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El cometa de Atawallpa

Uno de los momentos más enigmáticos de la captura de Atawallpa, en Cajamarca, es la noche en la que el inka contempló, como en un mal presagio, el paso de un cometa. Erwin Salazar, autor del libro Astronomía inka, asegura que ese hecho es real y presenta pruebas.

El cometa se llama ahora C/1533 M1, fue descubierto el 26 de junio de aquel año y fue visto en el mes de julio”. Ilustración: Alejandro Alemán
El cometa se llama ahora C/1533 M1, fue descubierto el 26 de junio de aquel año y fue visto en el mes de julio”. Ilustración: Alejandro Alemán
Domingo LR

Escribe: Erwin Salazar (*)

La aparición de cometas en el cielo fue una señal que presagiaba terribles augurios. El imperio incaico no fue ajeno a esta superstición y como prueba tenemos las crónicas que registraron historias que hasta ahora intrigan a investigadores y curiosos. Tal vez el relato más conocido sea lo acontecido durante el confinamiento del inka Atawallpa en Cajamarca, en noviembre de 1532.

Erwin Salazar, autor del libro Astronomía inka.

Los cronistas Francisco de Jerez y Pedro Cieza de León dieron cuenta del enigmático suceso. Cieza escribió en La Crónica del Perú (Cap. LXV Pag.168): “Cuando se prendió Atabaliba hay vivos algunos cristianos que se hallaron con el marqués don Francisco Pizarro, que lo prendió, que vieron en el cielo de media noche abajo una señal verde, tan gruesa como un brazo y tan larga como una lanza jineta; y como los españoles anduviesen mirando en ello, y Atabaliba lo entendiese, dicen que les pidió que lo sacasen para verla, y como lo vio, se paró triste, y lo estuvo el día siguiente; y el gobernador don Francisco Pizarro le preguntó por qué se había parado tan triste. Respondió él: ‘He mirado la señal del cielo, y dígote que cuando mi padre, Guaynacapa, murió, se vio otra señal semejante’. Y dentro de quince días murió Atabaliba”.

¿Habría sido un cometa? Varios historiadores intentaron explicar lo ocurrido en Cajamarca. Hubo aproximaciones interesantes, como el trabajo de los investigadores polacos M. Ziólkowski y R. Sadowski: Hanan Pachap Unanchan, las señales del cielo (documento en pdf), aunque sin las precisiones esperadas.

Pero ahora tenemos la respuesta definitiva y llega por la ruta brasileña: el renombrado observador de cometas, José Guilherme Aguiar, de Campinas (Sao Paulo), miembro destacado de la Liga Iberoamericana de Astronomía, luego de leer mi libro, Astronomía Inka, me hizo llegar la información que resuelve el misterio. Los dos libros que compendian la relación de cometas observados en la antigüedad y que contienen lo que buscábamos son Cometography: A Catalog of Comets de Gary W. Kronk, y Comets: A Chronological History of Observation, Science, Mith, and Folklore, de Donald K. Yeomans.

Gracias a la observación y estudio de las órbitas de los cometas se llegó a establecer que estos objetos celestes retornan periódicamente y, consecuentemente, se puede saber cuándo pasaron antes y cuándo serán vistos nuevamente. Ahora sabemos que en julio del año 1533 un cometa fue visto desde el hemisferio norte y parte del hemisferio sur. Cajamarca estaba dentro del área de observación.

El cometa se llama ahora C/1533 M1, fue descubierto el 26 de junio de aquel año y fue visto en el mes de julio, justamente unos 15 o 20 días antes de la ejecución de Atawallpa. Fue registrado por astrónomos de Corea, Japón, China y de varios países de Europa, alcanzó su máximo brillo en julio y según registros del profesor italiano Girolamo Fracastoro brillaba un poco más que Júpiter, su cola se calculó en más de 7 grados de longitud (como la Cruz del Sur).

Desde Cajamarca, que queda cerca del Ecuador terrestre, se vio, entre los días 5 al 10 de julio. El cometa apareció entre las 2 y 3 de la madrugada, hacia el noreste, a una altitud de unos 15 a 20 grados sobre el horizonte, parecía una “estrella barrida” según los observadores orientales y europeos, y su forma fue comparada por los invasores hispanos con una “lanza jineta”, una lanza de mediano tamaño muy usada por ellos. Se desplazó entre las constelaciones de Auriga (Cochero) y Perseo, en el cielo del norte. De este modo, queda resuelto otro enigma de nuestra historia.

(*) Director científico de Planetarium Cusco