia de ello perdimos Tarapacá y Arica. Tuvimos héroes pero también un gran antihéroe: Mariano Ignacio Prado, a la sazón Presidente del Perú.

Prado partió del Perú en diciembre de 1879, en plena guerra, cuando ya Miguel Grau y el Huáscar, nuestros últimos defensores en el mar, habían caído. En circunstancias que los chilenos preparaban la campaña sobre Lima, dejó el país para supuestamente negociar la compra de armas en Europa. Pero no volvió hasta 1887.

“Antes de partir, ha dejado firmado un decreto mediante el cual delega el poder en su vicepresidente el viejo general Luis La Puerta y una proclama [...] En aquel bando circular, explica brevemente que son “grandes intereses” los que exigen su partida y “muy grandes y muy poderosos motivos” los que lo inducen a esa decisión”, relata el autor sobre el personaje.

El libro cuenta una anécdota ocurrida ya a inicios del siglo XX. cuando gobernaba Manuel Prado Ugarteche, hijo de Mariano Ignacio. La actriz Teresita Arce, conocida por su personaje Purificación Chauca, hizo alusión a un jabón que se publicitaba por la radio y la broma se hizo muy conocida: “Jabón Prado, hace espuma pero no quita la mancha”. La censura cayó sobre ella.

Alejandro Neyra tenía interés en varios de los personajes que componen el libro porque ya los había investigado para libros previos. Gran parte de la escritura la hizo durante el 2019 y tuvo listo el libro a inicios de 2020, poco antes de la pandemia. Antes de la publicación, hizo una revisión final y actualizó el prólogo.

“Podríamos entender mejor al Perú si leyéramos las biografías de los traidores que hemos tenido -que son legión- y que explican, en buena medida, algunos momentos estelares de nuestra peruanidad”, dice el autor en esa introducción. “La traición es aquí una tradición”, remata con ironía.

Otros rostros

Eudocio Ravines, cajamarquino, fundador del Partido Comunista Peruano, terminó como un rabioso converso que escribía furibundo alegatos contra el comunismo y sus ideas. Era lo que en la época llamaban “un tronchista”, un peruanismo que significa a la letra: Político populachero opuesto a toda conciliación con los adversarios.

“Ravines es literalmente un personaje de novela. Ha estado en momentos claves, estelares de nuestra historia, desde los años 20, 30, hasta que muere. Y en todo momento es una personalidad polémica. Siendo de izquierda o de derecha. Lo conocía menos que a otros del libro, pero había escuchado mucho de él por mi padre y otras personas mayores”, comenta Neyra.

La biografía de Ravines dice que publicó un libro, La gran estafa, y que en algún momento la original versión en inglés, The Yenan Way, fue apoyada por la CIA. Entonces lo acusan de agente de la inteligencia gringa y ya no pudo sacarse esa lápida de encima: un traidor a sus principios primero y luego un espía a sueldo, según sus antiguos camaradas.

La traición de un gobernante como Augusto B. Leguía fue, además de un tratado con Colombia en donde cedimos Leticia, negociar el tratado de Lima con Chile por el que perdimos Arica. Y, claro, intentar quedarse en el poder todo lo que pudiera. Su sucesor, Luis M. Sánchez Cerro, que había sido uno de sus militares favoritos, lo traicionó, le dio un golpe de Estado y lo dejó morir en prisión.

El autor menciona dos personajes acusados de traición, pero con matices: José Bernardo de Tagle, Marqués de Torre Tagle; y el general Miguel Iglesias. “Son personas que tienen que tomar decisiones difíciles en momentos de guerra. Uno en la guerra de independencia y el otro en la guerra con Chile”, dice Neyra.

Tagle estuvo entre los primeros que apoyaron a San Martín a su llegada al Perú y fue presidente entre 1823-1824. A la llegada de Bolívar tuvo desencuentros con él y fue acusado de traición. El marqués se refugió en el Real Felipe, como muchos españoles, y murió allí acosado por el hambre y el escorbuto.

“Torre Tagle es fundamental en el inicio de la lucha por la independencia. Sin su Declaración de Trujillo las cosas no hubieran sido sencillas para San Martín. Termina muriendo en situación deplorable. Y a muchos, al revés, les pasó que primero escogieron el bando realista y luego se pasaron al bando patriota y les fue bien. Como se dice, pasaron piola”,

Por su parte Miguel Iglesias defendió Lima en enero de 1881, vio a su hijo morir en combate, fue prisionero, volvió al norte y resistió hasta el Manifiesto de Montán. Fue el presidente que negoció la paz con Chile a costa de una cesión territorial, según lo perfila Neyra en el libro.

“Iglesias sufrió el embate de personas que no entendían el momento difícil que vivíamos. Los presidentes y personas en cargos políticos deben tomar decisiones. Habría que revisar la historia para ver si algunos merecen los calificativos que les dan y que terminan siendo su epitafio”, reflexiona el autor.

Hay historias que pueden ser matizadas por el paso del tiempo, pero el gran traidor del siglo XX en el Perú sin duda es Abimael Guzmán, cabecilla de Sendero Luminoso, que quiso destruir el país a bombazos. Hasta hace poco su vecino de celda era Vladimiro Montesinos, traidor a la patria en el Ejército y el mayor corruptor en el poder después. Ambos están en el libro.

Son 16 historias: Felipillo, Eudocio Ravines, José Bernardo de Tagle, Augusto B. Leguía y Luis M. Sánchez Cerro, Vladimiro Montesinos, Miguel Iglesias, el espía Victor Ariza , el fascista Luis Alberto Flores, Bernardo de Monteagudo, Julio Vargas Garayar -otro espía-, Lope de Aguirre, Alejandro Esparza Zañartu, Mariano Ignacio Prado, Abimael Guzmán, y los jugadores Juan Reynoso y Eusebio Acasuzo.

De estos dos últimos, al primero lo acusaron de traición por pasarse del Alianza a la U, pecado mortal en ciertos círculos; y al segundo lo crucificaron por los tres goles que nos hizo Chile en quince minutos una tarde de 1985. Merecen redención. “Acasuzo fue una víctima de las circunstancias. Tuvo una mala tarde”, explica Neyra. Nuestra historia es vasta: hay personajes para un segundo libro.