Vigencia de la crónica

Historias, la médula de la crónica periodística. Con información, una voz personal y una prosa sencilla que llegue con la suavidad de un guante de box. Este género sigue vigente. Dos libros recientes, Generación B. Jóvenes de la esperanza y Gauguin en la avenida Emancipación, así lo demuestran.

Helio Ramos y la portada de su libro, que junta personajes inolvidables. Fotografía: Antonio Melgarejo
Helio Ramos y la portada de su libro, que junta personajes inolvidables. Fotografía: Antonio Melgarejo
Carlos Páucar

El “Doctor Tilde” ha decidido rescatar a periodistas perdidos en otras tareas, alejados de la crónica y el reportaje. Jesús Raymundo, como se llama el hombre del acento y el estilo, es el editor del reciente libro Generación B. Jóvenes de la esperanza. Allí ha reunido a periodistas dispersos en las tareas de edición o la organización de equipos, en la tarea de redactar columnas o grabar comentarios para portales web o redes sociales.

Jesús Raymundo ha reunido cronistas de varias épocas en el libro Generación B.

Es un grupo de cronistas que no se deja ver desde hace mucho tiempo en este género periodístico, pero que le dan a sus escritos un tono diferente y sobre todo tienen esa mirada especial para personajes y situaciones, que es lo que le da vida a la crónica. Entre ellos están Esther Vargas, Maritza Espinoza, César Chamán, Emma Cadenas, Renzo Gómez, Hugo Grández, César Clavijo.

El “Doctor Tilde” los ha juntado con jóvenes cronistas que, en realidad, son ya eximios contadores de historias como Milagros Berríos, Carlos Contreras, Sonia Obregón, María Fernández Arribasplata, Yoselin Alfaro (Huancayo), Zenaida Condori (Arequipa), Claudia Pisfil (Chimbote).

Y sumado a todos ellos ha convocado también para el libro a los ya reconocidos José Vadillo, Eloy Jáuregui, Paco Moreno, Rolly Valdivia, Teresina Muñoz-Najar, Sonaly Tuesta. Todos ellos en esta ocasión han retratado en prosa a jóvenes personajes menores de 25 años, miembros de los que se dio en llamar “Generación del Bicentenario” y que están dejando su marca indeleble en este tiempo que nos toca vivir, con sus distintos protagonismos.

El resultado de esta cita es el libro de la editorial Artífice Comunicaciones, un manojo de textos y de personajes que no pueden pasar desapercibidos, que motivan, que llevan a la reflexión pues reflejan al país que nos habita y que habitamos.

Un joven científico que no duerme, un profesor shipibokonibo que reivindica el juego, un ángel solidario en El Paraíso, el creador de un banco para niños, un tiktoker que movió las masas contra un golpe de Estado, un chimbotano que voló hasta la ONU, una gimnasta que se enorgullece de sus callos, una chica a la que una taza de café le cambió la vida…

Y más… En suma, un libro que revela la vigencia de la crónica periodística en nuestras fronteras.

El paseo de Gauguin

Es más que recomendable este conjunto de crónicas que Helio Ramos Peltroche reúne para el respetable.

Con rigurosidad y una narrativa que te seduce de principio a fin, en cada escrito vamos de la mano con Helio por el rincón que alojó al mismo Gauguin (si hasta parecemos recorrer la casona de Emancipación y los alrededores), descubrimos al personaje que sirvió de sparring ocasional al negro grande Muhammad Alí, nos acercamos al encuentro de Gabo García Márquez y Mario Vargas Llosa.

También nos habla de Chinchero y la película The Last Movie y, gracias a su narrativa, nos vamos, pasando un brazo por el hombro de Faulkner, directo por un pisco sour al hotel Bolívar.

Y todo con una meticulosidad y una labor de alfarero en cada crónica. Con profusión de personajes y situaciones, con historias bien hilvanadas, como hacían nuestras abuelitas en cada parche, en cada retazo de tela unido a las ropas.

Historias muy bien contadas, con mucho reporteo de por medio, con testimonios, miradas compartidas, todos elementos que Helio hilvana con meticulosidad, con brillo, interviniendo con retazos de nostalgia, alusiones a películas, a personajes, a música, a calle. Y es que eso caracteriza a cada una de sus crónicas: mucha intensidad.

Al final de cada historia, uno se queda corto, con ganas de saber más, de leer más, de perderse en esas líneas y en estos retazos de no ficción. Es, creo, el mejor reconocimiento que se le puede dar a un cronista, que el lector desee continuar en tus páginas.

Una grata sorpresa esta entrega de Helio Ramos, sanmarquino, docente universitario y colaborador de suplementos de varios diarios locales peruanos. Su libro para la editorial Colmillo Blanco es, de veras, de colección.