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Rafo León: “Del COVID he salido más centrado en las cosas que me interesan”

Periodista, escritor, pintor

VIGILANCIA. Para Rafo León es importante que la ciudadanía haga sentir su peso y defienda la independencia de poderes. Foto: Carlos Contreras / La República
VIGILANCIA. Para Rafo León es importante que la ciudadanía haga sentir su peso y defienda la independencia de poderes. Foto: Carlos Contreras / La República
Raúl Mendoza

Desde que dejó la televisión y su programa Tiempo de Viaje, Rafo León retomó un viejo interés: la pintura. Todo un reto porque es daltónico. Recuperado del COVID, que lo puso al borde la muerte, hoy pasa sus días entre sus cuadros y pinceles, escuchando tangos y también observando con agudeza la coyuntura electoral que hoy se decide. Aquí su mirada.

Has sido muy crítico con los dos candidatos a la presidencia ¿Cómo te sientes con esta segunda vuelta?

Algo decepcionado. Yo creo que los dos modelos, económicos, sociales, que están en juego son interesantes. Por un lado, tienes una visión liberal de economía y mercados abiertos, donde el eje es el individuo y el principal valor es la libertad. Y al otro lado tienes a una izquierda democrática donde el principal valor podría ser la solidaridad o lo social, y el Estado tiene un papel importante. Me parece que esas dos tendencias podrían haber configurado una circunstancia va[1]liosa para nosotros, para la formación de ciudadanía, para el aprendizaje de política. Y con miras a una evolución que nos podría llevar a la alternancia de poder. Pero eso hubiera requerido de dos líderes bastante mejores que los actuales.

¿El tema aquí son los candidatos?

Exactamente. Y los candidatos con sus características han producido que sus seguidores adopten esas características. Y entonces ahí viene toda esta polarización y toda esta discusión mediocre, sobre todo en redes, tan agresiva y tan peligrosa. En ese sentido veo que es una oportunidad perdida y que debemos pensar en adelante en retomarla.

Gane quien gane, parece que se vienen tiempos difíciles, de inestabilidad.

Si. Pero es una profecía autocumplida. Lo estamos repitiendo tanto que quizá se vuelva así. Pero hay otra posibilidad y es que, como en muchas otras circunstancias, los peruanos reaccionemos con cierta sensatez, que es lo que señala (Alberto) Vergara: que los peruanos somos en ese aspecto mucho mejores de lo que creemos. No hay que perder de vista que, a pesar de las circunstancias, siempre hay la posibilidad de preservar en los dos casos la independencia de poderes, dependiendo del peso de la ciudadanía. No es tan fácil destruirlo todo como hizo (Alberto) Fujimori. Ahora hay mucha más vigilancia. Ya está corriendo lo de un supuesto fraude y eso podría generar protestas callejeras, pero una vez esclarecido que no hay fraude las cosas van a tener que reacomodarse en algún sentido. Porque por un lado la pobreza ha crecido, pero por otro lado el precio de los minerales está subiendo. Y, esto me lo enseñó un viejo periodista: cuando hay plata la protesta se vuelve sensata.

La polarización en esta segunda vuelta ha sido brutal.

Claro que sí. Y además con toda la perversión que nos permiten las redes sociales: las fakes, las agresiones, las cuentas falsas. Eso es grave pero también tiene que ver con la manera tan acrítica como consumimos esos mensajes. Es muy difícil contrastar información. Es muy polarizado y uno pierde amigos y parientes. Yo he perdido amigos a montones. Porque la gente considera que yo no estoy definido. No lo estoy pues. Creo que en una circunstancia como esta, la abstención es un derecho. Estamos ante dos personas que están tas con tas. ¿Tengo que elegir en esas condiciones? No. Es mi manera de hacer sentir que no estoy de acuerdo.

Muchos expertos dicen que los candidatos deberían ponerse de acuerdo por lo menos en el tema de la gestión de la pandemia.

Exactamente. Esa es una cosa lúcida, porque es una amenaza real, igual para todos. La gente que tiene plata lo más que puede hacer es irse a vacunar a Miami, pero si le da acá y no hay una cama UCI, por más que suelte la billetera no la va a conseguir. Si es un tema de absoluto consenso, tendría que haber un acuerdo de punto fijo ahí.

Tú tienes un interés por la Amazonía y sientes que no se ha tocado el tema.

Esa es otra cosa. Es el 60%del territorio nacional, donde están los más graves conflictos en este momento, como la minería ilegal, el narcotráfico, la tala, el tráfico de personas, y ninguno de los candidatos ni siquiera ha mencionado la palabra Amazonía y no se ha referido a estos conflictos. Esos temas son los que nos van a matar, a sacar del mapa. Se los han bypaseado y nadie dice nada.

Esta campaña se ha dado en medio de la segunda ola. La sufriste: te dio COVID y estuviste grave.

Me dio COVID y estuve al borde de la muerte. He salido con prioridades replanteadas y valorando cosas que antes ni siquiera miraba. Yo tenía una especie de prediabetes, estaba con algunos kilos de más, bastantes, y tengo 70 años. Entonces estaba pedido para un coronavirus letal. Cuando me ha venido esto, que ha sido una experiencia durísima, me ha tenido diecinueve días en UCI. El médico le decía a mi familia. “No reacciona y hay que prepararse para lo peor”. Y de repente empecé a reaccionar.

¿Cómo fue la recuperación?

La recuperación, aquí en mi casa, la tomé como parte de la enfermedad, en el sentido de que había que mirarla con mucho rigor y hacer todo lo necesario para que dé buen resultado. Ejercicios, medicamentos, cuidarse. La consecuencia ha sido muy buena. Me acabo de hacer un chequeo general y todos mis indicadores están estupendos. A mí la COVID-19 me agarró todos los órganos, entre ellos el corazón. Sin embargo, después se ha ido normalizando. Tengo un par de secuelas: uno, la hipertensión. No era hipertenso y ahora lo soy. Y después, dolor a las articulaciones. Como dice mi médica Charo Cantella, como nadie sabe nada del COVID, tampoco sabes si estas secuelas van a ser para siempre. Parte de la angustia de tener COVID es que nadie sabe en realidad que va a pasar.

¿Pensaste en la muerte, en que esta vez no la contabas?

A mí me pasó, bueno no solo a mí, parece que a todas las personas que pasan por UCI les ocurre que dada la cantidad de medicamentos poderosos que te ponen, pierdes la conciencia. Pero no es que la pierdas, sino que es reemplazada por un delirio muy profundo y verosímil. Yo experimentaba mentalmente situaciones que cuando regresé a cuidados intermedios estaba convencido de que habían ocurrido de verdad. Pensaba: tengo que llamar a fulano para decirle ‘oye compadre por qué no me desmentiste en tal circunstancia’. O llamar a otra persona para agradecerle por algo, y no había tal circunstancia. Muchas cosas. Por ejemplo, estaba convencido de estar internado en una clínica que no era en la que estaba, sino en una que era un proyecto de Vladimiro Montesinos creado con fondos de las fuerzas policiales. Y que estaba en una playa que nadie conocía y que Montesinos hacía su ‘business’ con militares chilenos que venían a curarse de la COVID. Mira tú el delirio. Fantástico. Eran delirios medio paranoicos. Una amiga sicoanalista me decía que además de los medicamentos, es[1]tos delirios también son una manera de defenderse de lo difícil del momento.

Has contado que la enfermedad también te hace más consciente de la edad, de las dolencias que aparecen…

Exactamente. La realidad te tiene que dar un golpe así para que te des cuenta que no tienes diecinueve años. Cuando yo salgo hacia mi taller caminando, con mi bastón, y me veo reflejado en las lunas de los edificios me digo: “Puta madre, ese soy yo”. Ese viejito con bastón y muy abrigado, porque los viejos tenemos frío. Bacán, ese soy yo y ya no me tengo que estar preocupando de si se me ve bien la ceja, o la papada o la panza.

Me decías que de la enfermedad has salido con una nueva mirada.

Sí, más tranquilo, más centrado en las cosas que me interesan, muchísimo menos expuesto en medios. Antes era un loco del Facebook, ahora no. Y bueno, muy dedicado a algo que empecé hace unos años y me tiene muy contento que es el aprendizaje de la pintura.

Hablemos de tu interés por la pintura…

Es un interés que tengo desde niño, a pesar de que soy daltónico. En el colegio dibujaba muy bien, pero pintaba como daltónico y me jalaban en dibujo. Siempre me gustó. Ya de grande pasé por la extraordinaria experiencia de dos años con Cristina Gálvez, es inenarrable la calidad de la formación de Cristina. Pero lo tuve que dejar por falta de tiempo. Luego tuve unas clases con Salvador Velarde en Pachacámac, lamentablemente era muy lejos para mí. Y tuve algunas clases con Polanco, que también las tuve que dejar. No había toma[1]do esto en serio. Cuando salgo del canal Plus TV, dije “si me quedo en el aire, va a ser terrible”. Tengo que conectarme con algo que no sea necesariamente plata. Empecé a pensar en esto que había dejado en el aire, busqué a un compañero de colegio mío, un excelente profesor de dibujo. Empecé con él, pero a los pocos meses murió de un cáncer. Y busqué a Gino Cecarelli, que aparte de enseñarme me liberó de esquemas y prejuicios que yo tenía acerca de la perfección en el arte. Y como me hace falta aprender a dibujar, estoy ahora trabajando con Bernardo Barreto, que enseña muy bien. Tomé un taller muy bacán, a cinco cuadras de mi casa, donde paso mucho tiempo y como siempre me ha ocurrido no me siento ni me sentiré un artista acabado, como nunca me he sentido un escritor acabado. Lo único que soy es un viejo. Hace tres, cuatro años, estoy en un proceso de aprendizaje que no se termina nunca. He expuesto en un par de muestras, pero en estos tiempos de la pandemia, las muestras no andan muy bien.

¿Cuáles son tus temas, qué es lo que pintas?

Yo arranqué fuerte con la figura humana y a través de ella, derivé en la figura de niños, en la inocencia de los niños. Tuve una etapa inicial muy fuerte contra la pedofilia eclesial, tengo muchos trabajos sobre eso. Después comencé a trabajar, como si fueran ilustraciones, sobre temas cotidianos, pero bajo el pun[1]to de vista de la sátira. Y cómo en el Perú la ciudad, para los sectores altos, tiene una articulación muy clara: que es lo que pasa dentro de las casas y lo que pasa afuera, en la calle. Lo que pasa adentro es raro, nadie se entera, como la privatización de las playas; y sin embargo la calle es un crisol de culturas, de lenguas, de vestimentas, de conflictos. O sea todo lo que es la ciudad. Estoy trabajando en eso bastante, y últimamente buscando recuerdos familiares y fotos. Y también intentando trabajar sobre un tema que me apasiona y que más o menos me he acercado a él, que es el curanderismo norteño. Hago formatos más grandes, dibujo menos sobre la tela, pinto más. Y espero el momento en que me sienta capacitado para entrar a óleo, ahora solo hago acrílico. Pero todo lo tomo con mucha tranquilidad.

¿Tu tiempo principal se lo dedicas a la pintura?

Tengo chamba, pero me las arreglo, trato de ir (al taller) por lo menos medio día. Escribo por trabajo, pero estoy abocado a la pintura como tarea personal, mis clases y el tiempo que paso solo en este hermoso lugar lleno de plantas que me hace muy feliz. Escuchando tangos y haciendo algunos pasos de tango, que nadie ve. Ahí leo bastante también. Me he creado un espacio personal muy grato.

En pandemia, supongo que un viajero como tú extraña los viajes, las personas que conocía, las historias que contaba.

Sí, bueno, sueño todos los días con experiencias de viaje. Creo que Tiempo de viaje ya pasó. La dinámica de las cosas en el Perú es tan rápida que eso ya fue. Por mi condición física, mi edad y las consecuencias de la COVID, por supuesto que no voy a poder hacer las cosas que hacía. Pero no descarto, cuando sea posible, volver a viajar por el Perú, con caballete.

Has escrito varios libros, ¿tienes alguno en proyecto?

No, lo que tengo es ideas compartidas con algunos amigos que saben de lenguajes virtuales para hacer podcast que tengan que ver con el Perú, que me parece una idea bien interesante.