Gustavo Rodríguez: “A los dos candidatos es fácil ponerlos contra la lona en un debate”

Raúl Mendoza

VIGILANCIA. El 70% de los electores no quería a Castillo y Fujimori en segunda vuelta. Rodríguez pide exigirles compromisos. Foto: Nelly Salas
VIGILANCIA. El 70% de los electores no quería a Castillo y Fujimori en segunda vuelta. Rodríguez pide exigirles compromisos. Foto: Nelly Salas

Escritor, comunicador, editor del portal de opinión y análisis Jugo de Caigua.

Como comunicador y publicista, Gustavo Rodríguez ha ganado innumerables premios aquí y en el extranjero. Hoy dirige una consultora en comunicación y es editor del portal Jugo de Caigua, que nació en noviembre del 2020, en plena pandemia, y desde donde reflexiona -junto a otros profesionales- sobre temas de coyuntura y la actualidad electoral. Aquí conversamos sobre cómo se desarrolla la segunda vuelta. Su mirada no es amable con ninguno de los candidatos.

En uno de tus artículos decías que las elecciones son “un concurso de narrativas”. En ese sentido, ¿te parece que Pedro Castillo contó la mejor historia personal?

La narrativa de Pedro Castillo se ajusta mejor al ideal que se busca en un candidato presidencial: ser el héroe creíble que puede transformar el statu quo. Si lo analizas verás que no tiene antecedentes judiciales, se le percibe como una novedad en política, es un maestro, un profesor que viene de un lugar humilde, se expresa con la claridad que hay que tener para explicar en un salón de clases. Y tiene un discurso que, aunque muchos digan que es marxista, suena más a cristiano en realidad, cuando antepone a los más desfavorecidos, es casi un discurso del sermón de la montaña.

Hablando de esa narrativa, Keiko Fujimori no tenía una nueva historia que contar. ¿Cómo se explicaría su pase a segunda vuelta?

Su gran tragedia es no tener una narrativa fresca. La novedad de los últimos años sobre su narrativa es peor aún, porque es como si cargara con dos condenas. Prime ro se le achacaban los pecados del padre y de haber sido cómplice de ese gobierno, y ahora se le achaca lo ocurrido en los últimos cinco años. ¿Cómo explicar que esté en segunda vuelta? Se me ocurren dos cosas: la primera es que la derecha no ha tenido candidatos de fuste y, en segundo lugar, creo que hay regiones del Perú donde aún se tiene un recuerdo del expresidente que fue su padre, que llegaba en helicóptero y mandaba a hacer postas y escuelas.

Pesó la ‘mano dura’ que pro metía, justamente, para recordar el gobierno del padre.

Ha pesado para bien y para mal. En toda elección presidencial se contraponen dos pulsiones: la del miedo y la de la esperanza. A ella el miedo le alcanzó para lograr ese magro 13%, que es muy poco.  No fue la gran triunfadora de la de recha, es la que mejor parada salió considerando lo mediocres que han sido los demás exponentes de la derecha. El miedo al comunismo ya no le alcanza en segunda vuelta.  Tendría que apelar a otro tipo de miedo, porque Keiko difícilmente va a encarnar la esperanza para la mayoría de peruanos. Cosa que Castillo sí puede encarnar.

Si Castillo representa la esperanza y Keiko Fujimori más de lo mismo, ¿cómo convencerá ella a los votantes en segunda vuelta?

Le queda virar el miedo a una posible mala gestión, sea comunista o no, de Pedro Castillo y su equipo. Le queda esa arma, en combi nación con otras dos recomendaciones: hacer un mea culpa de las cosas que ha aprendido sobre la confrontación en estos cinco años, y lo otro que puede aprovechar es que la gran mayoría de peruanos no quiere un radicalismo. Quiere mantener temas esenciales, pero con ajustes. El “cambio responsable” que fue una noción que le sirvió a Alan García en el 2006 puede servirle a ella en esta oportunidad.

Esta campaña de las torres de publicidad en varias avenidas de Lima, con paneles donde se nos advierte del peligro del comunismo, ¿qué te parece?

Creo que esa campaña sirve para confirmar los temores de quienes ya tienen miedo, para poner más nerviosos aún a los votantes actuales y duros de Keiko Fujimori, o a los dudosos que, de verdad, por distintas experiencias, prejuicios, etcétera, le tienen miedo a ese cuco. Además, tiene incidencia solo urbana y algunos de esos mensajes son ambiguos.  Creo que si fuera partidario o alguien del equipo de Fujimori le diría: mete miedo sobre la posible gestión de Castillo. Eso es lo que debería espeluznar más. Somos un barco que acaba de chocar contra el iceberg y estamos discutiendo la ideología del capitán, cuan do deberíamos estar discutiendo cómo nos van a salvar.

Pedro Castillo parece que no tuviera un equipo de comunicación. ¿Cómo ves su campaña?

Pareciera tener un equipo que produce comunicación controlada, algunos videos, algunas imágenes, pero que no gestionan la es trategia integral. Porque hay estas idas y venidas: “Me voy a tumbar a la Defensoría” y luego “No, no es cierto que me voy a tumbar la Defensoría”. O “La Sunedu no va” y luego “Bueno, si va, pero hay que hacer ajustes”. Y (Vladimir) Cerrón por su lado, metiéndole cabe a la campaña. Entonces pareciera no haber un cuartel central de gestión de comunicación.

¿Cuáles serían las fortalezas de Keiko?

Esa percepción de chancona que tiene la gente sobre ella podría ser cambiada a una percepción de posible mejor gestora. Creo que es más fácil convencer a la gente de que va a hacer una mejor gestión que Castillo. Bajo la premisa de que “soñar es bonito, pero gobernar es distinto”, ella podría reenrumbar su campaña.

Para un gran sector Castillo parece tener fortalezas en imagen, pero a nivel de equipo no hay mucho que mostrar, ¿qué opinas?

A los dos candidatos es muy fácil ponerlos contra la lona en un debate. A los dos. Keiko Fujimori tiene prácticamente un prontuario como para sacarle en cara, respecto a ella y a su organización política. A Castillo es fácil ponerlo contra las cuerdas con temas tan obvios sobre cómo se maneja una democracia, la separación de poderes, o qué es la inflación. Hay muchas maneras de ponerlo contra las cuerdas.

Y además ninguno de los candidatos está hablando de un tema  vital en este momento, que es el  tema de la pandemia.

Impresionante que la pandemia sea la gran ausente de la discusión entre ambos candidatos.  Como dije antes, el barco se está hundiendo y la primera clase ha polarizado la discusión hacia la ideología de quién debe dirigir nos, cuando son temas prácticos los que deben sacarnos de la des gracia. Sin desmerecer el tema ideológico, que obviamente es importante, pero parece ser que nos hemos acostumbrado a estar en emergencia. Porque esta pandemia nos va a dejar secuelas de largo plazo.

Vi que habías puesto en Twitter: “Castillo no sabe en lo absoluto cómo opera un sistema democrático y Keiko lo sabe perfectamente. He ahí lo trágico”. A ver si me lo explicas.

Me guío por evidencias. Mientras Castillo te habla de anular el Tribunal Constitucional, o no en tiende para qué existe la Defensoría del Pueblo, o sus congresistas y Cerrón dicen que van a cerrar programas de televisión o que la televisión va a ser intervenida; es decir, mientras te habla de atentados contra el sistema democrático, Keiko Fujimori es descendiente de una estirpe que ha demostrado haber copado todas las instituciones que equilibran el poder de la democracia. La conoce perfectamente. Entonces, por un lado o por el otro tienes peligro.

En segunda vuelta las propuestas y promesas de los candidatos sí van a ser tomadas más en cuenta. ¿Crees que quieran comprometerse a una hoja de ruta?

Deberían. Porque el 70% de los peruanos no quiere esta final y hay que recordárselos. La ilusión de que sean los dos que han pasado no quita que casi nadie los quería ahí. Es necesario que la ciudadanía ejerza su poder ahora, y que lo ejerza después, además, porque se vienen cinco años muy complicados.

Ese 70% que mencionas está esperando algo que los convenza de votar por uno u otro.

Así es, los debates que vienen van a ser cruciales para que muchos indecisos se convenzan o haya gente que termine de tomar una decisión. Son dos aspirantes tan débiles, tan mazamorrosos, diríamos, que cualquier descuido puede hacer que un voto a favor se convierta en voto en blanco. Tienen que esforzarse más.

En ese sentido, ¿cómo deben afrontar Fujimori y Castillo los eventuales debates que se vienen?

Al observar un debate, uno se queda con las sensaciones y no con las respuestas textuales. A Castillo le recomendaría aprenderse y reforzar ideas clave sobre gestión económica y sanitaria para remontar la pandemia. A Keiko Fujimori le recomendaría asumir su responsabilidad en la inestabilidad política que vivimos desde hace cinco años y reconocer el pasado ignominioso del cual es heredera. Esos son los puntos donde ambos son más vulnerables y atenderlos es importante porque en este debate con candidatos tan impopulares van a pesar más los errores que los aciertos.

¿Por qué en primera vuelta la izquierda más moderada, encarnada en Verónika Mendoza, no obtuvo mayor respaldo y más bien avanzó un candidato de izquierda más extrema?

A nivel mundial las izquierdas moderadas tienden a ser parte de feudos universitarios, de clases medias instruidas. No es un fenómeno peruano, pasa en Estados Unidos, en Francia. Es más probable que a (Bernie) Sanders lo aplaudan en un campus universitario que en un suburbio de Milwaukee o Detroit. Ese fenómeno también se da acá. A la izquierda moderada, más que asociarla con un libre mercado responsable, se la asocia con derechos civiles, libertades, y en un país con tanta precariedad esos discursos no calan tanto como el radicalismo que dice “no tienes nada, te lo vamos a dar”. Probablemente eso sea lo que haya ocurrido, además de que en el Perú ocurre que cualquier discurso que no esté pegado a la centroderecha es visto como radical. La brújula en el Perú sobre lo que es izquierda y derecha está tan virada magnéticamente hacia la derecha que a Verónika Mendoza le decían “terrónika” sin ningún atajo.

Personalmente, ¿cómo te sientes frente a esta segunda vuelta?

Me siento anestesiado. Y matizo eso. Anestesiado, pero soy un idiota optimista en el fondo. Pienso que en toda crisis aparece cierta oportunidad. Y la oportunidad es que estamos discutiendo cosas que no discutíamos antes, anestesiados como estábamos por este supuesto desarrollo que estábamos por alcanzar. El haber caído al suelo y preguntarnos qué paso ya es saludable. Prefiero que estemos discutiendo el ardor del dolor, a seguir sin discutir estos temas mientras estábamos anestesiados ante un falso éxito.

La primera vuelta dejó en claro una enorme polarización. Y ahora eso parece ahondarse.

Ocurrió en Estados Unidos, ocurrió en Brasil, está ocurriendo en Perú. ¿Cuál es el hilo conductor entre estas sociedades y otras de América Latina? Que son naciones que se construyeron sobre la desigualdad, que en los últimos 30 años le apostaron fuertemente a un hipercapitalismo que obvió cerrar las brechas. Y cuando una sociedad se funda sobre esos cimientos tarde o temprano el vapor tiene que escapar de la caldera. Sobre todo cuando tenemos una élite que no deja que esa frustración encuentre un cauce en democracia. Lo dijo (Julio) Cotler en un video de hace 13 años que está circulando: “Ahora tratan de extremista a Humala, esperen unos años a ver si no sale un Huaynalaya a ocupar su lugar”.

Hay sectores que se cierran en que el modelo económico es intocable.

El modelo le funciona a un Perú integrado al mundo, integrado entre sí, que en su burbuja vive en una especie de sacha primer mundo. Pero cuando sales de esa burbuja te das cuenta que el modelo, que en verdad ha sacado de la pobreza extrema a mucha gente, también ha producido una clase media engañosa que básicamente es una clase pobre con tarjeta de crédito. Decir que no toquen el modelo es hasta inmoral, te diría.