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Terremoto, peligro inminente

Dos temblores esta semana nos han vuelto a recordar que Lima podría sufrir en cualquier momento un terremoto de magnitud 8.0 o más. Un silencio sísmico de 275 años frente a nuestras costas hace inminente, dicen los expertos, ese gran sismo. Miles morirían y las perdidas serían millonarias. Lo preocupante es que no estamos preparados para un desastre de esa magnitud.

En un sismo de magnitud 8.0 o más los edificios construidos en terrenos inestables se vendrían abajo. En la imagen, terremoto de Pisco.
En un sismo de magnitud 8.0 o más los edificios construidos en terrenos inestables se vendrían abajo. En la imagen, terremoto de Pisco.
Raúl Mendoza

El miércoles 25 de agosto, poco después del temblor registrado a las 2.15 de la madrugada en Lima, un muro de concreto de diez metros de largo y tres de alto se derrumbó en una ladera de Puente Piedra y aplastó dos casas de madera. Por suerte sus ocupantes salieron a tiempo y no hubo víctimas, pero prácticamente lo perdieron todo.

Ese derrumbe, ocurrido después de un sismo de magnitud 5.1 con epicentro en el Callao, da cuenta de que hace falta apenas un breve movimiento en algunas zonas de Lima para que la tragedia empiece a rondar. ¿Qué pasaría si, como alerta el Instituto Geofísico del Perú (IGP), ocurriera un terremoto de magnitud 8.0 o más en la capital? Pues viviríamos una situación de desastre.

El director de Preparación del Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), Miguel Yamasaki, señala que la zona de mayor acoplamiento sísmico está frente a las costas de Lima, que es la ciudad más densamente poblada del país -cerca de10 millones de habitantes- y la mayoría de esa población vive en terrenos no aptos para la construcción: en edificaciones precarias o autoconstruidas, en laderas de cerros o zonas de arenal. “Son condiciones no deseadas para enfrentar un terremoto”, dice.

Sismo futuro

Si ocurriera ese anunciado sismo de magnitud 8.0 o más, la mayoría de las casas ubicadas en las laderas de los cerros que rodean Lima se caerían. Distritos con terrenos arenosos como Villa el Salvador, San Juan de Miraflores, Villa María del Triunfo, La Molina, Ventanilla, serían los más afectados. En el distrito de Chorrillos, en las urbanizaciones cercanas a los Pantanos de Villa, podría darse el fenómeno de licuación del suelo por la presencia de agua subterránea. Las casas podrían hundirse. Dependiendo del terreno, hay zonas más o menos inseguras en la capital.

Datos recogidos en el “Plan de contingencia nacional antisismos de gran magnitud seguido de tsunami frente a las costas centrales del Perú”, formulado por el INDECI, señalan que la onda destructiva de un terremoto de magnitud 8.8 afectaría al Callao, Lima, Ancash e Ica. La cifra de víctimas mortales podría llegar a las 130 mil y los heridos a los 2 millones 300 mil.

“Hablamos de 6 millones 135 mil personas en alto riesgo, y 1 millón 478 mil en condición de muy alto riesgo. Si sumamos, tenemos 7 millones 614 mil personas en peligro”, explica Miguel Yamasaki. Unas 350 mil viviendas también quedarían destruidas. Quince o veinte minutos después del sismo, un tsunami llegaría a las costas de las regiones citadas con olas de hasta 8 metros. El Callao y los distritos costeros sufrirían toda la furia de ese fenómeno.

Además de las zonas periféricas, en Lima serían muy afectados los distritos del Rímac y el Cercado, y la zona de Barrios Altos, por la antigüedad de muchas de sus edificaciones. En junio pasado, cuando ocurrió un sismo de 6 grados con epicentro en Mala, varios solares antiguos sufrieron daños. Gran parte del Centro Histórico de Lima, patrimonio Cultural de la Humanidad por sus hermosas casonas, estaría en peligro.

¿Qué pasará en los momentos posteriores al terremoto?

“Hay hospitales antiguos, como el Dos de Mayo o el Loayza, que podrían colapsar por el sismo. Con la pandemia sabemos que tenemos unas 15 mil camas a nivel nacional. ¿Cómo atendemos a los miles o millones de heridos? También es una preocupación donde se enterraría a los fallecidos. El plan se hace para que todos los sectores hagan lo que tengan que hacer en previsión de lo que pueda ocurrir”, comenta Yamasaki.

Al día siguiente

Una vez producido el terremoto varios servicios vitales también colapsarían. El Plan de contingencia ante un sismo de gran magnitud seguido de tsunami, de la Municipalidad de Lima, señala que se afectaría el sistema de agua potable y alcantarillado que tiene redes antiguas, igual que el sistema de energía eléctrica por la gran cantidad de cables enmarañados y ante la caída de edificaciones que arrastrarían los cables a tierra.

El sistema de transporte, se afectaría por la obstrucción de pistas, o por el colapso de puentes. La Panamericana Sur y la Norte serían afectadas por el sismo y el posterior tsunami. Las comunicaciones por teléfono se pueden interrumpir como ya ocurre ahora cada vez que hay un sismo fuerte. Al respecto, en una emergencia existe la opción de llamar al 119, marcar la opción 1, luego un número y dejar un mensaje. Quien quiera escucharlo debe marcar el 119, la opción 2, luego el número y oír el mensaje.

El agua y la comida serán claves para atender a la población. En el terremoto de Pisco hubo problemas en el suministro y muchos salían a la carretera a pedir ayuda a los pasajeros de los buses. La logística del INDECI contempla esta necesidad. “Tenemos 19 almacenes en todo el país con alimentos y ayuda humanitaria, pero podría no ser suficiente. Estamos trabajando en lograr una mejor preparación”, dice Yamasaki.

Gestión del desastre

En previsión de ese hipótetico terremoto seguido de tsunami, INDECI coordina con todas las autoridades e instancias (ministerios, gobiernos regionales, alcaldes, empresa privada) y ya tiene mapeados los lugares donde podrían instalar los refugios para alojar a los damnificados.

“Tenemos una aplicación: el ‘Sistema de información para asistencia en caso de desastres’. El acceso es para autoridades. Ahí, a través de capas de información, cargamos sobre el mapa de Lima dónde hay puntos de agua. Sedapal nos ha brindado todos los lugares. Otro es almacenes de comida. También hay escombreras, o dónde vamos a llevar los escombros de las casas. Y también lo que llamamos ‘puntos negros’, que estamos trabajando con la Fiscalía, para saber dónde llevar los fallecidos, porque no será posible llevarlos a la morgue”, precisa Yamasaki.

Hoy el Instituto Geofísico del Perú (IGP), encargado de monitorear los sismos en el país, trabaja con el INDECI en el Sistema de Alerta Sísmica Peruano (SASPe) apara advertir a la población de la ocurrencia de un sismo con segundos de anticipación. El proyecto contempla poner 103 acelerómetros en la costa peruana, de Tumbes a Tacna, cada 30 kilómetros. Esos equipos detectan la onda primaria de un sismo y la trasladan a un centro de control que deberá estar conectado a las sirenas que alertarán del fenómeno.

INDECI debe instalar 114 sirenas en 114 distritos costeros. En Lima, la primera sirena estará en la plaza de Armas de Lince y sonará el próximo 13 de octubre, día del segundo simulacro del año. El sistema ya estará funcionando en el primer trimestre de 2022. En el Perú, las placas Continental y de Nasca están a unos 60 kilómetros de la costa, por lo que las alarmas sonaran apenas segundos antes, a diferencia de México en que las placas están a 400 kilómetros de la costa, lo que les da unos 30 segundos para evacuar. El tiempo de alerta está en función del lugar del epicentro.

En la prevención de un desastre de esta magnitud es importante la participación de todos los ciudadanos en los simulacros, identificar lugares seguros dentro y fuera de sus casas y contar con la mochila de emergencia. “Las autoridades también deben identificar lugares seguros en sus distritos, unirse al sistema de alerta temprana, y trabajar con su población”, dice Yamasaki. Debemos estar preparados.