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La pandemia del cansancio

Raúl Mendoza

Las autoexigencia laboral, el confinamiento y el estrés de la pandemia agotan a la población.
Las autoexigencia laboral, el confinamiento y el estrés de la pandemia agotan a la población.

El agotamiento mental y físico, el cansancio, es también una de las secuelas que la COVID-19 está provocando desde su aparición en el mundo hace poco más de un año. El estrés, el confinamiento, la autoexigencia laboral, empiezan a causar estragos en la población mundial.

Cada tarde en que Elisa regresa a su casa después de cumplir con su jornada laboral apenas tiene ánimos para darse una ducha, comer algo y ver un rato la televisión. Después se queda dormida. Al día siguiente se despierta entre las 5 y las 6 de la mañana y empieza a prepararse para salir más tarde al trabajo -con doble mascarilla, careta de mica, alcohol- cuidando todo para no contagiarse. Está muy consciente de que el COVID-19 es hoy una presencia permanente.

Hace varios meses que ese agotamiento, mental y físico que siente, hace parte de su rutina. Además del cansancio por las actividades que realiza, el estrés de estar permanentemente alerta para evitar la posibilidad de un contagio la agota. “En el trabajo o en la calle es difícil mantener la distancia de las otras personas. Uno debe esforzarse para no olvidar que tiene que cuidarse”, comenta. Cuando vuelve a casa, es como si todo el cansancio del día le cayera encima.

Su caso no es extraño. La COVID-19 ha sumido al mundo en un gran pozo de miedo, estrés y ansiedad por lo que nos depara el futuro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha acuñado la frase ‘fatiga pandémica’ para tratar de explicar ese cansancio que nos ha cogido del cuello a casi todos. A más de un año de confinamiento, de distanciamiento, y de cuidados para evitar ser víctima del virus, el vivir en peligro nos está pasando la factura.

“Los síntomas de la fatiga pandémica son el cansancio; la sensación de agobio por los cambios en la rutina, por no ver a los familiares, por seguir recomendaciones que a veces consideramos que nos afectan; y como último síntoma la desesperanza, la sensación de que esto no va a acabar nunca y que puede generar mayores problemas”, comenta el médico neurólogo David Lira, director del Instituto Peruano de Neurociencias.

Para el siquiatra Rolando Pomalima, especializado en niños y adolescentes, en nuestro país los problemas del confinamiento se exacerban porque las familias tienen problemas económicos, los chicos -que antes iban al colegio- ahora comparten el mismo espacio de sus padres, muchos de los cuales a su vez están haciendo teletrabajo. “En el Perú hace más de un año que estamos en estado de estrés continuo. Por eso hay un gran agotamiento”, precisa.

El agotamiento mental puede a su vez provocar una serie de problemas físicos concretos. Pomalima menciona que existe un síndrome que se da entre personas que atienden a terceros con problemas, como el personal de salud, los psiquiatras o los docentes: el síndrome de Burnout, o síndrome del quemado. Un estado que se caracteriza por un progresivo agotamiento físico y mental, y falta de motivación.

“Llega un momento en que te cargas tanto que te da este síndrome que se caracteriza por una serie de somatizaciones: problemas abdominales, dolores de espalda y musculares. Problemas cognitivos, falta de concentración, disminución de capacidad resolutiva. Es decir, problemas físicos y de salud mental, asociados a cuadros depresivos ansiosos -dice-. Lo que estamos viviendo es igual que un síndrome de Burnout, pero generalizado en la población”.

El teletrabajo también se ha convertido en una razón para el estrés de mucha de la población actual. “Contra lo que la mayoría imaginaba, el teletrabajo puede ser más agobiante que ir a la oficina. Solo podemos ver y escuchar a la otra persona, pero no percibir otras sensaciones que nos ayudan a trabajar eficientemente. Y además no estamos seguros que lo hemos hecho bien y estamos a la expectativa de mejorarlo. A veces la jornada no nos alcanza para lo que debíamos haber hecho y trabajamos fuera de horario”, dice el neurólogo Lira. El doctor Pomalima plantea, por su parte, que el teletrabajo debe tener horarios establecidos para permitir desconectarnos en algún momento.

Sociedad del cansancio

A nivel mundial, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, autor del libro La sociedad del cansancio, ha llamado la atención acerca de que el cansancio, ya presente desde antes de la pandemia sobre todo en las sociedades neoliberales, se ha exacerbado desde la llegada del COVID-19. “Durante la pandemia nos sentimos incluso más agotados que de costumbre. Hasta la inactividad a la que fuerza el confinamiento nos fatiga. No es la ociosidad sino el cansancio, lo que impera en tiempos de pandemia”, dice en un artículo para el diario español El País.

El cansancio que la COVID-19 ha provocado, no debería quedarse con nosotros permanentemente. El psicólogo social Jorge Yamamoto decía hace poco que hay personas que se han adecuado mejor a las restricciones tomadas para combatir el virus y llevan mejor la situación. Otras, que siguen cuidándose y conviven con el miedo, sí sienten más la fatiga.

Byung-Chul Han, uno de los más destacados pensadores de nuestro tiempo, últimamente ha centrado su trabajo en los efectos sociales de la pandemia. El filósofo señala que una de las claves para entender el agotamiento actual es la autoexigencia que los seres humanos se han puesto como norma en las sociedades neoliberales. “Explotarse a sí mismo es más eficaz que ser explotado por otros, porque conlleva la sensación de libertad”, plantea.

En países como el nuestro esa realidad tiene que ver con la situación económica que la pandemia ha provocado: muchas personas que se quedaron sin trabajo han iniciado emprendimientos para obtener ingresos. La autoexigencia laboral se sostiene en sacar adelante su proyecto, pero causa estrés y agotamiento.

La pandemia también ha acabado -según Han- con los rituales que nos hacían felices en los tiempos previos a la llegada del coronavirus: ir al fútbol, a un concierto, al teatro, a un restaurante. Esa distancia destruye lo social. La comunicación digital -las videollamadas, el Zoom, y otras aplicaciones- a la que apelamos para acercarnos a familiares y amigos, no es completamente satisfactoria para el filósofo coreano.

“La mera presencia corporal del otro tiene algo que nos hace sentir felices”, dice.

El neurólogo David Lira dice que los humanos somos animales sociales y la inteligencia social es la capacidad que tienen las personas de relacionarse con las demás. “Esa cualidad ha disminuido con la pandemia”, apunta. Por su parte, el doctor Pomalima señala: “Lo natural en los humanos es vivir en sociedad, compartir las emociones, los afectos. Nos podemos ver por Zoom, pero no es suficiente”. Confía en que la rapidez de una vacunación pueda cambiar ese devenir.

Según Han, lo que ha ocurrido con el COVID-19 debe llevar a las sociedades a un cambio en la forma de vida. “Este es un punto de inflexión […]debemos hallar una forma de vida que nos haga inmunes al virus del cansancio”, ha dicho, mirando mucho más allá de esta pandemia.