Juan Luis Orrego: “La historia nacional silencia a la muchedumbre, al pueblo”

El historiador dice que la guerra de independencia dejó unos 20 mil muertos y provocó una “sangría” económica.

Guerra. El historiador dice que la guerra de independencia dejó unos 20 mil muertos y provocó una "sangría" económica.
Guerra. El historiador dice que la guerra de independencia dejó unos 20 mil muertos y provocó una "sangría" económica.
Emilio Camacho

Juan Luis Orrego es un hombre de la academia, un historiador, asediado por la televisión. En 2012 condujo un programa en TV Perú que se llamó Tiempo Después, en el que trataba de explicar diferentes fenómenos sociales, bajo el prisma de la historia, y con el formato de la conversación. En 2018 fue convocado por la producción de la serie El Último Bastión, para que los asesorara en la construcción de su guion. A escasos días del Bicentenario, conversamos con él para que nos ayude a entender la participación de los habitantes del Virreinato del Perú en la gesta de la independencia.

Asociamos la independencia del Perú a dos figuras de fuera: José de San Martín y Simón Bolívar, ¿hubieran tenido éxito sin la colaboración de figuras nacionales?

La figura de personajes como San Martín, Bolívar o Sucre está asociada al relato de la historia nacional. Y las historias nacionales se gestaron en América Latina en el siglo XIX, años después de la independencia, a partir de 1850, aproximadamente. Y el relato de estas historias es positivista y romántico. Positivista por los datos, por los hechos, y romántico por resaltar personajes y gestas. El héroe es fundamental en esta narrativa, en esta historia, que tiene una connotación política, porque es lo que se va a contar en los colegios. Y es el relato que va a estar en el espacio público, en las calles, en las plazas. Las ciudades de América Latina son como una clase de historia, donde la figura del héroe tiene una connotación preponderante. Entonces, los héroes son los personajes de los que tenemos mayor información. La historia nacional, desde ese punto de vista, tiene una intencionalidad y por lo tanto silencia a la muchedumbre, al pueblo, a los grupos subalternos, como si la gesta hubiera sido...

¿Individual?

Más que eso. Casi divina, como si el héroe moviera las voluntades. Pero por supuesto estamos en una época post historia nacional, a nivel académico. Pero a nivel del imaginario colectivo todavía persiste ese relato del héroe. Ahora, esta introducción es importante...

Ayuda mucho, sin duda.

Pero ahora vamos a plantear una interrogante, ¿el pueblo luchó por la independencia? Sí y no. Los sectores populares lucharon, pero en ambos bandos. Eso lo debe entender la gente. La guerra de independencia fue una guerra civil, no fue una guerra de americanos contra españoles, esa es otra distorsión de la historia nacional. Se habla de realistas y patriotas, y la gente asume que los patriotas eran los americanos y los realistas los españoles, y no es así. Ambos bandos están conformados por americanos. Entonces, allí viene la gran pregunta. En ambos lados había indios, negros, mulatos, mestizos, criollos, incluso peninsulares.

¿Hay gente nacida en España que colabora con San Martín?

Que colabora con el bando patriota, sí, fuera la coyuntura que fuera, porque la guerra de independencia en América Latina tiene muchas coyunturas. Comienza en 1810, cuando España entra en crisis, y el arribo de San Martín al Perú es la última coyuntura de esa guerra. Hay otra distorsión de la historia que dice que la guerra de independencia arranca con el desembarco de San Martín en Paracas, y eso no es así. Hay que tener en cuenta que la guerra de independencia fue una guerra continental y el Perú fue un escenario de esa guerra. En el caso de la América andina, la insurrección empezó en los territorios periféricos, en el Río de la Plata y lo que es ahora Venezuela, y esa guerra tenía que terminar en el Perú, porque acá estaba concentrado el grueso del ejército realista. Es decir, sin la derrota del virrey del Perú no estaba garantizada la libertad de los otros territorios.

Entonces, esta pregunta que nos hacemos cada cierto tiempo, tercamente, de por qué tuvimos que esperar a las corrientes libertadoras que vinieron de fuera, ¿es injusta?

Es que allí hay otra distorsión. Cuando pensamos en la guerra de independencia, pensamos en el mapa político actual, pero en ese momento no existían los estados nación. Hace 200 años había una realidad política distinta, y las nacionalidades no estaban definidas. Eso de que San Martín era argentino o tal persona colombiana, eso no existía hace 200 años. Argentina no existía. El Perú tampoco. No había identidades nacionales, a lo sumo identidades regionales o locales. Entonces, cuando hablamos de la intervención de los grupos populares en la guerra, ellos intervienen resguardando sus intereses más inmediatos. Y en una coyuntura tan larga, las posiciones fueron cambiando.

Detengámonos allí. ¿Por qué surgieron las montoneras en la sierra? ¿Cuál era su interés al respaldar a la corriente libertadora del sur?

Los montoneros y guerrilleros que se levantan en el contexto de la llegada de San Martín y Bolívar están en la sierra central, en la sierra norte y un poco en la sierra de Lima. Ahora, quiénes son estos montoneros, cuáles son sus intereses. De hecho, hay muchos de ellos que se pliegan a la causa patriota. Además, San Martín manda a (Juan Antonio) a Álvarez de Arenales a la sierra central para que anuncie la independencia y allí encuentra a las guerrillas. Saber qué querían es complicado, eran grupos como paramilitares, muy heterogéneos. En ellos había mestizos, blancos pobres, indios, pero cada grupo tenía su agenda. Algunos estaban resentidos con los españoles porque eran blancos pero pobres; los mestizos veían en la independencia una forma de ascenso social; algunos se resistían a pagar impuestos. Es difícil precisar la agenda de estos grupos guerrilleros. Si nosotros pensamos que los guerrilleros apoyaban a San Martín por un convencimiento filosófico o político, por allí no va la cosa.

Claro, además que tampoco concebían la idea de nación.

No, no. Eso viene a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Pero la idea final de nación se construye a través de la educación. Cuando tú vas a la escuela, allí te enseñan la historia nacional, la lengua nacional, la geografía nacional. Allí te enseñan a cantar el himno, los símbolos patrios. Es todo un proceso, que viene lento desde la segunda mitad del siglo XIX y que avanza sobre todo en el siglo XX.

¿Qué esperaban los esclavos negros? ¿La libertad? ¿Por qué se unieron a la causa patriota?

La libertad, o no necesariamente, pero ya estaban hartos de su hacienda. En el siglo XIX, muchos esclavos obtenían su libertad pero se quedaban en la hacienda porque ya estaban acostumbrados a esa vida, allí tenían sus chacritas, no se querían desarraigar. Eso se vio cuando Castilla les da la libertad. En el campo, muchos esclavos siguieron en la hacienda con sus familias. Es decir, la situación legal no cambió su vida cotidiana. Es muy complejo.

Se dice que las mujeres, sobre todo las aristócratas, fueron espías antes que combatientes, ¿hubo mujeres en los campos de batalla?

Las mujeres fueron grandes operadores políticos. Por ejemplo, en Lima, eran muy influyentes, por razones que a veces pasamos por alto. Mira, ¡Las tapadas podían organizar una revolución! (se ríe). Es más, hay testimonios del siglo XIX que dicen que las que estaban en las tribunas del hemiciclo, en el Congreso, eran todas tapadas. ¿Y quién se atrevía a descubrir a una tapada? Nadie. Dicen, con cierta exageración, que algunos de los gobiernos que vinieron después de la independencia cayeron por conspiraciones de tapadas. Otras, las más ilustradas, organizaban tertulias literarias, que en realidad eran reuniones políticas. ¿Y quién se metía a la casa de fulanita de tal a develar esas reuniones? Nadie. Pero de repente estaban conspirando allí adentro. Otras movilizaron voluntades de más mujeres para confeccionar uniformes, un poco la logística de la guerra. También hubo monjas, en una época en la que la tercera parte de Lima vivía en conventos o monasterios, que se plegaron a la causa patriota. Todos tenían un pariente en los conventos y la guerra necesitaba logística. Guerreras no conozco, quizá se me escapa algo, porque no soy especialista en el tema. Lo que sí se sabe es que las rabonas jugaron un papel muy importante en la guerra de independencia. Con las rabonas hay todo un tema. Los generales las resistieron un poco, pero luego se dieron cuenta que sin ellas no habría guerra, porque ellas se dedicaban a la logística del ejército. Las rabonas eran las que montaban el campamento. Los soldados llegaban y la cosa ya estaba levantada. Atendían a los enfermos, enterraban a los muertos. La palabra rabona parece que hablara del rabo, de algo que tienes atrás, pero las rabonas estaban adelante, eran las que llegaban antes.

Entonces ese nombre es un poco injusto.

Sí, además que en el colegio nos contaban que las rabonas eran las esposas de los soldados. Mentira. Podían ser las madres, las hermanas, quizá las parejas. Además que evitaban las deserciones.

Ha mencionado a las monjas, ¿qué papel cumplieron los religiosos?

Eso no ha sido estudiado, pero de hecho apoyaban a uno u otro bando. Acuérdate que era una guerra civil. Y uno se podía cambiar de bando de acuerdo con la coyuntura.

Así que no había lealtades permanentes.

No, no. Si esto duró como 15 años. En ese tiempo uno es capaz de cambiar de opinión. Es más, es muy probable que hace 200 años tú y yo hubiéramos sido realistas.

¿Por qué recordamos con más entusiasmo el 28 de julio de 1821 antes que el 9 de diciembre de 1824?

Porque somos más sanmartinianos, por varias razones, pero yo te pongo dos. La personalidad de San Martín era distinta a la de Bolívar. San Martín era más moderado, intentaba ser conciliador, no intentaba ir más allá de la opinión pública. Y cuando se sintió incómodo, cuando vio que perdía fuerza, simplemente convocó al Congreso y se fue. A Bolívar no había nadie que lo detuviera. No digo que uno era mejor que otro, este no es un juicio de valor. Pero como los peruanos no somos finalmente radicales, preferimos a San Martín, eso habla de nuestro perfil psicológico. Y lo otro es que asociamos a San Martín con la fundación de la patria. Él escogió nuestros símbolos. Cuando vemos la bandera, el escudo, cuando cantamos el himno, está allí. San Martín está hasta en la camiseta de la selección, porque él escogió los colores. Es más, en el colegio nos cuentan dos mitos. El de la fundación del imperio de los incas que protagoniza Manco Cápac, y el de la fundación de la república que tiene que ver con el sueño de San Martín. Entonces, somos muy sanmartinianos, sobre todo en Lima. Recuerda que él solo estuvo en esta ciudad, nunca viajó al Cusco, nunca pisó la sierra peruana.

Usted ha participado como asesor en la serie El Último Bastión, que cuenta los días previos a la independencia, desde el punto de vista de los habitantes de Lima, ¿cuánto ayudan este tipo de producciones a aclarar algunos mitos de nuestra historia?

Mira, las películas y series históricas, bien hechas, son un boom en el mundo. Son una muy buena herramientas para entender la historia, sobre todo en los últimos tiempos, donde se ha registrado un retroceso de la enseñanza de la historia en los colegios.

Claro, no hay cursos de historia.

Prácticamente no existen. Entonces, estas producciones son un complemento. Ahora, cuál fue el objetivo de la serie: ver la independencia no desde el punto de vista de los héroes, sino de los otros actores sociales, porque la independencia fue un drama colectivo, toda guerra lo es. Uno debe pensar en su familia, en sus amigos, en sus propiedades. Uno podía ser patriota y tener un hermano realista. Y si ese hermano estuviera en peligro, harías todo por salvarlo, así esté en el bando contrario.