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Segunda ola de inventos

Raúl Mendoza

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Casco protector con filtros para purificar el aire que respira quien lo usa.
Casco protector con filtros para purificar el aire que respira quien lo usa.

Ante la crudeza con la que ataca el virus, ingenieros peruanos diseñan nuevos equipos para proteger a las personas. Aquí tres de ellos: un prototipo de casco protector; el regulador de oxígeno llamado Wayrachi; y un laboratorio móvil de diagnóstico que funciona con energía solar.

Es un casco de acrílico transparente, que pesa un kilo 800 gramos y tiene un parecido con el que usan los astronautas. Sus diseñadores empezaron a pensar en él cuando, hace más de un año, empezó a correr la noticia de que un virus nuevo y letal, aparecido inicialmente en China, empezaba a extenderse sin remedio por el planeta.

El ingeniero biomédico Jhon Hurtado explica que cuando llegó la pandemia al país, él se percató que la mayoría de expertos ponía su atención en los ventiladores mecánicos que se iban a necesitar por si los pacientes se agravaban.

“Muchas universidades e instituciones empezaron a desarrollar ventiladores mecánicos, así que nosotros quisimos cerrar el círculo de protección con quiénes cuidan a los pacientes. El virus es muy contagioso y buscamos proteger al personal de salud que trabaja en entornos hospitalarios. Así nació nuestro casco, que llamamos Protectol”, dice.

El prototipo funciona con filtros delanteros que permiten pasar aire limpio al interior de la burbuja. Luego se extrae el CO2 o el aire que respira quien lo usa, a través de un filtro con motor que limpia ese aire antes de devolverlo al ambiente. También tiene un sensor que se usa en la oreja para medir en tiempo real la temperatura, frecuencia cardíaca y saturación de oxígeno del usuario del casco.

Según sus diseñadores, los ingenieros Jhon Hurtado y Francisco Oliveros, no se necesita usar tapabocas con el casco porque los filtros cumplen la labor de protección. También lo diseñaron para que este descanse sobre los hombros, se ajuste al cuerpo y sea fácil de usar a pesar de su peso.

Hoy tienen dos prototipos con pequeñas diferencias entre uno y otro en su diseño. Hurtado cuenta que aunque lo presentaron a concursos y autoridades en el Perú, no han recibido apoyo para producirlo. Más bien comenta que lo presentaron en Bolivia y Colombia, y en el primero de esos países quedó abierta la posibilidad de hacerlo.

“Hemos hecho el casco con inversión propia y la participación de otros ingenieros del laboratorio Sinebi. Creemos que esta tecnología es una opción más para entornos hospitalarios y quizá en uno o dos años pueda tener acogida en otros países”, comenta Jhon Hurtado. En tanto, su prototipo espera a quien quiera probarlo.

El equipo tiene filtros para purificar el aire que respira quien lo usa.

El Wayrachi

El regulador de oxígeno de alto flujo, conocido en el Perú como Wayrachi, ha salvado numerosas vidas en los hospitales donde es usado. No es un diseño original peruano, sino que fue creado en Inglaterra para personas con problemas respiratorios en su sistema de salud público. El equipo evitaba que los pacientes necesitaran de ventilación mecánica.

Tres ingenieros mecánicos peruanos, Camilo Parra, Fernando Sato y Daniel Akamine, supieron de este dispositivo y, desde un inicio, tuvieron claro que lo necesitábamos para combatir el COVID-19. Ellos le pidieron los planos a la University College of London para fabricar ese equipo en el Perú. La institución liberó el diseño y ellos se dijeron: “Lo vamos a replicar “.

“Una vez que lo hicimos empezamos a tocar puertas. En hospitales del Minsa, de Essalud, para que utilicen el equipo, para que vean que funcionaba y podamos conseguir ayuda para hacer más wayrachis. Nunca la ayuda vino del gobierno sino de privados”, cuenta Camilo.

Fue un médico del hospital Almenara, Enrique Durand, quien vio el potencial del regulador de alto flujo, lo probó y lo bautizó como Wayrachi, palabra quechua que en español significa “ventear” o dar aire. Uno de estos equipos puede dar al paciente de 30 a 60 litros de oxígeno por minuto a través de una máscara, lo ayuda a respirar y abre los alveolos. Es, además, un sistema no invasivo.

“Este equipo cubre la brecha entre un paciente que entra con una baja saturación y necesita un ventilador mecánico. El wayrachi entra en el medio: es un regulador de oxígeno que genera alto flujo y puede evitar que llegue a UCI. También ayuda a que muchos pacientes salgan del ventilador y asi se libera una cama”, explica Parra.

A la fecha, los tres ingenieros han donado 530 wayrachis a 40 hospitales de todo el país. El único requerimiento del regulador es que requiere de oxígeno, un recurso que por estos días sigue siendo escaso.

Camilo Parra también señala un hecho que podría poner en peligro la donación de 300 wayrachis más a otros hospitales peruanos: “Durante el 2020 este equipo estaba en la lista de la Digemid entre los que no requerían licencia o registro sanitario. Pero en la lista que salió el 12 de enero de este año sí se requiere un regitro sanitario. Tenemos 300 equipos donados por empresas y personas que quieren seguir ayudando pero que no podemos entregar porque ahora ya no tendrían licencia”.

Explica que van a ver cómo superar esa traba burocrática, pero lo apena que se tome esa decisión justo en momentos tan duros para los pacientes.

El laboratorio móvil de COVID-19 funciona con paneles solares.

Laboratorio itinerante

El ingeniero ambiental de la Universidad Nacional Agraria La Molina, Jean Poll Alva Araujo, lidera un proyecto junto a Ruddy Cabrejos Ramos (egresado de Física de la UNI), para crear un laboratorio que puede ser fijo o itinerante, alimentado con paneles solares, donde se pueda realizar pruebas de diagnóstico de COVID-19 utilizando el Método de Amplificación Isotérmica Mediada por Bucle (LAMP), prueba molecular que no requiere equipos complejos.

Se trata de un laboratorio que, por su pequeño tamaño, puede funcionar en zonas rurales. Es una alternativa sostenible que garantiza una detección rápida y efectiva de infecciones por SARS-CoV 2 en lugares remotos del Perú. Este punto de atención, consiste en un sistema compuesto por dos módulos plegables con tres áreas interiores bien distribuidas para garantizar un procesamiento adecuado de las muestras, y un fácil transporte e instalación.

Las pruebas realizadas por los dos investigadores mostraron que el sistema fotovoltaico o de paneles solares proporciona autonomía y estabilidad energética al pequeño laboratorio, siendo más eficiente en climas de zonas andinas.

“La implementación de este sistema en zonas periurbanas y rurales de Perú permitirá realizar 200 pruebas moleculares por día, solo considerando 6 horas de trabajo. [...]Dado que la literatura especializada no reporta ningún trabajo con un punto de atención para las pruebas de Covid-19 con LAMP, este diseño sería el primero en Perú, e incluso, dado que este sistema funciona con un sistema fotovoltaico Off-grid (fuera de la red de energía), puede asumirse que sería el primero a nivel mundial con estas características», destaca Jean Poll Alva.

Es otra propuesta, y una buena alternativa en tiempos que los laboratorios están lejos de algunas regiones que han sido muy castigadas por el virus.