Tesoro perdido

La historiadora Carmen Villanueva ha reconstruido un episodio ocurrido en mayo de 1822, que celebraba la “segunda” independencia del Perú. En esa fecha se ordenó el entierro de una caja de plomo, colocada en algún lugar de la ruta que va de Lima al Callao, que contenía un tesoro histórico. Pero esa suerte de ‘cápsula del tiempo’ se perdió en el olvido y hoy es una incógnita.

La Republica
Ilustración: Luis Alemán
Luis  Paucar

Esta puede ser la historia de una confusión.

El sábado 28 de julio de 1821, en una ceremonia pública solemne, José de San Martín enunció la proclamación de la Independencia. Primero lo hizo en la Plaza Mayor de Lima, luego en la plazuela de La Merced y la de Santa Ana, frente al Convento de los Descalzos, y finalmente en la plaza de la Inquisición (ahora plaza Bolívar). Aferrado a la bandera rojiblanca —recién creada—, el militar argentino exclamó esa línea que aprendimos en el colegio y dio origen a la República: “El Perú es libre e independiente (…) ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad!”. Reconocido como Protector, a partir de entonces emprendería una serie de campañas contra las fuerzas realistas que aún permanecían en el país.

En ese período ocurrió un episodio casi ignoto que la historiadora Carmen Villanueva ha reconstruido, 200 años después, como parte de sus investigaciones y publicaciones en torno a temas políticos y sociales del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX. Su hallazgo se desgrana a partir del evento del 7 de septiembre de 1821. En la Lima de entonces había corrido el rumor de que los realistas, liderados por José de Canterac, estaban volviendo a la capital con la intención de retomarla.

“Se armó un estrépito terrible”, detalla la investigadora. Según textos de Basadre, San Martín apareció en el teatro y arengó a levantarse por la patria. “Muerte o libertad”, aseveraban. Los esclavos (identificados como “la plebe” de la ciudad) eran exhortados por eclesiásticos —según datos obtenidos por la historiadora de la PUCP, el sacerdote Agüero pidió el uso de armas y se volcó con ellos hacia la portada de Maravillas, por donde se esperaba la entrada de los realistas—.

En suma, se consolidó un movimiento concebido como un acto de heroísmo, pero los realistas finalmente nunca ingresaron a la ciudad. Y Canterac, a quien esperaban enfurecidos, más bien continuó su paso hacia el Callao. Aun así, la fecha quedó registrada como la “Segunda Independencia del país”. “Se percibió como una victoria, una de las más grandes que ha habido —explica Villanueva—. Entonces, San Martín y compañía decidieron hacer una ‘cápsula del tiempo’ que sería colocada en la base de un monumento en honor a este día. Es increíble la repercusión que tuvo”. Lo dice una experta que ha estudiado la prensa de aquellos años.

Medallas y documentos

La cápsula, en rigor, era una caja de plomo en la que fue colocada la medalla de oro acuñada para la jura de la Independencia peruana, así como las pertenecientes a Argentina y Colombia, y otra medalla más del ministro de Guerra. También contenía documentos donde estaban registrados los nombres de los libertadores y de quienes participaron en la gesta, además de una lista de oficiales y jefes del Numancia —el batallón enviado desde Nueva Granada para apoyar a los realistas que, una vez establecido en Perú, desertó y pasó a los patriotas—.

La caja fue sellada con un rótulo que decía: “La primera generación independiente del Perú. ¡A los siglos futuros!”, y fue la primera piedra de lo que sería el monumento u obelisco en el 2° óvalo del camino al Callao, según recoge una edición del diario la Gaceta en mayo de 1822. Esa construcción, sin embargo, nunca llegó a ejecutarse. Villanueva agrega una razón más para comprobar que sí se planificó. El 9 de enero de 1823, el Congreso propuso la “extracción de la caja de plomo para revisar su contenido” —tal como se lee en una declaración—, aunque la coyuntura política trastocó esos planes y los dejó en el olvido. Los cambios de la ciudad y su expansión en todas direcciones hacen difícil precisar dónde está en la actualidad el lugar donde fue enterrada la caja.

En todo caso, ¿qué podemos entender con esto? La experta señala que se trata de un registro para ratificar la participación popular. “Además, como toda ‘cápsula de tiempo’ tiene un límite, es para que se abra en un tiempo determinado y se recupere esa información. Lo que está ahí ahora claramente debe estar en un museo”. Aunque implica un desafío, el hallazgo arroja nuevas pistas a puertas del Bicentenario.