Farid Kahhat: “Salvo que su discurso cambie, el potencial electoral de la derecha radical es limitado”

Según Farid Kahhat, la derecha ya está pensando en el día después del 28 de julio y van a cuestionar desde el primer día la legitimidad del nuevo gobierno.

Sociólogo. Profesor de Relaciones Internacionales en la Academia Diplomática del Perú y la PUCP. Fotografía: John Reyes.
Sociólogo. Profesor de Relaciones Internacionales en la Academia Diplomática del Perú y la PUCP. Fotografía: John Reyes.
Raúl Mendoza

Farid Kahhat ha analizado en el libro El Eterno Retorno, la derecha radical en el mundo contemporáneo, algunos de esos movimientos en varios países. En las últimas elecciones peruanas el partido Renovación Popular apareció como una alternativa derechista con esas características. Hay también sectores no partidarios de la sociedad peruana cercanos a estas posiciones por su rechazo al comunismo. De eso hablamos y esta es su visión.

¿En esta elección hemos asistido al nacimiento de un partido de derecha radical con Renovación Popular? ¿Es el primer partido de derecha radical en el Perú?

No es el primero, hay antecedentes. Solo que más vinculados a la experiencia fascista, con una reivindicación más o menos explícita del fascismo, en particular el italiano: la Unión Revolucionaria, del sanchezcerrismo. Fue el primer partido que hizo del anticomunismo un elemento importante de su identidad. La diferencia con la derecha radical contemporánea es que la actual no reivindica explíci- tamente el fascismo y pretende ser una fuerza política que respeta las reglas democráticas. Creo que eso es bastante relativo, pero en todo caso en eso intentan diferenciarse de lo que fue el fascismo clásico.

Renovación Popular está a la derecha del fujimorismo o el PPC

Sí. El lenguaje es claramente diferente, es mucho más agresivo, con invocaciones directas a la violencia. Ahí está (Rafael) López Aliaga invocando la muerte de sus rivales políticos. Luego intentó reparar el error, pero eso es compatible con su discurso político donde quienes se oponen a él, son descritos como ‘porquerías’, ‘mermeleros’. Es parte de un discurso que está a un paso de la incitación a la violencia.

¿Qué es lo que explica el posicionamiento de este discurso derechista tan agresivo?

En América Latina la derecha radical tiene una peculiaridad a diferencia de Europa o Estados Unidos, donde la derecha radical no insurge contra la izquierda, tanto como contra el statuo quo, del que culpan por igual a la centroizquierda o centroderecha. En América Latina, la derecha radical surge en la época en que la izquierda tiene su mejor desempeño electoral en toda la historia de la región: la primera década de este siglo. En el Perú, al igual que Colombia, en parte por la experiencia de los grupos terroristas de izquierda, que generan una amplia animadversión entre la población, la izquierda no había sido una fuerza electoralmente importante. Eso cambia con esta última elección. Que un partido como Perú Libre pasara a segunda vuelta y, todo parece indicar, haya ganado la presidencia, aunque su líder y potencial presidente no sea militante de ese partido, ayudan a potenciar este tipo de movimiento. O sea, surgen contra la izquierda y no ven matices en la izquierda. Para ellos, desde la socialdemocracia hasta el estalinismo, todo es relativamente intercambiable.

El sábado 26 pasado hubo dos mítines derechistas: uno en la Plaza Bolognesi con Keiko Fujimori y otro en el Campo de Marte, con Rafael López Aliaga. La derecha se divide. ¿Qué sectores siguen al segundo de ellos?

Salvo que su discurso cambie, el potencial electoral de la derecha radical es limitado. Es relativamente grande la base a la que pueden apelar, pero es claramente una minoría de la población. Cuando (Donald) Trump invoca a los blancos no hispanos de clase trabajadora en Estados Unidos, está invocando a un grupo que todavía es una mayoría de la población. En el caso de López Aliaga, aunque el discurso digamos racista no es explícito, está implícito en el hecho de que algunos de sus seguidores, que tienen una relación no muy bien definida con su movimiento pero lo perciben como aliado, invoquen símbolos como la cruz de Borgoña, símbolo asociado, para un peruano al menos, primero con la monarquía, segundo con el integrismo católico, y tercero con la Colonia. Si utilizas esos símbolos como algo fundamental en tu mensaje, delimitas el ámbito social al que puedes apelar. Presumo que eso va a cambiar. Hay un elemento populista de López Aliaga que se va a potenciar para apelar a otras audiencias, otro electorado. El discurso inicial lo limita a lo que ya vimos en la última elección, Lima y barrios -aunque no exclusivamente- de clase media alta y alta de Lima, y tal vez costa norte.

La derecha más extrema en el Perú se parece mucho a la derecha trumpista en la utilización de fake news, del insulto, la conspiranoia

Yo la comparaba a otro grupo de derecha radical latinoamericano, con Bolsonaro. Pero en esta última campaña el paralelo con Trump es más claro. Hay un efecto de ‘cámara de eco’, donde solo se escucha a la gente que piensa como ellos, desestiman cualquier información que contradiga sus creencias. Por ejemplo, Trump presenta 62 recursos legales para tratar de impugnar la elección alegando que hubo fraude en su contra, incluyendo un recurso ante la Corte Suprema, tres de cuyos nueve miembros fueron nominados por él y pierde todos esos alegatos judiciales. En el caso de Keiko Fujimori, pierde las 135 impugnaciones que presenta ante Jurados Electorales Especiales. Eso sería prueba bien prima facie de que no hay evidencia de fraude, pero quienes piensan que hubo fraude ignoran esa información por abrumadora que sea. O piensan que quienes fallaron en su contra, aunque no haya ninguna evidencia, son parte de la conspiración.

Mientras parece que Fuerza Popular intenta ganar esta elección en mesa agitando el tema del fraude, para sectores más radicales de la derecha la figura es nuevas elecciones o golpe de Estado

Creo que ya son conscientes de que tienen escasas probabilidades de éxito. El punto de inflexión fue el reconocimiento internacional. No puedes alegar que Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido, Canadá, sean gobiernos hostiles al Perú o a los conservadores peruanos. Sin embargo, todos ellos han reconocido que el proceso fue justo y limpio. La única evidencia que ha aparecido de intentar un fraude han sido los audios de Montesinos. Y ahora queda ver si se derrota el intento de cambiar la composición del Tribunal Constitucional. Parecen haber perdido el recurso en el plano electoral y cada vez tienen menos armas. Creo que ellos ya están pensando en el día después del 28 de julio, donde Keiko Fujimori ya es una persona sin mayores perspectivas políticas, más preocupada en no ir a la cárcel, y en donde estos sectores van a cuestionar desde el primer día la legitimidad del nuevo gobierno y a la primera de bastos intenten forjar una coalición para vacarlo o para algo más sencillo que es alcanzar los votos suficientes para traerse abajo todas las iniciativas del nuevo Gobierno que requieran aprobación legislativa.

Van a boicotear cualquier propuesta de Pedro Castillo y van a defender una agenda conservadora

La paradoja es que en esa agenda conservadora no necesariamente tienen a Castillo como rival. Pero en materia de política económica, sin duda van a hacer ese intento, y en temas como nombrar a los nuevos magistrados del Tribunal Constitucional también van a buscar magistrados que estamos viendo entre los que han postulado, en el ranking que se ha confeccionado, son invariablemente conservadores. Y no solo en el tema de derechos de minorías sexuales, son conservadores en toda la línea.

Sorprende que políticos de derecha aparentemente demócratas como Alfredo Barnechea planteen una coalición cívico-militar o sugieran un golpe, y que Lourdes Flores insista con su narrativa del fraude sin pruebas. ¿Es tanto el temor a un gobierno de izquierda o al cambio del modelo económico?

Hay varios elementos. Creo que hay un elemento anticomunista. A diferencia del pasado, donde el anticomunismo solía errar el blanco, por ejemplo siendo un movimiento antiaprista antes que anticomunista, o considerando en los 60 comunista a Acción Popular y Belaunde; acá al menos tienen el ideario y programa de Perú Libre como prueba. En cuanto al cambio de modelo económico si algo queda claro de lo expresado por Castillo y sus voceros durante la segunda vuelta y después de la elección es que no estamos ante un cambio radical del modelo. Si esa fuera la preocupación claramente debería haber ido perdiendo peso, pero no parece ser el caso. Por otro lado, creo que hay un elemento que ayuda a entender porque alguien que se autodefine como socialdemócrata, como Alfredo Barnechea, puede sumarse a esta campaña de extrema derecha y golpista. Tiene que ver con algo que ya trasciende las diferencias políticas, que es el hecho de que Castillo representa, al margen de lo que uno piense de él, a quienes nunca han gobernado y quienes nunca fueron importantes para el Estado peruano. O por lo menos a un sector con ese perfil sociodemográfico y este va a ser el primer gobierno que se recuerde que parte sin ningún tipo de vínculo con la élite tradicional de la que provienen esos opositores de los que estamos hablando. Es también un temor a lo desconocido.

Hay un componente clasista en esa oposición

Claro, y racista para decirlo específicamente.

Es posible que algunas bases de Fuerza Popular se radicalicen y se acerquen a Renovación Popular

Ahí todavía tengo una duda: si el radicalismo ideológico cruza fronteras socioeconómicas. El fujimorismo, aunque ha perdido la mayor parte de su base popular, tiene todavía una base popular de la que carece el movimiento Renovación Popular, y no me parece que sea tan fácil hacer el trasvase de un movimiento a otro. En ese sentido, no creo que lo que pierda el fujimorismo lo gane Renovación Popular. No es tan simple como decir “son votos que pasan de un grupo de derecha a otro grupo de derecha”, porque cuando uno ve encuestas lo que define la orientación política de la mayoría de electores no necesariamente son consideraciones ideológicas. Difícilmente se va a producir un trasvase hacia un movimiento mesocrático o incluso de clase alta como el que encabeza López Aliaga.

Ahora López Aliaga ha anunciado que postulará a la alcaldía de Lima. Y volverá a intentar la presidencia el 2026. Tendría posibilidades en Lima, pero sus posibilidades a la presidencia están por verse

Incluso en Lima es un candidato que genera tantas resistencias que podría terminar ocurriendo lo que pasó con (Daniel) Urresti en la última elección para la alcaldía. Él iba adelante en las encuestas o tenía alta probabilidad de ganar, pero había mucha gente que resistía su candidatura y terminó nucleándose en torno a alguien como Muñoz. La paradoja es que candidatos que polarizan como López Aliaga podrían terminar convirtiendo la elección a alcalde de Lima en una elección política, o sea politizar y polarizar el proceso. En ese sentido, aunque no dudo que pueda tener una buena votación, no me parece claro que vaya a ganar.