Fraile, coronel y montonero

El sacerdote Bruno Terreros, cura de Chupaca, se convirtió en montonero debido a los abusos del ejército español. Fue uno de los más audaces combatientes contra los realistas en la Sierra Central.

Bruno Terreros en dibujo que aparece en la monografía "Bruno Terreros Baldeón, fraile y coronel en la emancipación peruana".
Bruno Terreros en dibujo que aparece en la monografía "Bruno Terreros Baldeón, fraile y coronel en la emancipación peruana".
Raúl Mendoza

Cuenta Ricardo Palma en una de sus tradiciones: El coronel Fray Bruno, que el sacerdote Bruno Terreros se convirtió en guerrillero contra el Ejército español un día de 1822 en que un grupo de sesenta soldados realistas llegó hasta su Iglesia, en Chupaca, Junín, y lo obligó a entregar el caliz de oro y otros objetos sagrados. El cura, indignado, levantó a la población y persiguió a los invasores.

Hay otras versiones que señalan que los españoles no solo saquearon la Iglesia sino que llegaron haciéndose pasar como patriotas y cuando la población salió a saludarlos, capturaron a seguidores importantes de la causa patriótica y los colgaron en las torres de la Iglesia. Las órdenes las habría dado el coronel español José Carratalá, que operaba en la zona.

En la Revista del Instituto Sanmartiniano del Perú N° 7, de agosto de 1944, se reseña: “Fue entonces que Terreros sintió el llamado del bien y del deber [...] y viósele subir al púlpito a proclamar la guerra santa y como pastor acostumbrado a conducir a su grey, dejó los sagrados hábitos y ciñó la espada del guerrillero, para combatir sin piedad ni tregua a los enemigos de Dios y de la Patria”.

El fragmento es parte de un discurso que pronunció el Presidente del Instituto Sanmartiniano en 1944, en Muquiyauyo, Junín, el pueblo donde nació Terreros, con ocasión de poner una placa de bronce en la casa donde vivió. El hecho contó con la asistencia del Presidente de la República, Manuel Prado. Tal ha sido su importancia.

Como montonero, Terreros se puso al frente de un grupo de hombres que podía alcanzar los 200. Desde 1822 operó en todo el Valle del Mantaro y se plegó al ejército libertador cuando el general patriota Álvarez de Arenales realizó las campañas a la sierra para controlar ese territorio y desalojar a los realistas.

A pesar de no ser militar, el general Agustín Gamarra lo reconoció como comandante general de la División de Sierras, o de Las Partidas Volantes. Después se le confió encabezar las guerrillas de Chacapalpa. Un documento oficial, fechado el 22 de marzo de 1822, dice de él: “Su patriotismo y adhesión a la causa de la independencia ha sido notorio, y ha contribuido de modo activo a favor de ella”.

Como luchador por la patria, hostigaba a las fuerzas realistas, demoraba sus marchas, los privaba de recursos y los enfrentaba sorpresivamente. En la monografía El papel del Clero del Valle del Mantaro en la lucha por la emancipación del Perú, de César Aranda Rivera, se dice que Terreros fue uno de los montoneros más audaces y brillantes que actuaron en la Sierra Central hasta 1824.

Ricardo Palma afirma que “los hombres que le seguían asistían a la misa que su caudillo celebraba, en los días de precepto, y algunos se hacían administrar por él el sacramento de la Eucaristía. Aquellos guerrilleros, más que por su patria, se batían por su Dios. Morir en el combate, era para ellos conquistarse la salvación eterna”.

Cuando en 1824, Bolívar avanzó sobre Ayacucho para la batalla final, una de las acciones de Terreros fue tomar Yauli para asegurar el paso de las huestes libertadoras. Un año después, con la independencia asegurada, pidió volver a su antigua condición de sacerdote. El propio Bolívar intercedió ante la Iglesia para que esto ocurriera.

En 1825 fue nombrado cura de Mito, contiguo a su pueblo. Según la tradición de Palma, en 1827, al atravesar un río para ir a confesar a un moribundo, desoyendo el ruego de personas que le pedían no se aventurase por estar el río muy crecido, fue arrastrado por la corriente y pereció ahogado.

La participación de un sacerdote en las luchas independentistas no es extraña. Fueron muchos los que desde el púlpito o con las armas adhirieron a la causa patriota. Junto a Terreros combatió el presbítero Pedro José Bernuy, cirujano de las guerrillas de Jauja. También destacan Gabino Uribe, cura y jefe de las guerrillas de Huarmey; Estanislao Marquez, párroco de Huancayo; Fray Félix Aldao, que vino desde Argentina con el ejercito libertador. Y más.

En la historia poco conocida de los hombres que forjaron la Independencia, también están esos soldados de sotana -muchos de ellos casi anónimos- que pelearon por Dios y por la Patria.