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La bendición del oxígeno

El padre Omar Sánchez, secretario general de Cáritas Lurín, impulsó la construcción de ocho plantas de oxígeno en Lima Sur para enfrentar al COVID-19. “Eso solo ha sido posible por la solidaridad y el trabajo en equipo”, dice.

La Republica
El padre Omar Sánchez Esta semana inauguró las plantas de oxígeno de Pucusana y de San Juan de Miraflores".
Raúl Mendoza

En lo más duro de la segunda ola del COVID-19, el padre Omar Sánchez, secretario general de Cáritas Lurín, decidió que una planta de oxígeno era necesaria para atender a la población de Tablada de Lurín, donde queda su parroquia. Empezó a informarse de los costos -era noviembre del año pasado- y envío una primera comunicación a sus contactos en WhatsApp. Casi como un milagro consiguió el dinero necesario en dos horas.

Así inició la construcción de la primera planta de oxígeno en terrenos de su parroquia, Santa María. Pero la realidad le exigía más. Dos semanas después volvió a hacer otra convocatoria por redes y en dos días conseguió el dinero para una segunda planta. Ambas producían 48 balones de oxígeno diarios, pero no era suficiente.

“La demanda era altísima. La diócesis de Lurín abarca desde San Juan de Miraflores hasta Pucusana. Venían de las 55 parroquias, y también de San Borja, Barranco, hasta hospitales nos pedían. Era una locura. Así que nos lanzamos por una tercera planta”, rememora.

El presupuesto de ese tercer centro se logró en cuatro días. La labor del Padre Omar, también director de la Asociación de las Bienaventuranzas, es reconocida y genera confianza. Para enero de este año las tres primera plantas estuvieron operativas, brindando oxígeno gratuito a la gente. Y a pesar de todo ese esfuerzo, todavía siguió siendo insuficiente.”A veces colapsábamos no había forma de atender”, cuenta.

La segunda ola del COVID-19 ha estado presente casi todo este año, hasta que en mayo fue bajando. Ya desde comienzos de año, la empresa privada y autoridades se acercaron al padre para que gestionara la construcción de nuevas plantas. Y el padre Omar ha impulsado otras en Lurín, en Villa el Salvador -por pedido y con apoyo de la municipalidad de VES-, en Pucusana y dos en San Juan de Miraflores. Hasta el momento ha estado involucrado en la construcción de ocho plantas de oxígeno en distritos de Lima Sur.

Esta semana inauguró las plantas de oxígeno de Pucusana y de San Juan de Miraflores. “No sabemos si habrá tercera ola o si ya comenzó, pero hay que estar preparados”, dice. Las ocho plantas pueden producir unos 11 mil 500 balones de oxígeno al mes. La diócesis de Lurín tiene unos dos millones de habitantes y unas 15 mil personas han fallecido allí por COVID-19.

Iglesia salvadora

La Iglesia se ha mostrado muy proactiva en el tema del oxígeno para salvar vidas. Otro sacerdote, el padre jesuíta David Samaniego, también inició una cruzada en junio de 2020 para dotar de una planta de oxígeno al distrito de Santa María de Nieva, provincia de Condorcanqui, Amazonas. Con mucho esfuerzo, lo logró. El COVID-19 apareció cuando muchos retornaron de Lima.

“Lo llamé al padre Raymond Portelli, que había hecho lo mismo en Iquitos y él me hizo pisar tierra. Me dio costos y detalles de las plantas”, cuenta el padre por teléfono. La planta, que se diseñó con ayuda de ingenieros de la PUCP, hoy dota de oxígeno a 30 camas del hospital del lugar, con puntos de conexióndirecta. En la zona la mayoría es población awajún y wampis.

La planta entró en funcionamiento en enero. El padre David, nacido en el lugar, dice que “esta es una muestra evidente de cómo trabaja Dios en favor de los más necesitados”.

Volviendo a Lima, el padre Omar Sánchez, dice que la Iglesia ha ayudado a miles de personas en esta pandemia. También afirma que de esta experiencia, tan difícil y dramática, le queda la solidaridad tan grande que ha visto y la importancia de trabajar en equipo: el Estado en todos sus niveles, la Iglesia, la empresa privada y la sociedad civil organizada. “La solidaridad existe y hay más gente buena que mala en el mundo”, sentencia.