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Entre la resignación y la desesperanza

La Republica

La crisis de representación democrática, en la región y conspicuamente en el Perú y Chile, se está desarrollando como una saga interminable.

Según la información que me llega del norte, la coyuntura peruana estaría demostrando que la salida de emergencia del malmenorismo también entró en crisis. Frente a la opción entre un gobierno de minorías ideologizadas y otro de minorías con pasado y presente oscuro, están saliendo de sus criptas los fantasmas del pasado antidemocrático. Vuelve Vladimiro Montesinos a la noticia. Vuelve la memoria del timbrazo civil en la puerta de los cuarteles. Vuelve el debate académico sobre el rol político de los militares. La plataforma está disponible para algo más grave que la difícil gobernabilidad.

La cáscara de las consignas

Como dije en columna anterior, lo sucedido en el Perú nos concierne a los chilenos y a los demócratas todos. Incluso me hizo recordar que, durante los últimos años del fujimorato, muchos peruanos se miraban en el espejo de la Concertación chilena. Les parecía un bien mayor, para el buen funcionamiento de un sistema democrático avanzado.

Pero esa Concertación murió, por aplicación a nuestros políticos de uno de los principios de Peter. Ese según el cual, pasado un tiempo suficiente, cualquier empleado asciende a su nivel de incompetencia. Pero, como exageraron, los ciudadanos de a pie comenzaron a soñar con males menores, como en el Perú. Entre ellos, el fin de los viejos partidos y el debut de políticos independientes.

Ante el peligro, por falta de reflejos democráticos y de cultura internacional, los políticos incumbentes optaron por zambullirse en la polarización abstracta. “Derechas contra izquierdas”, levantadas como cáscaras vacías de proyecto-país. Esa polarización se enquistó en el sistema hasta que un estallido social violento condujo, in extremis, al inicio de un proceso constituyente.

Una nueva carta fundamental sería la solución de todo.

Chile iniciará su camino al cambio de constitución a través de una Asamblea Constituyente.

El mal menor no es normalizable

Ese proceso se inicia precisamente este domingo 4 y nada indica que será apacible, pues los polarizados suelen ser más devotos de las consignas que de los consensos. El discernible meollo de la dificultad radica en que un sector mayoritario, pero disperso, está por mantener a Chile como actor nacional unitario, con sus símbolos e instituciones permanentes. Al frente, una minoría coherente da señales de querer refundar el país, con base en sus distintos pueblos originarios, variables sociales actualizadas y una economía sin nombre que sustituya al “neoliberalismo”.

Notablemente, en el Perú empieza otra secuencia paralela. Pedro Castillo, el ganador aritmético de las elecciones peruanas, se ha comprometido a instalar una Asamblea Constituyente, para dar salida institucional a la crisis post conteo. Lo más probable es que, entonces, los peruanos comiencen a mirarse en la cara chilena del espejo y topen con la misma dificultad: la crisis ya ejecutoriada de los partidos políti- cos democráticos.

En ese contexto, recuerdo los avatares de la Asamblea Constituyente de 1979-1980 y sus circunstancias. Presidida por Víctor Raúl Haya de la Torre, produjo momentos muy tensos, con debates internos duros y problemas de poder interno y de poder dual, con el régimen del general Francisco Morales Bermúdez. Por añadidura, hubo problemas de este con sus propios militares.

La historia dice que ese nudo de complejidades pudo resolverse porque había partidos con tradición, un anciano sabio, líderes civiles competentes y un dictador con vocación de demócrata. Juntos supieron sobreponer la ética de la responsabilidad a la ética de sus convicciones.

Como conclusión express, lo que está sucediendo muestra que el malmenorismo no es normalizable y que suele estar preñado de males mayores. De traspasarse sus límites tácitos, nuestras democracias serán una utopía del pasado y ambas caras del espejo nos mostrarán, a peruanos y chilenos, viviendo entre la pandemia, la resignación y la desesperanza.