Parte de Guerra: Con Miller en Caucato

Domingo LR

Las Memorias del general Miller al servicio de la República del Perú son una de las lecturas obligadas de la guerra de la independencia. Al fallecer el militar británico en el Callao, en 1861, se
hallaron dos proyectiles alojados en su hígado y 22 heridas de guerra.
Las Memorias del general Miller al servicio de la República del Perú son una de las lecturas obligadas de la guerra de la independencia. Al fallecer el militar británico en el Callao, en 1861, se hallaron dos proyectiles alojados en su hígado y 22 heridas de guerra.

Finales de marzo de 1821. Al mando de San Martín, el teniente coronel Miller acaba de desembarcar en Pisco y de establecer su centro de operaciones en la hacienda de Caucato. Aquí el reporte sobre el Gran Mariscal del Perú, uno de los británicos que más influyeron en nuestra independencia.

Escribe: Mauricio Novoa *

En este diario reportamos que el pasado 13 de los corrientes, el teniente coronel Guillermo Miller, del Ejército de los Andes, se embarcó en Huacho hacia el sur –destino desconocido– con el propósito de “interrumpir las comunicaciones del enemigo”. Llevaba consigo un contingente de medio millar de soldados de a pie y una centena de hombres a caballo. Hace poco más de una semana, el 21 de marzo, obtuvimos la confirmación de su exitoso desembarco en Pisco.

Hoy podemos reportar que el batallón número 4 de Chile ocupa esta próspera villa, cuya fama en la producción de vino y aguardiente fue reconocida por el viajero francés Julien de Mellet en 1815. Sabemos también que Miller, junto con su Estado Mayor y cuerpo de caballería, tienen como centro de operaciones la hacienda de Caucato, abandonada por Fernando del Mazo, su dueño, cuando se supo del inminente desembarco. Nadie puede culpar al hacendado. Son tiempos de incertidumbre. Es difícil tomar partido entre un ejército que zarpó de Valparaíso al mando de un rioplatense y otro comandado por un espadón levantisco que acaba de deponer a su excelencia el virrey.

Mauricio Novoa *

A continuación, ofrecemos una crónica del encuentro sostenido con Miller, uno de los oficiales más dinámicos de José San Martín y estrella en ascenso del Ejército de los Andes.

Llegar a Caucato toma poco más de una hora a caballo desde Pisco, bajo la sombra de viñedos y frutales. Es evidente el descuido de los campos. La mitad de los esclavos huyó y muchos fueron levados por ambos ejércitos. La casa principal es una elegante fábrica rodeada de almacenes, una capilla y un patio empedrado con dos imponentes árboles al medio, plantados el siglo pasado.

En la galería de la casa nos encontramos con un hombre joven de estatura mediana, mirada encendida y pelo colorado, acaso el único rasgo físico que delata su origen británico. Tiene 25 años y es veterano de la guerra de independencia española o peninsular (1808-1814), como él prefiere llamarla. “Me enlisté a los 16 años con un sargento de artillería que pasó por Wingham, mi pueblo, reclutando jóvenes”. Cuenta que unos meses después estaba en un buque navegando hacia Portugal para integrarse al ejército del general Wellington. “Apenas lo vi de lejos una o dos veces. Me llamaron la atención su acento irlandés… y que tuviera, como yo, una gran nariz”, comenta con franqueza. “Pero debo admitir que Old Nosey (el viejo narigón), como le decíamos cariñosamente, siempre fue inmensamente popular entre la tropa, así como obsesivo con la logística, algo que, solo después de cruzar los Andes, aprendí a valorar”.

El comandante Miller lleva la camisa remangada; viene recuperándose de unas fiebres y usar la chaqueta de lana azul reglamentaria del Ejército de los Andes le es imposible (“hace unos años eso me hubiera costado un par de latigazos”, indica riéndose). El fresco de la galería, y los nísperos y limones rellenos, compensan el calor de mediodía. Se excusa por la vajilla despostillada; los dueños se llevaron casi todo el servicio, los muebles y los enseres, comenta.

Mientras un lacayo (probablemente muy viejo para emprender la huida) nos ofrece una copa de aguardiente, Miller nos explica que, gracias a la experiencia en las guerras de España, América del Sur no le fue del todo ajena. “En los meses de viaje hacia Buenos Aires pensaba que me encontraría con esos personajes emplumados que aparecen en las Indias galantes de Rameau, pero, lo and behold, me encontré con pueblos y paisanos más bien españoles en sus usos”. Y, si bien confiesa que a muchos de sus camaradas británicos les costó acostumbrarse a los modos de estas tierras, en su caso solo le llamó la atención la gran presencia de esclavos en las haciendas y ciudades costeñas. “Creo que la promulgación del Slavery Trade Act de 1807 por la cámara de los comunes dice al mundo que esta horrenda práctica debe terminar”, afirma.

Preguntado sobre los rumores en torno a las negociaciones entre San Martín y el virrey José de La Serna, contesta, casi con un tono irónico, que no le sorprendería. “Yo estaba en la base del escalafón militar mientras serví en España, pero por las listas de revista e informes que recibo, entiendo que muchos de los actuales mandos de ambos ejércitos pelearon juntos en las guerras peninsulares. A propósito de la campaña en Chile, y ahora aquí en Perú, el propio general San Martín me ha señalado todos los oficiales que combatieron con él o que conoció en España, cuando el enemigo común era el tirano Bonaparte. Por eso estoy convencido de que, de no instalarse odios jacobinos, podríamos llegar a un acuerdo”.

Regresamos a Pisco al final de la tarde. Miller nos acompañó a caballo al menos una braza saliendo de Caucato, justo cuando la “paraca” estaba por empezar. En el camino nos contó que San Martín le había encomendado organizar una unidad militar que refleje las reformas introducidas en la última guerra europea, tanto en uniformidad como en doctrina. Nos adelantó que la infantería tendría una compañía de granaderos a la usanza napoleónica y con gorros de piel de oso, y otra de fusileros a la usanza británica con vivos de color verde oscuro (rifle green). Para la caballería tenía pensado un regimiento de húsares, considerando su exitosa performance en el ejército de Wellington, que use gorro de piel y pelisse sobre los hombros.

Como ocurre con muchos súbitos de su Majestad Británica, se despidió casi sin mediar palabra y regresó cabalgando a la hacienda. Al terminar esta nota, San Martín mantiene a su ejército acantonado en Huaura, desde donde ha establecido un gobierno paralelo, despachando órdenes y reglamentos para todo el Perú. Lord Thomas Cochrane tiene bloqueado el Callao. Juan Antonio Álvarez de Arenales está en la sierra central. Son tiempos de incertidumbre y, como ocurre en Pisco, los peruanos prefieren no salir de casa.

(*) Decano de la Facultad de Artes independencia del Perú, 2016. Contemporáneas, Ciencias Humanas y Educación de la UPC, es uno de los autores del libro de ensayos Miller. Militar, político y peruanista 1795- 1861 (Asociación Cultural Peruano Británica 2019).

Cronología de la independencia del Perú 1821

29 de ene. Dieciocho jefes realistas, en Aznapuquio, conminan al virrey Pezuela a entregar el mando al general José de la Serna y a dejar el Perú en un plazo de 24 horas. El virrey dimitió.

12 de feb. En Huaura, San Martín dicta un reglamento provisorio. El territorio libre es dividido en cuatro departamentos: Trujillo, Tarma, Huaylas y la Costa, que después tomó el nombre de la capital.

13 de feb. Se publica el periódico realista El triunfo de la Nación hasta el 29 de junio. El editor fue Guillermo del Río.

17 de mar. En Paita, los patriotas capturan el buque Sacramento.

21 de Mar. El coronel Guillermo Miller desembarca en Pisco para iniciar sus correrías en la costa central y sur del Perú.

7 de Abril. Victoria bolivariana de Bomboná.

21 de Abr. Llega al Perú el comisionado español Manuel Abreu. Segunda campaña de Álvarez de Arenales a la sierra.

Fuente: M. Guerra, coord., Cronología de la independencia del Perú, 2016

Edición y coordinación: Marco Zileri. Diseño: Brian Tejeda.

Fuente de ilustraciones: Two Young Girls at a Window (Olufsen Svensson 42), 1924 de Peter Ilsted. El Pisco, colección: colores de mi región de Walter Julio Ramos García. Capitulación de Ayacucho, 1924 de Daniel Hernández