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Rosa María Cueto: “Necesitamos que haya un manejo de la política desde el diálogo y no desde la confrontación”

Para Rosa María Cueto, somos una sociedad polarizada, con antagonismos, y requerimos autoridades que dialoguen entre ellas.

Psicóloga social, doctora en psicología, profesora principal en la PUCP. Foto: Jorge Cerdán.
Psicóloga social, doctora en psicología, profesora principal en la PUCP. Foto: Jorge Cerdán.
Raúl Mendoza

El Perú acude hoy a las urnas para elegir a un nuevo presidente y un nuevo Congreso en medio de una pandemia indetenible: las cifras de fallecidos y contagiados por la COVID-19 no paran de subir. Sobre el miedo a ir a votar, la incertidumbre ante el futuro inmediato y cómo salir de esta crisis buscando el consenso hablamos con Rosa María Cueto Saldívar, especializada en psicología política y comunitaria. Aquí su mirada sobre la campaña electoral y la sociedad peruana en pandemia.

Hace unos meses, un 40% de electores decía que no iría a votar por miedo a contagiarse. ¿Cree que ese miedo todavía está presente e influye en la campaña?

El miedo es una emoción que nos paraliza o nos motiva. Y el miedo, como la incertidumbre, la angustia, la ansiedad, es una emoción que se ha instalado desde mucho antes de la campaña, a raíz de la pandemia y de todas las dificultades que las familias han atravesado: las pérdidas personales, económicas. El miedo ha calado en la campaña, no solamente en la reacción de las personas frente al hecho de ir a votar o no. Incluso hay un debate que se armó sobre si uno se saca la mascarilla a pedido del presidente de mesa. Estamos en pleno pico de la segunda ola y lo que recibimos son noticias catastróficas. Nos aproximamos al día de las elecciones con temor al acto mismo, pero además de eso el miedo ha sido y está siendo utilizado en los discursos de campaña.

¿Usted tiene miedo de ir a votar?

Voy a ir a votar con el mismo miedo con el que salgo a comprar. Hay un sector que pone en una balanza el temor a contagiarse versus el temor de que pase cualquier cosa en las elecciones. Porque eso también se está moviendo: “Yo voy a votar de todas maneras porque si sale fulano o zutano...”. Es un miedo sobre otro.

Tenemos una doble incertidumbre ante el futuro: por la pandemia y por la elección entre candidatos que no convencen...

Lo veo así. Pero hay que considerar que en el Perú siempre ha habido un porcentaje importante de ausentismo, gente que decide no ir a votar, vota en blanco, etcétera. Eso es alrededor de un 28%. Eso refleja una realidad que ha existido siempre. Y además, hoy cuántas familias tienen un familiar internado o enfermo. Entonces creo que eso está llevando a que haya personas que decidan no salir. De hecho ya había personas que decían ”qué flojera, no voy a votar, pago mi multa”. Ahora imagínate a los miembros de mesa, que tienen que estar doce horas o más en el mismo lugar. Eso incrementa el nivel de ansiedad. Ese porcentaje grande de personas que en las encuestas aparecen como indecisos o que todavía no han decidido su voto estarían reflejando la incertidumbre que vivimos. Es probable que veamos un ausentismo mayor que en otras ocasiones.

Como nunca antes, en esta campaña han aparecido discursos con una carga agresiva y violenta.

Sí. En la política y en los procesos electorales siempre hay una suerte de juego entre la defensa y el ataque. Y se entiende que lo que debería pasar se diera en términos de propuestas. O sea yo defiendo mi propuesta, y planteo porqué la tuya es inviable y la mía es mejor. Pero, y es un poco por qué nos interesan los debates, los debates políticos en realidad no se ven solo para ver las propuestas del candidato sino para ver como uno chanca al otro...

Para ver puyas, ataques...

Y de hecho en los resúmenes que hay de los debates en las redes y noticieros lo que vemos es eso: el ataque versus la defensa. Creo que lo que está pasando ahora es una exposición de discursos radicales que apelan al temor, al miedo. En algunos casos intentando manipular la decisión, pero en otros casos porque hay candidatos que no tienen filtro. O sea que hay una postura ideológica y un sistema de creencias personal, que linda con el autoritarismo, el fanatismo, que hace que estas personas se sientan facultadas a expresar su postura, asumiendo que es la única que debería existir. Eso genera zozobra, incertidumbre, genera antivoto y también genera adherencia en algunos sectores que ven que un candidato está expresando las ideas que ellos no se atreven a decir porque no quieren quedar mal.

¿Y por qué estos discursos violentos tienen tanto éxito en algunos sectores?

Porque no son discursos nuevos. Lo que pasa es que ahora se ven en las plataformas de debate político a raíz de las elecciones. Pero son discursos que existen hace mucho tiempo. Hemos tenido una izquierda radical violenta en el pasado con Sendero Luminoso, y más recientemente tenemos un sector conservador radical en Con mis hijos no te metas. Desde sus extremos han movilizado gente y han tenido aceptación y permanecen en el discurso de sectores de la población. Entonces, no son cosas nuevas. Son discursos que hemos escuchado también en los congresistas desde hace tiempo. Lo que pasa es que ahora se presenta sin filtro y se utiliza como una herramienta para ganar adeptos y chancar al otro. Es un tema de aprovecharla coyuntura.

Los adeptos a esos discursos extremistas ya no tienen vergüenza de decir lo que piensan.

Claro, porque tienen a una persona mediática, conocida, que es un candidato que los representa. Eso legitima este tipo de discursos.

¿Y qué lectura se puede hacer del Perú como comunidad tras un año de pandemia?

La pandemia mostró la precariedad del sistema de salud, el económico, el social. Nos ha costado mucho entender por qué había gente que no hacía cuarentena. No sabíamos el porcentaje tan grande de personas que no tienen refrigeradora. Recién nos hemos dado cuenta de que hay tanto niño, niña, sin acceso a internet. Sectores acomodados están aprendiendo recién qué pasa con el país. Hablar del Perú como comunidad es algo que estamos tocando recién ahora. El concepto de comunidad lo hemos escuchado de boca de autoridades, de líderes de opinión, de académicos y de la gente, pero es una cosa nueva. Ahora, ¿como entendemos comunidad? He ahí el detalle. Desde la psicología hay una construcción de comunidad que tiene que ver con la vinculación subjetiva que tengo yo con otras personas con las cuales comparto situaciones de vida, proyectos comunes, que me protegen, que me van a apoyar si necesito algo, con las que comparto emociones. Hay una serie de dimensiones de la comunidad subjetiva. Pero arrastramos como país una historia que nos habla de todo lo contrario. Hemos partido construyendo, acuérdate, una república de indios versus una república de españoles. Ahora son los blancos con los no blancos, los peruanos con los venezolanos, los progresistas con los conservadores, los de Lima con las provincias, los de ciertas partes de Lima versus otras zonas. Siempre ha habido una construcción de uno en razón de lo diferente que soy de los otros. Así nos hemos considerado como sociedad. Entonces el que ahora se nos pida pensar como comunidad es un desafío como país. Es más un anhelo que una realidad. Pero además estamos ante una pandemia que es global. Lo que yo haga o deje de hacer tiene un efecto en otras personas. Y lo que otras personas hagan tiene un efecto en mí. Entonces, mientras no comprendamos eso, la comunidad se va a quedar como un anhelo. Nos suena vacío porque no hemos actuado nunca como una comunidad a nivel país.

La salud mental ya era un problema antes de la pandemia, ahora es un problema serio en este momento y hacia el futuro.

Sí. Hace poco salió un estudio acerca de que ya hay evidencia de cómo el haber sido afectado por la COVID-19, incluso leve o moderadamente, tiene un efecto en la salud mental de las personas. Inclusive a nivel neurológico y de pérdida de memoria, además del estrés, la ansiedad y lo que puede generar a nivel emocional. Pero también está el efecto de las familias que han perdido a alguien y no lo han podido enterrar, los que hacen duelos inconclusos, las pérdidas económicas importantes que han generado niveles de estrés. El estrés sostenido un año es un estrés que tiene un efecto importante en la salud mental. Hay una agudización de otros problemas de salud mental que no han sido bien atendidos. Ha pasado con la gente que tenía problemas de salud mental antes, que no han estado recibiendo tratamiento. La salud mental ya la estamos viendo como una dimensión de la convivencia, que justamente es aquello que se afecta en situaciones de crisis. Además del oxígeno y las camas UCI, la salud mental tendría que ser una situación a atender desde ahorita. En COVID-19, además de la terapia física, se necesita terapia psicológica. Y además se debe cuidar al recurso humano que trabaja en salud mental. Y yo no he escuchado de boca de ningún candidato una propuesta seria en términos de salud mental.

¿La polarización, la crispación, que ha ocurrido por la campaña electoral va a quedar atrás una vez que pase la segunda vuelta y tengamos nuevo presidente?

Nunca hemos sido una sociedad armónica. De repente ya no nos estaremos mechando por el candidato A o B, pero no sé, habrá una movilización feminista y se va a evidenciar una polarización, habrá una movilización de la comunidad LGTBQ y va a haber gente del otro lado. O va a haber un problema minero, violencia, y habrá voces a favor y en contra. La sociedad peruana es una sociedad polarizada, con antagonismos. Lo que pasa es que como tenemos que vivir al día y tampoco hay grandes movilizaciones como en otros países, la efervescencia se da en elecciones. Quizá por la pandemia algunos de pronto seremos un poquito más empáticos, pero no más que eso.

¿Cómo podemos superar juntos la crisis sanitaria y económica?

Justo lo que requerimos es que nuestras autoridades dialoguen entre ellas. Es decir que haya un modelo de manejo de la política desde el diálogo y no desde la confrontación. A partir de ver que nuestras autoridades dialogan, conversan, concertan, consensuan, es que la sociedad tendrá un modelo a seguir. Los modelos políticos que tenemos son modelos de confrontación, de agresión, de descalificar. Y si tenemos que las autoridades tienen el espacio para expresarse de esa forma, y lo hacen a veces impunemente, uno asume que es legítimo expresarse o comportarse así. Si ese es el modelo que tenemos, así es como actuamos como sociedad. Creo que tiene que concertarse no solo para que se pueda gobernar, sino porque estas personas tienen que darse cuenta que, de alguna forma, modelan la forma en la que convivimos como sociedad.

En una situación como esta, de pandemia, de crisis se debería tener una estabilidad, acuerdos. Parece que los políticos no lo están entendiendo así.

Exacto. Incluso estamos desarrollando unos estudios en la universidad justamente sobre el tema de la solidaridad versus la transgresión. Cuáles son las razones que nos llevan a ser solidarios y cuáles nos llevan a transgredir. El vacunagate, por ejemplo, ha sido un golpe a la moral nacional...

Nos decepcionó a todos

Claro, si tu ves que alguna gente que está en el poder actúa así, no dialoga, se aprovecha, entonces algunos se dicen: “¿Yo por qué no lo voy a hacer?”. Si todos lo hacen. Hay la idea de que lo que hago yo es tan chiquito, que no tiene un efecto grande. Pero no nos damos cuenta de que a nivel social todos somos parte de un engranaje. El hecho de que haya gente a la que le va mal, a la larga puede impactar en mi vida. Por ejemplo, el bloqueo de carreteras. Hay un sector muy lejano a mí, que estoy en mi casa en Miraflores, que son los agricultores, o los ganaderos, superlejos de mí. Tendrán sus problemas, qué me importa. Pero si bloquean la carretera se encarece todo. Entonces sí me afecta a la larga. Pero no pensamos como comunidad.