Cristhian Esquivel, el rebelde

Renunció a su familia, a su ciudad natal y a un trabajo de oficina para dedicarse de lleno a la actuación. Su primera película lo llevó a España a inicios del 2000 y acabó viviendo allí durante 18 años. Ahora regresa a la TV peruana en la piel de Túpac Amaru.

La Republica
Antes de Túpac Amaru interpretó al emperador azteca Moctezuma, al verdugo del Che Guevara y a un miembro de la Mara Salvatrucha. Foto: difusión
Luis  Paucar

Cristhian Esquivel, el actor que interpreta a Túpac Amaru II en la serie que Latina está a punto de estrenar, se ha rapado. Hace días inició un procedimiento de trasplante de cabello para tratar la alopecia que lo aqueja a sus 43 años. Lo ha contado en Instagram para visibilizar una condición que repercute en el estado emocional de quienes la padecen. Durante la grabación de ‘Los otros libertadores’ llevó una peluca casi de manera permanente, pero ahora luce su calvicie mientras el fotógrafo lo retrata. Es la tarde del jueves. Por estos días, junto al elenco, aguarda el lanzamiento de esta producción sobre el proceso de la independencia. En ella encarna a José Gabriel Condorcanqui, el caudillo indígena y líder de la gran rebelión contra la colonia española. Metódico por vocación, Esquivel pasó días leyendo su biografía y revisó archivos de historiadores.

“No quería lograr un personaje plano que reflejara lo que ya nos han enseñado en el colegio –dice–, sino humanizarlo, contar el pulso que lo movió a hacer lo que hizo y también lo que, de pronto, lo tumbaba”. Es la octava producción de TV en la que participa. En la última que realizó, hace seis años, dio vida al emperador azteca Moctezuma. La rodó en España, el país adonde viajó por una semana y se terminó quedando 18 años, tocando puertas y abriéndose paso en una industria que a veces deja de lado a migrantes como él. “La actuación me ha fascinado desde pequeño, por eso renuncié a mis padres y a mi tierra natal. Uno siempre persigue lo que ama, así duela”.

Cristhian Esquivel era el niño infaltable en las actuaciones del jardín y el colegio, el que declamaba poemas en el Día de la Madre, el pupilo de un profesor que montaba pequeñas obras de teatro. El latido artístico lo había tocado en una edad en que sus amigos se ruborizaban con la idea de pararse frente a un auditorio. Sin embargo, al concluir la secundaria optó por estudiar ingeniería de sistemas a pedido de su padre. Entonces, dejó Casa Grande –una exhacienda azucarera del Valle de Chicama– para mudarse a Trujillo, donde quedaba la universidad a la que ingresó.

Ya la había terminado cuando, a los 23, viajó a Lima a un evento social en el que, además de diversión, encontró un trabajo como ejecutivo de ventas. “Mi tarea era endeudar a la gente con el banco –ríe cuando lo recuerda–. Por supuesto, no era feliz”. Duró unos meses. Renunció y empezó a asistir, en secreto, al Club de Teatro de Lima, luego al taller de Roberto Ángeles y finalmente a un programa de talentos impulsado por Latina, donde impartían clases maestros como Alberto Ísola, Mirella Carbone y Teresa Ralli. Había visto la convocatoria por televisión. Fue un programa que duró dos años y abrazó a 17 participantes. “Firmamos contrato de exclusividad, incluso. La idea era grabar producciones para el canal –sigue Christian–, pero ocurrió el ya conocido conflicto de los socios y se canceló todo. Se acabó y nos quedó todo lo demás”. Continuó en clases de danza contemporánea y realizó obras de teatro. Eran papeles mínimos.

El mercado español

Su primer trabajo audiovisual lo realizó junto a la BBC: lo llevaron al Manu para reconstruir el ataque de una anaconda a dos nativos. Ese papel abrió el telón de su carrera. Después logró un protagónico en El Forastero, su primera película, por la que, a inicios del segundo milenio, conoció España. “Ni bien pisé la Gran Vía me dije: de aquí no me voy más –apunta Christian–, debíamos presentar el film a lo largo de una semana, pero me quedé 18 años”. Entonces, empezó a tocar puertas y presentarse a castings. En España realizó gran parte de su trayectoria: ha participado en una serie producida por Pedro Almodóvar y en otra donde interpretó a un integrante de la Mara Salvatrucha; ha hecho películas donde encarna, por ejemplo, al suboficial que ejecutó al Che o a un migrante peruano que se enamora de un campesino vasco, un film reconocido en la Berlinale y grabado íntegramente en idioma euskera. La serie donde da vida a Túpac Amaru II lo ha devuelto a la pantalla chica peruana y lo rescató en una industria que estuvo paralizada por el virus. El chico que renunció a todo está posando para la cámara esta tarde limeña. El frío no lo trastoca. Mira fijo y siente