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El Inti Raymi de los 200 años

Pese a la pandemia y al poco tiempo para ensayar, los artistas le pusieron corazón. El objetivo era mostrar al mundo, esta semana y por streaming, lo maravilloso de la gran fiesta en honor del tayta Inti.

David Ancca tuvo el honor de representar al Inka del Bicentenario.
David Ancca tuvo el honor de representar al Inka del Bicentenario.
Rumi Cevallos

Todos tienen sentimientos encontrados, pero vibran de emoción al participar en la más importante fiesta del mundo andino. Nada los detuvo. Ni el frío, ni los estudios, ni las ocupaciones laborales, ni mucho menos la pandemia.

“Terminé llorando. Estoy con toda la carga emocional a flor de piel. A las seis de la tarde (del 24 de junio) bajaba de Sacsayhuaman y lo único que hacía era agradecer todo el tiempo a ese lugar sagrado”, dice Ronald Quinto, director de coreografía del Inti Raymi.

Músicos, bajo la dirección de David Tello, pasan por el Aucaypata.

Aunque tuvieron solo dos semanas para ensayar, le pusieron punche y garra, y amor al Cusco y a sus tradiciones.

“En los ensayos había chicas con sus audífonos tomando clases virtuales. Otras pedían permiso para salir un ratito, para exponer, y volvían corriendo a danzar. Otros llevaban sus laptops para dar examen allí. Se trabajó con pasión, con mucho corazón. Pudo más el afecto a nuestra tierra, a todo lo que representa esta gran fiesta. Fue en honor a nuestros ancestros, a los que se fueron y por los que vendrán”, afirma Ronald.

Fue un Inti Raymi atípico, sin público, sin aplausos, sin el estruendo de los ¡hayllis! que retumban las calles al paso del Inka. “La presencia del público es fundamental para compartir el mensaje, para que se sientan orgullosos de disfrutar la magia del Inti Raymi”, dice David Ancca Cuyo, el maestro universitario que tuvo el alto honor de representar al Inka.

David lleva cuatro Inti Raymis seguidos con ese papel. Tiene la fuerza telúrica, cósmica, de interpretar al soberano del Tahuantinsuyo. “Cuando estoy en la litera y en los lugares sagrados, no soy David Ancca, soy el Inka. Vivo el personaje”, asegura.

Ronald Quinto, director de coreografía; Claudia Mori, directora de teatro; y, Elías Paccha, director artístico del Inti Raymi del Bicentenario.

Ello lo confirma Elías Paccha Mirano, el director artístico. “Se siente el peso de sus palabras. Cuando se le ve y se le escucha, te hace sentir. En David, aflora esa preparación actoral, pero también el sentimiento de amor a la Pachamama, al tayta Inti”.

“Pese a que no había público, sabíamos que nos veían. Hemos entendido esta forma de espectáculo, la virtualidad. La gente se acostumbró a conciertos virtuales, y el que hayan disfrutado por TV y celulares, era recomendable para evitar contagios”, añade Paccha.

Claudia Mori, la primera directora de Teatro del Inti Raymi dice: “Sabíamos que había una cámara y que toda la representación la verían millones de personas. Aunque nunca se va a igualar a lo que teníamos antes, nos tuvimos que amoldar a la nueva realidad”.

Norbina Gallegos, la Qoya (esposa del Inka), pide un guion más inclusivo.

Los actores portaban barbijo, su propio alcohol y en los ensayos hubo charlas. “Fue difícil por el temor al contagio, pero pese a todo allí estuvimos. Además, todos pasamos por pruebas anticovid”, recuerda Elías Paccha.

Para Norbina Gallegos, quien representó a la Qoya, la esposa del Inka, el Inti Raymi hace que el pueblo renazca. “Es el tiempo de evolución espiritual y nos fortalece”. Norbina espera que a futuro el guion no sea “machista”. Esto puede generar debate más adelante.

Para Ángela Huamán, la directora de vestuario, fue un reto confeccionar la ropa de 420 actores. Unos 240 trajes fueron proporcionados por Ronaldo Hualpa a través de una asociación en Anta. Para el resto se usó el viejo inventario de Emufec (Empresa Municipal de Festejos del Cusco). Ángela mejoró los añejos trajes, que en comparación con los de Filigranas Peruanas, del profesor Leonardo Arana, de anteriores Inti Raymis, no aportaban valor a la escenificación.

David Tello, director musical, recurrió a composiciones de autores cusqueños y las suyas. “No fue una presentación más, un compromiso más. Este fue el Inti Raymi del Bicentenario y hemos mantenido vivo nuestro sentimiento y nuestra tradición”.