El COVID que no acaba

Raúl Mendoza

El 'COVID persistente' afecta pulmones, corazón y otros órganos, varios meses después del contagio inicial.
El 'COVID persistente' afecta pulmones, corazón y otros órganos, varios meses después del contagio inicial.

Muchos pacientes de COVID-19 que han superado la enfermedad siguen teniendo síntomas similares varios meses después del alta. A más de un año de la aparición del coronavirus, todavía hay nuevas líneas de investigación de la enfermedad.

Eloy Jáuregui es un reconocido escritor y autor de varios libros de crónica periodística. Justamente, mientras reporteaba para un nuevo libro, esta vez sobre el COVID-19, el virus se metió en su cuerpo. Era abril de 2020 y la enfermedad lo mantuvo postrado dos meses y medio. Necesitó oxígeno, estuvo muy mal, pero superó lo peor antes de llegar a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

A Eloy le dieron de alta en junio, pero hoy, diez meses después, sigue sufriendo un conjunto de síntomas que los médicos de todo el mundo han catalogado como Síndrome de COVID persistente, COVID crónico, o Secuela Post-Aguda de SARS-COV2 (PASC). O simplemente COVID largo.

Cada mañana, entre las 6 y las 8 a.m., Eloy sale a caminar una o dos horas para fortalecer los pulmones. También cuenta que el corazón se le ha agrandado. Se agota con cualquier esfuerzo físico. Tiene inflamación de las articulaciones, y sus riñones y su sistema digestivo no funcionan bien. De vez en cuando tiene fiebre y se le va horas después.

“Cuando me da fiebre me digo: caray, me volví a contagiar. Pero me hacen la prueba y salgo negativo. Antes de tener COVID-19 no tenía ninguna de estas afecciones, pero ahora es como si cada día apareciese un nuevo síntoma, un nuevo dolor”, cuenta Eloy. También tiene problemas para dormir y ansiedad por su deterioro físico. “Mi cuerpo no me responde”, dice.

COVID largo

Así han llamado investigadores y médicos al conjunto de síntomas que los pacientes de COVID-19 continúan experimentando semanas o meses después de que se recuperaron de la infección inicial. Usualmente quienes tienen este ‘virus prolongado’ sufren de fatiga, dificultad para respirar, confusión mental, trastornos del sueño, fiebre, síntomas gastrointestinales, ansiedad o depresión.

Los estudios indican que, en varios casos, los nuevos síntomas pueden surgir después de la infección o evolucionar con el tiempo. También pueden ir de leves a incapacitantes. Ha sido el doctor Antonhy Fauci, coordinador en salud de EEUU, el que creó el acrónimo para esta condición: Secuelas de la infección aguda por el SARS-CoV-2 o Post-acute sequelae of SARS-CoV-2 infection (PASC, por sus siglas en inglés).

En agosto de 2020, investigadores asociados a la Universidad de Oxford, en Inglaterra, realizaron uno de los primeros estudios en el mundo y propusieron dos tipos de condiciones tras la infección: el COVID-19 prolongado y el COVID-19 crónico. En ambos se comprometen varios sistemas del organismo y pueden aparecer incluso tras un caso relativamente leve. El COVID-19 prolongado sería el que se extiende más de tres semanas desde los primeros síntomas, y el COVID crónico el que dura más de cuatro meses después.

En el Perú, el Colegio Médico (CMP) publicó en diciembre pasado, en el Acta Médica Peruana, el estudio “¿Enfermedad prolongada o secuela posCOVID-19?”, en donde los médicos Augusto Tarazona, Erik Rauch, Orlando Herrera y Eden Galán-Rodas, hallaron que en el grupo de estudio -43 personas- los síntomas persistían por más de 4 semanas.

“El aparato respiratorio es el más afectado, seguido de problemas neurológicos, otorrinolaringológicos, musculoesqueléticos, digestivos y psiquiátricos”. También señalan que incluso pacientes con formas leves o moderadas pueden sufrir estas secuelas.

Estudios mundiales indican que un 10% de los pacientes que superaron la infección hoy podrían sufrir esta condición. El periodista Eloy Jáuregui es uno de esos casos. Desde su casa y por teléfono nos dice: “Hoy siento que el virus me está haciendo pagar por haber sobrevivido”.