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Tony Succar : “Yo me volví productor porque nadie me llamaba para ser percusionista en sus bandas”

PROYECTO.	El exitoso productor musical, ganador de dos Grammy y jurado de Yo soy, sueña con un disco en salsa que una las voces y talentos de todas las intérpretes peruanas de ese género. 
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PROYECTO. El exitoso productor musical, ganador de dos Grammy y jurado de Yo soy, sueña con un disco en salsa que una las voces y talentos de todas las intérpretes peruanas de ese género. •
Emilio Camacho

Es la medianoche del miércoles 27 en Lima y Tony Succar no duerme. Hace tres horas, el presidente Francisco Sagasti ordenó la cuarentena general en la ciudad, y el músico y productor, ganador de dos Grammys, conversa sobre esta situación con las personas que lo siguen por Instagram. Es algo nuevo para él. La cuarentena puede forzarlo a permanecer en el Perú más tiempo del que había planeado. Y la verdad es que nunca ha pasado mucho tiempo en el país. Se fue a los dos años a los Estados Unidos, allá hizo su carrera musical, y volvió a conectarse con el Perú tras su éxito como productor. Son cosas en las que anda pensando hasta que una llamada de Gian Marco, lo saca de sus cavilaciones. Ambos, cantautor y productor, a la una de la madrugada, empezarán una transmisión en vivo que será seguida por miles de internautas con insomnio. Hablarán de sus carreras, del éxito, del amor por la música. Es la charla de un músico veterano y un percusionista que ha vuelto a sus orígenes. La cosa continuará hasta las dos de la madrugada, con un concierto casero de Gian Marco, que Tony alentará con emoticones en los comentarios de Instagram. Ocurre siempre. La noche suele unir a los talentos.

Tony, ¿cuántas horas al día puedes estar alejado de las redes sociales?

Es difícil. Yo puedo estar trabajando en la computadora y de pronto agarro el teléfono. O en el carro, me pasa lo mismo. Es como si no hubiera nunca un momento de meditación y silencio, no existe. Y las redes sociales han hecho eso, se han apoderado de todos esos momentos.

Para un periodista es fantástico, porque registras en Instagram o en YouTube todo lo que haces, hay mucha información sobre ti, pero mi duda es si no te cansas de toda esta virtualidad.

Hay veces en las que uno se cansa. Pero, es que yo he llegado a un punto en el que las redes son parte del día a día, es como el trabajo de uno. Ya le agarré el gusto y lo disfruto, porque veo que alegro a la gente con música, o con algo cómico. Para mí es importante inspirar a la gente. Además, de alguna manera, todos mis éxitos han sido por las redes sociales. Yo nunca hice una promoción fuerte, porque nunca tuve el dinero.

Y todo lo tuyo se difundió gracias a las redes.

Gracias a la gente que da vida a las redes sociales. Así ha sido para mí.

Uno de tus videos más vistos el año pasado, en tu vlog de YouTube, es el en el que cuentas que te has contagiado de COVID. ¿Ya tienes claro cómo te contagiaste?

Sí, claro.

¿Qué pasó?

Yo estaba en Miami, en mi estudio, estábamos grabando mucho. Y todos usábamos máscaras. Pero llegó un punto en el que nos cansamos de ellas. Además, ninguno de nosotros se había enfermado. Así que a veces nos las sacábamos y nos hacíamos un selfie. Hasta que llegó un cantante a grabar unos coros al estudio. Grabamos, pasó un día y el tipo me llama y me dice: Tony, tengo malas noticias. Y me manda su prueba de COVID positivo. Le dije: ¿Qué es esto? Y me dice que me haga la prueba. Y di positivo. Tres personas dimos positivo en el estudio, por una persona que no sentía ningún síntoma. Allí aprendí mi lección. Ya no me saco la máscara para nada.

Tú vives en Miami, ¿sientes que la gente en esa ciudad actuó con responsabilidad?

Yo creo que en Miami la gente fue muy irresponsable. Aunque también hay gente que se cuida. Mi esposa es una de ellas. Usa triple máscara, es muy cuidadosa. Mi madre también. Pero otros no tanto. Y uno lo ve. En Año Nuevo hice mi primer show después de que empezó la pandemia. Me llamaron del Ritz Carlton de Miami Beach, un hotel de lujo, y habían alrededor de 500 personas.

¿Con las máscaras?

Comenzaron con las máscaras, pero al final de la noche todo el mundo se fue al frente de donde estaba la banda, sin máscaras, gozando, fue una locura. Y nosotros estábamos todos con máscaras.

Ustedes eran los más cuidadosos.

Sí, imagínate. Miami ha sido muy difícil. Y creo que por eso La Florida es uno de los estados con más contagios, es el tercero. Está primero California y después Texas. Mira, uno de mis mejores cantantes, Kevin Ceballo, joven, unos 41 años, está ahora en el hospital, con COVID.

Caray.

Sí, su situación es complicada. Oramos mucho por él. Gracias a dios, está reaccionando al tratamiento. Pero imagínate que se hubiera enfermado aquí, que no hay camas ni oxígeno.

Hablemos de cosas más alegres, de tu formación como músico. Trataste de ingresar a la Universidad de Florida como futbolista, como deportista calificado.

Yo quería jugar fútbol y entrar a la universidad. Y primero quise estudiar Ciencias de la Computación, porque yo quería hacer plata. Yo quería hacer software, computadoras. Yo quería ser Bill Gates, pensaba en el billete y punto. Pero no me aceptaron en el equipo de fútbol.

¿Eres muy malo?

No, hermano. La verdad es que yo era un jugador muy hábil, con mucho talento, pero había cosas que no me ayudaban en el fútbol que se juega allá, que es muy físico. Son cosas basadas en tu estatura, en el peso. Es un fútbol más brutal. Ellos no juegan con el balón. En una práctica de tres horas, tocan el balón ocho minutos. Lo suyo es correr y correr. Y yo no era ese tipo de jugador. Y tampoco es que me quisiera poner en situación de alto riesgo, donde me pudiera romper la nariz, que es algo que me pasaba mucho. De pronto saltaba, y había encima mío dos o tres monstruos. Yo quería hacer el juego bonito, tocar, repartir, pero no funcionó.

¿También dejaste la computación?

Entré a la computación, pero no me gustó. Era súper aburrida. Así que mi papá me recordó que la universidad también tenía una escuela de música y que por allí podían ir las cosas.

Antes de llegar a la escuela de música. Te gusta el fútbol, pero qué clase de hincha eres. ¿Has gritado más los goles de Landon Donovan para Estados Unidos o los de Guerrero para el mundial de Rusia?

No, olvídate, los de Perú. Nunca conecté con la bandera de los Estados Unidos de esa manera, al menos en el fútbol.

¿No te gusta la MLS?

Jamás. Parecía que jugaban en el parque, no sé, no había calidad. Era un desorden horrible. Se hacían autogoles como locos. Aunque ahora el nivel ha subido, pero nunca conecté con la MLS. Y acá era otra cosa. Mis primos eran hinchas de Cristal y yo también, celeste siempre, por su influencia.

Volvamos a la universidad. Cuando quisiste entrar a la escuela de música, audicionaste con la orquesta de latin jazz aunque no sabías leer música.

Uf. Tuve mucha suerte. Ese fue el día más lechero de mi vida. Lo que pasa es que cuando audicionas en una escuela de música de los Estados Unidos, requieres de un nivel muy alto. Y la verdad es que yo no estaba preparado, pero me arriesgué. El día que fui no estaba el profesor de batería. Allí tú no audicionas como timbalero o conguero, eso no existe. La percusión latina es un curso más, pero el instrumento principal es la batería. Y yo no era tan buen baterista, lo hacía bien con la música latina, pero no tenía buen jazz ni buen funk. Así que entré. Y como no estaba el profesor, me dijeron que fuera con Mike Porta, el director de la escuela de jazz, para ver cómo podía hacer, que a lo mejor audicionaba con él. Lo busqué en el cuarto 110, donde estaba ensayando con la banda de latin jazz. Entré, el tipo volteó, como diciendo quién es este tipo, y no me hizo caso. Le tuve que decir que iba a audicionar, pero me respondió que no podía porque estaban ensayando.

Eran temas de Arturo Sandoval.

El repertorio de Arturo Sandoval, porque iban a tener un concierto con él. Insistí y me dijo: Bueno, tenemos cinco minutos para audicionarte. Siéntate en la batería. Y yo pensaba para mí: Qué voy a hacer con estos monstruos que están ensayando a Arturo Sandoval, que es lo más grande que existe. Me dice: vamos a audicionarte con una sola cosa, que es lo que más calificamos acá, el sight reading. El sight reading es lectura a primera vista, te llega la música, la abres y listo. Tienes que tener un nivel de lectura bárbaro.

Y tú estabas perdido.

¡Yo no sabía leer ni una nota! Para mí todo eso estaba en chino, pero qué iba a hacer. ¿Les decía que no sabía leer? Me iban a botar. Para mí suerte, cuando sacaron la música, el tema era Iracuba, que se me hacía familiar. Le pregunté al conguero.

Para que te la tarareara.

“Esto va así”, me dice. Brother, ese tema lo había escuchado mil veces. Lo tenía fusilado en el oído porque a mí me gusta el latin jazz. Lo toqué, y aunque no lo hacía bien técnicamente, me hacía que la leía. Y el director me veía y pensaba: este tipo tiene muy buena lectura. Paró la banda a la mitad. Me dijo: olvídate, estás aceptado. Además, me ofreció una beca para seguir en la escuela de música. Brother, estaba metido en un problema.

¿En qué momento les dijiste que no sabías leer música?

¡Al día siguiente! Mis clases ya empezaban, y cuando llegó el profesor de batería me pidió seguir con unos libros que eran pura lectura. Allí le conté todo. “Mentí un poquito”, le dije. El hombre era un alemán, muy recto. Me dijo: Tony, tengo que reportarte, no puedes entrar en la escuela de música. Le rogué. Le dije que iba a ser el mejor estudiante que iba a tener en su vida. Creo que allí lo moví. Me dio una semana para aprender lo que un baterista debe aprender en seis meses.

¿Y pudiste hacerlo?

Sí, durmiendo cuatro horas por día. Vivía en la universidad, en las salas de ensayo, dormía y comía allí. A la semana, el profesor se sorprendió. No sé cómo has hecho, me dijo.

Eras como el protagonista de la película Whiplash.

Yo pienso que cuando tenga ochenta años debo hacer una película para contar todo esto que me ha pasado. Siempre que me han dicho que no voy a poder hacer algo, he usado eso como una lancha para lanzarme a la batalla. Piensa que conseguí las licencias de Michael Jackson, que era algo que parecía imposible.

¿Cómo eras de adolescente? ¿Eras un chico interesado por la salsa o preferías la música de Túpac Shakur?

¡Wow! Esa pregunta. Cuando yo era adolescente no escuchaba música tropical o latina. Esa música estaba en la casa, pero en ese tiempo yo no la hubiera puesto. Yo a los 13 años empecé en la banda de mi papá y mi mamá, tocando temas del Gran Combo o de Oscar D’León, o Bossa Nova, o Juan Luis Guerra. Pero lo que a mí me gustaba era lo que oían los chicos del colegio público. Y en mi colegio, la mayoría eran afroamericanos. Había mucho hip hop, rap. Y allí estaba Túpac, BJ, DMX, Jay-Z. Y yo quería ser rapero. Me gustaba hacer beats. Luego conocí al papá de un novio de mi hermana, Edwin Bonilla, que es uno de mis timbaleros favoritos, tocó con Gloria Stefan. Él me regaló uno de sus discos. Me acuerdo que lo quemé en el Discman. Era salsa vieja, dura, Tipo Fania. Allí me volví un salsero, un afiebrado del sabor.

Leí que de adolescente estuviste en un círculo de peleas y que ganabas 20 dólares por cada combate.

(Se ríe) No. Para ser Miami, la escuela pública era muy barrio. Y sí había un círculo de peleas en el que ganabas 20 dólares si le ganabas a otro. Y yo estaba allí, pero nunca peleé. Yo era el tipo que decía: Dale, dale. Y metía la plata, pero nunca me peleé. Además, tenía un primo que era un toro, por si alguien quería pelearse conmigo. Yo era muy flaquito, y él decía: Tony, si te hacen problemas yo llego con mi gente.

¿Y te hacían problemas?

Habían bullys, pero nunca pasó nada. No me metía en problemas. Y además era tímido. No me metía con las chicas. En Miami las chicas en la secundaria son candela. A veces estás con una y llega el novio, que puede ser un gigante.

Thriller, el disco más importante de Michael Jackson, se lanzó en 1984. Tú naciste dos años después, ¿creciste escuchando su música o fue algo que descubriste luego de su muerte?

Yo no escuché a Michael al crecer, es verdad. O sea, él estaba allí, todo el mundo lo ha visto en televisión, sabes quién es. Pero yo me volví un fan de su música en la universidad, porque comencé a estudiar productores. Y allí no podía faltar el nombre de Quincy Jones. Y allí aprendí lo que había hecho con Frank Sinatra, Michael Jackson y Snoop Dogg. Y luego vino el shock mundial de su muerte, el 2009, en mi último año de universidad. Unos meses después, ese mismo año, me contrataron para tocar en un show de Halloween. Y el empresario me pidió que tocara “Thriller”. Yo le dije que mi orquesta era de salsa. “Igual quiero que lo toques”, me dijo. Así que hice unos arreglos en salsa. Me salió tan bien que la gente me preguntaba dónde encontrar la canción. Allí se me prendió el bombillo, grabé ese tema como un demo, pensando en un disco.

¿Es verdad que te estafaron cuando buscabas un contacto con la familia Jackson para grabar ese disco?

Sí, fue muy feo. Yo ya tenía el disco tributo a Michael Jackson. Ya había grabado con la India, con Tito Nieves, era una joya. Me había gastado todo mi dinero para hacerlo, pero no tenía las licencias. Allí me presentaron a un tipo que decía que conocía a la mamá de Michael y a Jermaine, su hermano.

El de los Jackson Five.

Sí. Me dijo que se reunían siempre por Navidad, que uno de los hermanos de Michael podía cantar una canción del disco. Yo me emocioné. Él también es un productor y lo único que me pidió fueron 5 mil dólares. “Te mando mi cuenta bancaria para cubrir mis costos”, me dijo. Así me engañó. Le mandé los cinco mil y hasta el día de hoy no lo he vuelto a ver.

¿Hasta hoy?

Hasta hoy. No tiene Facebook, cambió su número, no tiene nada. Jimmy Levin se llama el tipo. Si alguien lo encuentra, me avisan. Eso no se hace.

Tony, ¿te convertiste en productor musical por la falta de oportunidades para los músicos peruanos en los Estados Unidos?

Yo me volví productor porque nadie me llamaba para ser percusionista en sus bandas. No tenía trabajo. Y yo quería tocar. La única manera de poder lograrlo era hacer mis propios arreglos musicales.

¿Nunca se te ocurrió ser un maestro de música, como el Joe Gardner de Soul?

Yo no quise llevar esa vida nunca. No era una opción para mí. Yo nací para el escenario. Me gusta tocar. Y la verdad es que no puedo levantarme temprano, cómo podría ser buen maestro. Así que formé mi propia banda, con músicos de la universidad. No eran los mejores, porque no podía pagarles. Y empezamos en South Beach, en el Rumba Palace, ganábamos 40 dólares por presentación, cada uno.

Esa fue tu primera banda.

La primera banda, con mi mamá como cantante. Mi papá estaba en el piano, pero lo saqué porque no sabía leer música.

No le perdonaste lo que a ti te perdonó la universidad.

Exacto, a mi papá lo volví como manager. Lo amo por eso, aunque a veces me lo saca en cara (se ríe).

¿Qué es más importante para un músico? ¿La cantidad de reproducciones que puedan conseguir sus temas en Spotify o ITunes o poder crear libremente?

Lo más importante es hacer tu propio arte. A la gente le puedes gustar hoy, pero quizá mañana no. Pero también puede premiar tu honestidad, tu estilo, que sigas con lo tuyo.

Te fuiste a los dos años del Perú, ¿verdad?

Sí.

Ahora eres jurado de Yo Soy y debes quedarte permanentemente en el país, ¿es una de tus temporadas más largas en el Perú?

Yo creo que sí. Ahora estoy un mes como jurado de Yo Soy y debo quedarme mínimo otro mes. Es algo que me está gustando mucho, pero tengo miedo de eso (se ríe). Mira, eso puede ser peligroso para mi matrimonio, para mi carrera musical, tengo muchos proyectos en Miami y todo esto es muy bonito, pero no lo sé. A mí me gusta la vida aquí.

¿Dirías que recién estás conociendo un poco como somos?

Sí. Definitivamente.

¿No podrías ser el músico que eres si te instalaras en el Perú?

Definitivamente. Acá no podría hacer el trabajo que hago allá. Y no es por el estudio mío. Es una cosa de diversidad de músicos para mi género. Yo ya tengo un estilo, la gente espera eso de mí, y eso lo puedo hacer allá.

Hay una discusión sobre los peruanos. ¿Somos más cumbiamberos o más salseros?

Yo siento que aquí a la gente le gusta más la cumbia. Cuando sacamos esta canción, El ritmo de mi corazón, con Grupo 5 y Gian Marco, eso fue una explosión. Yo me quedé como loco, qué ritmo más pegajoso. Me gusta la cumbia. Pero allí están los salseros. Y ahora mismo, este país tiene muchos más salseros que, por ejemplo, los Estados Unidos.

Lo interesante de esta movida, es que hoy la salsa peruana tiene rostro de mujer.

Sí, y eso no pasa en otros lugares. Siempre la salsa ha tenido una cosa muy masculina. Y nosotros tenemos a muchas. Las estoy conociendo personalmente a todas. Yo me asombro, cada una tiene talento, no son hechas, cómo decirlo, por computadora. Y lo que falta es que haya unidad entre ellas, un apoyo mutuo. Es lo que hacen los músicos del género urbano. Anuel hace un disco con Ozuna, Balvin hace un disco con Bad Bunny. ¿Cuándo se ha visto a dos salseros hacer lo mismo? En pocas ocasiones. Eso es lo que me gustaría hacer en el futuro.