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Chile, el país del diálogo imposible

Chile vive una crisis silenciosa. La credibilidad de su clase política se desploma a pocos días de elegir a los delegados que harán su nueva constitución. Sebastián Piñera navega solitario en medio de esta tormenta.

El estallido social de 2019 fue un síntoma de algo más profundo que ocurre en la manera de hacer política en Chile.
El estallido social de 2019 fue un síntoma de algo más profundo que ocurre en la manera de hacer política en Chile.
Domingo LR

En Chile, las cifras de aprobación de la clase política son tan bajas que en lugar de material para la reflexión de científicos sociales, parecen sacadas del archivo de un ácido humorista o de una colección de memes. De acuerdo con un sondeo realizado, entre el 12 y 23 de abril, por el Centro de Estudios Públicos (CEP) de ese país, solo el 2% de los chilenos confía en los partidos políticos. Las cosas no son mejores para su Congreso (aprobado solo en 8%) y tampoco para el gobierno de Sebastián Piñera (que alcanza un 9% de respaldo ciudadano).

El 15 de mayo, los chilenos elegirán nuevos representantes.

Esto ocurre a tan solo 13 días del proceso en el que los sureños elegirán a los 155 delegados que redactarán su nueva Constitución. El escenario puede resumirse de la siguiente manera: Hoy en Chile hay un presidente aislado, incluso de sus aliados de derecha, cosa que se vio recientemente en el debate por el tercer retiro de fondos de las AFP, cuando el mandatario trató de bloquear esta demanda a pesar de las recomendaciones de la bancada oficialista de Renovación Nacional. Es más, según el sondeo del CEP, un 50% de chilenos identificados con la derecha desaprueba la gestión de su presidente. Lo dicho, Piñera navega en solitario en estos tiempos tormentosos.

Pero hay más. En el ajedrez de la política chilena también se han perdidos los modales. Como ocurre en el Perú, y quizá debido a la campaña electoral, hay una incapacidad de coordinar entre fuerzas políticas, de diálogo y de sentarse a la mesa para debatir temas urgentes. El país que se inventó a la Concertación de Partidos por la Democracia, frente que unió a socialistas y demócratas cristianos, y del que salieron figuras como Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, hoy prefiere a figuras como la diputada opositora Pamela Jiles, conocida como periodista de farándula y militante del Partido Humanista. En la encuesta del CEP, Jiles es la que consigue mayores adhesiones, con un 54% de respaldo.

El lunes 26 de abril, en su habitual videocolumna en Radio Bío Bío, el destacado periodista chileno, Tomas Mosciatti, decía lo siguiente sobre lo que vive su país: “La clase política debe ser la de más bajo nivel en toda la historia de Chile. No solo por sus capacidades, sino también por su pequeñez, por sus niveles de cinismo, por su egoísmo. Nadie reconoce nada, aunque sea algo infinitesimal, al adversario”.

El viernes, en su editorial, el diario La Tercera también expresaba su preocupación por lo que ocurre en La Moneda y el Congreso chileno y otras instituciones. “Una de las características que precisamente distinguió a Chile en el contexto regional fue la estabilidad de las instituciones y la predictibilidad de sus reglas. Pero tras el estallido social y luego con el trastorno que ha significado la pandemia, ha sido evidente que una serie de instituciones fundamentales de la República han comenzado a desdibujar su rol”.

El estallido social de 2019 fue un síntoma de algo más profundo que ocurre en la manera de hacer política en Chile.

Protesta y pandemia

¿Cuánto ha tenido que ver el estallido social de octubre de 2019 con el creciente descrédito de la clase política sureña? En realidad, la protesta de las clases medias fue un síntoma de algo que se venía gestando desde hace años, motivado por el crecimiento desigual y por una clase política que no buscaba reformas profundas.

Que hoy los partidos políticos luzcan como archipiélagos que defienden sus pequeños cotos de poder no es del todo sorprendente. “La crisis política viene desde antes del estallido social de 2019. Ya no están solamente los partidos clásicos, como la UDI, Renovación Nacional, el Partido Socialista o la Democracia Cristina. Aparecieron nuevos grupos como el Frente Amplio o el Partido Humanista. Es un tránsito a otro modo de hacer política, con más presencia ciudadana”, opina el periodista y analista Ramiro Escobar.

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