Nuevo rostro para Machu Picchu

El destino turístico que años atrás lidió con un grave problema de contaminación acaba de convertirse en la primera maravilla carbono neutral del mundo, un reconocimiento a la mitigación de su huella en el medioambiente y a un modelo que, desde 2016, involucra a la comunidad, gobierno local y sector privado.

La Republica
El sacerdote inca César Salazar Chávez sostiene el certificado de carbono neutro. Fotografía: Jhan Suclupe
Luis  Paucar

María Moreno, la mujer que emprendió el rescate de Machu Picchu, todavía guarda esas fotos. Las tomó cinco años atrás, cuando la basura inundaba la ciudadela histórica y la Unesco evaluaba declararla como patrimonio en riesgo. Cada día, se acumulaban 14 toneladas provenientes, en gran parte, de la actividad turística, que atraía a unos 3.300 visitantes peruanos y extranjeros. El Puente Ruinas, adonde iban a parar los residuos, para su posterior traslado al relleno sanitario, estaba sumido en una fetidez que lo había vuelto casi intransitable. “Era un panorama terrible —dice la exsubgerenta de gestión ambiental de la municipalidad local—, pero a nadie parecía importarle mucho”.

En 2016, junto a 60 trabajadores municipales, empezó a recorrer cada casa de sus 5 mil vecinos. Les explicaba el peligro que implicaba convivir en un ambiente viciado y por qué debían segregar los residuos. Los esperaba en la puerta hasta que realizaran el proceso. Si veía a un turista lanzando una botella al río, lo acompañaba a recogerla para depositarla en uno de los 50 recolectores que instaló en puntos estratégicos. Gestionó con Perú Rail, el operador de trenes turísticos, el traslado de residuos dos veces por semana al punto de transferencia más cercano (en la localidad de Pachar, desde donde parte al relleno sanitario de Urubamba). Por estas acciones, en el pueblo donde nació la recuerdan como la exfuncionaria que cambió el rostro de este icónico destino y sentó el camino para que esta semana, luego de cinco años, sea reconocido como la primera maravilla carbono neutral del planeta.

Ha sido un proceso arduo que articuló a la misma comunidad, al gobierno local y al sector privado, a través del Grupo Aje e Inkaterra. El santuario que años atrás se ahogaba en la inmundicia es ahora el primero de América Latina en alcanzar una economía circular a través de cuatro estrategias para manejar aquello que aparentemente ya no tiene vida útil.

Desde hace dos meses, Machu Picchu empezó a reactivar el rubro turístico.

Son experiencias innovadoras que han mejorado desde que la Unesco lanzó su advertencia. Dos compactadoras de plástico, dispuestas por la multinacional peruana dedicada a las bebidas y la cadena hotelera, procesan siete toneladas diarias de desechos PET en Machu Picchu Pueblo y el Camino Inca, donde antes solo existía una sola herramienta que picaba botellas y que procesaba poco más de 1.700 kilos de estas al mes. Ahora se mantienen reservadas en una planta específica y posteriormente pueden ser vendidas. Lo mismo ocurre con otra máquina que transforma en biodiesel y glicerina el aceite que se desecha de los 200 restaurantes y 160 hoteles de la zona; de esa manera, evita que acabe regado en las aguas del río Vilcanota. El biodiesel contamina menos y la glicerina puede ser usada como material de limpieza orgánico para barrer las calles de piedra o los muros, en reemplazo del jabón químico.

Las compañías aliadas también implementaron una planta pirolizadora que reúne los residuos orgánicos recaudados por 77 trabajadores municipales que, tras ser expuestos a altas temperaturas, devienen en biocarbón, un fertilizante natural empleado en parques y jardines que también se distribuye a las comunidades y contribuye a la restauración de la biodiversidad en el bosque de nubes andino. Estas iniciativas forman parte de un modelo que puede replicarse en otras ciudades del país u otras naciones de la región en medio del acuciante cambio climático.

Gracias a ellas, en octubre de 2020, Machu Picchu inició el ciclo para obtener el certificado carbono neutral de la mano de Green Initiative y la Organización Mundial del Turismo, vinculada a Naciones Unidas. En 2019, cuando se realizó la primera medición, el distrito había emitido 860 toneladas de CO2. Para 2020 disminuyó a 360 toneladas. La apuesta ahora es reducir esas emisiones en un 45% al 2030 y llegar a cero en 2050, según los objetivos de sostenibilidad trazados por Naciones Unidas en el Acuerdo de París.

Miguel Atausupa, trabajador municipal encargado de la valorización de residuos sólidos orgánicos.

Futuro verde

Obtener el certificado de carbono neutral, renovable cada año, implica una gestión ardua. Ahora el desafío es darle continuidad, sobre todo cuando la industria turística se está reactivando y su impacto a futuro puede hacer que tambalee lo alcanzado. “Lo que ha sucedido en Machu Picchu evidencia que el turismo no necesariamente es una industria blanca, de modo que, como todas, está obligada a encausarse en la protección medioambiental —apunta Luciana Visnevski, representante de la certificadora Green Initiative en Perú—. El reto es mantener estas estrategias aun cuando la cantidad de turistas vuelva a ser como la de antes, pues a mayor crecimiento más contaminación. Una ciudad sostenible no es una utopía si hay articulación adecuada”.

Jorge López-Dóriga, de AJE, ha resaltado el impacto de las nuevas tecnologías en la circularidad de la economía, una “revolución natural” que ha llegado para quedarse. “La alianza comprometida por el futuro libre de carbono de Machu Picchu es un ejemplo de innovación, un ícono muy poderoso contra el calentamiento global y un modelo para promover la sostenibilidad”, dice, por su parte, José Koechlin, fundador de Inkaterra.

Es jueves y Machu Picchu es una fiesta. En unas horas, el sacerdote inca César Salazar Chávez realizará una ofrenda a la tierra por la entrega del reconocimiento. En la feria se exponen sorbetes comestibles a base de fécula de maíz y productos biodegradables —vasos, platos, cucharas— hechos con residuos de caña de azúcar, que pueden ser adquiridos por los visitantes en la ahora ciudad más limpia del país. Bajo un monumento de Manco Cápac, el maestro inca dice: “Runa sumac sonco”. Así deberíamos ser con la madre tierra, recalca, el sol dorándole el rostro: “Runa sumac sonco”. Gente de buen corazón.