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“Hablar del ‘voto antisistema’ es una forma muy simplista de interpretar lo que está pasando”

Cynthia Cienfuegos es Licenciada en Historia y Gestión Cultural. Coordinadora del Consejo Directivo de la Asociación Civil Transparencia.

"Hay esa percepción en las regiones sobre un ejercicio político que se ha dado durante muchos años de espaldas a la ciudadanía y a las necesidades más urgentes”, Cynthia Cienfuegos.
"Hay esa percepción en las regiones sobre un ejercicio político que se ha dado durante muchos años de espaldas a la ciudadanía y a las necesidades más urgentes”, Cynthia Cienfuegos.
Raúl Mendoza

Cynthia Cienfuegos nació en Piura, pero vive y trabaja en Cajamarca, desde donde ha realizado observación electoral para Transparencia y sigue con atención el proceso electoral que decidirá el 6 de junio al presidente o presidenta del Bicentenario. Aquí conversamos acerca de cómo ve esta elección y por qué el norte peruano sigue votando por el fujimorismo aunque con matices.

El crecimiento de Castillo se vio en Lima a fines de marzo, ¿en Cajamarca ya venía creciendo desde mucho antes?

Sí. No es la primera vez que Cajamarca vota de esta forma. Es decir, no por los partidos tradicionales, que antes tenían mucha acogida. Pero desde el 2011 hacia adelante, Cajamarca tiene un voto acorde a las dinámicas que se han desarrollado en estos años. Hay un voto que demanda cambios. Lo que pasa es que miramos este proceso en las regiones cada cinco años y nos sorprendemos de los resultados, pero no tenemos en cuenta que hay percepciones políticas en esas regiones que se van construyendo todos los días.

Las elecciones te muestran el resultado, pero todos los días hay un conjunto de procesos. Las regiones tienen historia, identidad, memoria política. En años anteriores Cajamarca ha tenido una tendencia al voto por los partidos tradicionales que llegaron con el discurso de dar soluciones prácticas a sus necesidades, pero esto fue cambiando porque fue cambiando la percepción del ejercicio político...

A partir del 2011 tuvieron gobiernos regionales de izquierda...

A eso quería llegar. Hay todo un conjunto de factores. Y a todo eso sumamos la pandemia y la crisis que tenemos desde el año pasado. Entonces este voto que caracteriza ahora a Cajamarca, por su propio contexto, y me imagino que también en las otras regiones donde Castillo ha liderado, es un voto reaccionario, más emocional que racional. Eso está claro. Cuando decimos el voto antisistema, el voto antimodelo, es una forma muy simplista de interpretar lo que está pasando. No es que la gente en Cajamarca o de otras regiones del país, como el sur, por ejemplo, estén en contra del sistema o modelo, no es que sean antisistema sino que están levantando su voz en contra de un sistema que no funciona y no los incluye.

¿Calificar como voto antisistema el respaldo a Castillo es una mirada muy limeña?

Exacto. Ese sistema no ha respondido a sus demandas, a sus necesidades y no ha beneficiado a todos por igual. Hay esa percepción en las regiones sobre un ejercicio político que se ha dado durante muchos años de espaldas a la ciudadanía y de espaldas a las necesidades más urgente.

Vives en Cajamarca. ¿Cuáles han sido las fortalezas de Castillo?

Si bien Castillo ha aparecido en este proceso electoral presidencial, no es la primera vez que ejerce un liderazgo político, pero también es un liderazgo territorial, comunitario. Entonces viene una persona que es como el resto de la población. Sale de ahí, no es que tiene que llegar y convencer. En Castillo hay todo un conjunto de símbolos, que permiten a un gran sector de la población identificarse con él. Es una persona con un liderazgo sindical, es un profesor, que aquí es una de las ocupaciones más importantes y que al mismo tiempo se percibe como una de las más olvidadas.

Castillo se presenta como una persona igual a ellos y trae el discurso de indignación, de cambio sobre lo que no está funcionando, sobre la representatividad política tradicional. Viene con ese discurso disruptivo y un gran sector de la población, de Cajamarca y de otras regiones, deposita en él sus demandas. Más que estar de acuerdo con una agenda programática de Castillo, que es una de sus debilidades, es un tema de identificación. Hay mucho símbolo alrededor de Castillo.

¿Fuera de Lima no lo ven como alguien de izquierda?

Cuando hablamos de izquierda y derecha, en las regiones del interior, lo digo por experiencia personal, mi percepción es que no está muy interiorizado el concepto de derecha o izquierda. Más bien creo que (Castillo) es una persona como otras más y, por el liderazgo que tiene, lo aprovecha y empieza con ese discurso de cambio que los demás demandan. Y estas personas ven a un representante que puede dar voz a esas necesidades y luego hacer algo con eso. No creo que sea tanto un tema ideológico sino un voto de protesta a lo que no ha funcionado. De protesta o de hartazgo a estos años donde la política ha sido inestable, ha perdido legitimidad. Y no solo es una percepción negativa hacia el gobierno nacional, sino también hacia los gobiernos regionales y locales que tampoco han sabido responder a las demandas de la población.

Tú eres de Piura. Analizando el voto del norte, ¿porqué el fujimorismo gana en esta región y en otras regiones del norte peruano?

En Piura hay que tener una mirada de los años anteriores. Ahí ha habido una fuerte presencia del fujimorismo, y no hablo de Keiko, sino de lo que implicó la presencia de Alberto Fujimori, que vino con un discurso también popular, de acercamiento, con un conjunto de propuestas que daban soluciones inmediatas a la población. Ese contacto entre un partido político, un candidato y la ciudadanía fue muy fuerte y ha sido algo que todavía se mantiene. Castillo va teniendo una fuerte presencia en el norte pero no es que tengamos ahora una región antifujimorista.

Han ido pasando muchas cosas a nivel social, político, económico, institucional. En los últimos años un punto de inflexión para Piura ha sido el 2017 cuando tuvimos el fenómeno de El Niño y se inundó la ciudad. Vimos que, siendo Piura una región que ha recibido grandes recursos del canon petrolero, no teníamos un sistema adecuado de servicios básicos, colapsó todo. Estamos en el 2021 y muchos de los problemas por causa de El Niño siguen sin solucionarse.

La “Reconstrucción con cambios”, que si bien generó muchos proyectos, ha tenido muchas observaciones. Son demandas que han sido postergadas y eso reconfigura la percepción política, local de Piura. Eso ha hecho que las tendencias en el voto cambien.

Los investigadores dicen que en el norte las zonas urbanas votan más al fujimorismo y las zonas rurales a la izquierda.

Piura tiene una zona urbana, de mucho movimiento comercial, es una zona estratégica para poder ir a otras regiones del norte, pero si vemos los resultados, en Ayabaca, Huancabamba, en la sierra de Piura, ha ganado Castillo. Es un tipo de territorio diferente a Sullana, Paita, Talara, que son más comerciales y con más recursos. Ayabaca, Huancabamba, son ricos en naturaleza, cultura, pero con índices de pobreza muy elevados.

¿Este mismo fenómeno se da en otras regiones del norte como La Libertad o Lambayeque?

Por supuesto. Pasa que a veces pensamos que cuando analizamos las regiones o queremos entender la dinámica nos vamos a las capitales de región o de provincias. Pero hay otras provincias o distritos que tienen otro tipo de configuración territorial y social. En estos procesos electorales, y cuando analizamos a nivel político una región, debemos tener una mirada más integral y ver que hay un territorio diverso. En una misma región, por ejemplo en Cajamarca, hay una zona que es quechuahablante aún, puede haber dinámicas muy diferentes. Lo que queda claro, si nos piden una visión general de este proceso electoral, es que hay una demanda de cambio. Unos piden cambios radicales, otros piden cambios moderados, pero lo que se ve es una necesidad de cambio.

Según las últimas encuestas, Keiko Fujimori solo le gana a Castillo en Lima. El profesor incluso le gana en el norte peruano, donde Fujimori ganó en primera vuelta.

Hay un gran grupo de personas que no deciden su voto, pero eso ha ido cambiando a medida que los candidatos han podido ser más claros en sus discursos. Al principio, en el tema de Castillo, había un temor hacia las reformas que podía dar. Pero luego hemos visto que está moderando su discurso, ha firmado ahora un compromiso. Si bien eso a muchas personas no les garantiza que sea así, finalmente es un gesto a valorar.

A raíz de la segunda vuelta ambos candidatos han decidido tomar sus propias estrategias. La estrategia de Castillo es que sigue siendo el mismo. Sigue presentándose como un profesor, una persona de las comunidades, sigue con su sombrero. Otro aspecto importante es el antivoto, porque algunos no votan a Castillo convencidos de sus propuestas, sino que votan “en contra de...”. No hay terreno asegurado para uno u otro candidato. Aún faltan semanas y dependiendo de las respuestas que den, se va a ir definiendo más la figura.

¿Qué le deberían decir Keiko Fujimorio y Castillo a los votantes de las regiones para obtener su respaldo?

Lo que se venía pidiendo a los candidatos es que se comprometan a garantizar que sean cuales fueran los cambios que quieran hacer de ser gobierno, puedan realizar una gestión que respete la gobernabilidad y respete los procesos democráticos. Son gestos importantes para ver su compromiso. Luego sigue el cómo nosotros nos asegura mos que realmente se cumpla con esos compromisos o las eventuales ‘hojas de ruta’ que ambos puedan firmar. Y acá hay una gran responsabilidad de la ciudadanía, de la sociedad, el poder crear herramientas de vigilancia que no terminen el 6 de junio con la votación, sino que se puedan consolidar para vigilar el cumplimiento de esos acuerdos.

En ese sentido, una campaña de ’terruqueo’ parece insistir en que quienes piden cambios están contra la gobernabilidad.

No es nada sano que las decisiones para un país se fundamenten en miedos o temores. Se debe exigir propuestas, claridad y transparencia de los candidatos. Lo que hemos visto hasta la fecha es un proceso electoral de mucha confrontación y polarización. No es blanco o negro, no es derecha o izquierda, hay matices. Y mucho más en regiones donde las realidades son diversas. No es sano reafirmar esa polarización. Debe haber propuestas claras y saber, por ejemplo, quiénes son los equipos que están acompañando a los candidatos. Eso también dice mucho.