El querido amigo de Manzanero

Emilio Camacho

Fotografía del archivo de la familia Abanto
Fotografía del archivo de la familia Abanto

Los años sesenta del siglo pasado fueron testigos del surgimiento de la sólida amistad entre el intérprete mexicano y Luis Abanto Morales. De esa cercanía, quedan algunas colaboraciones musicales.

El joven pianista Armando Manzanero había llegado al Perú para hacer la música de la película Risas S.A, una producción peruano-mexicana, que tenía como protagonista al argentino Daniel Riolobos. Era 1964. Un año antes, el presidente Fernando Belaunde había ganado las elecciones generales y empezaba un gobierno enfocado en grandes obras de infraestructura, en medio de una creciente migración de la sierra hacia Lima. Ese país que se desplazaba hacia la capital tenía en Luis Abanto Morales a uno de sus grandes representantes. El intérprete y compositor ya había hecho famoso el Mambo de Machaguay y estaban a punto de llegar los tiempos del Cholo Soy.

Ese fue el Abanto Morales que conoció Manzanero. Uno que se codeaba con otras estrellas como Chabuca Granda, y que tuvo una pequeña participación en Risas S.A.

¿Y de qué podían hablar un pianista que trabajaba para las producciones del último tramo de la Época de Oro del cine mexicano y un músico que le cantaba al ande y a la Lima criolla?

Manzanero ha dicho que figuras como Abanto y Augusto Polo Campos le enseñaron acordes distintos y que Adoro, uno de sus temas más conocidos, antes que un bolero fue compuesto originalmente como un vals peruano.

Ese intercambio, por supuesto, no fue unilateral.

Nancy Abanto, hija del intérprete de Nunca podrán, me muestra en su casa de Chorrillos un recorte del 5 de agosto de 1968 que anuncia el viaje de su padre a México. “Manzanero le abrirá las puertas de su casa”, dice una de las voladas de la nota periodística.

Y en el texto hay un entrecomillado que resume lo que sentía Abanto Morales en ese momento: “Somos dos indios netos de nuestras tierras. Somos dos hombres como hermanos. Voy a su encuentro porque es mi mejor amigo”.

De ese viaje surgiría otra colaboración, nuevamente para el cine.

Seguiré tus pasos es una película peruano mexicana que cuenta las aventuras de un niño que pierde a su padre en la emboscada de unos asaltantes de caminos y encuentra guía y consuelo en Fray José, un religioso. Esa historia tiene a Quiéreme, de Luis Abanto Morales, como uno de sus temas principales. La escena en la que aparece es curiosa. En sus primeros minutos un recio charro y su pequeño cabalgan por unos campos despoblados, mientras el primero entona con el estilo de los jinetes mexicanos: “Brindemos con chicha por esta cholita que vale un Perú”.

Quiéreme fue un éxito en México. En 1987, el propio Armando Manzanero la incluyó en su repertorio, cuando grabó un álbum de música peruana.

El jurado

En 1981, el intérprete mexicano ya era un consagrado. Ya habían aparecido Contigo aprendí y Esta tarde vi llover, que le dieron fama mundial.

Ese año fue invitado a ser jurado en el Festival de la Amazonía realizado en Iquitos, junto a la actriz Silvia Pinal. Abanto Morales se presentó al concurso y ganó la categoría música criolla con el tema No se callará mi voz.

El arte los unía. Las primeras veces que estuvo en Lima, Manzanero se quedaba en la casa de los Abanto. Ayudaba en las cosas de la cocina, participaba de jaranas en las que siempre se aparecía Augusto Polo Campos y ya en México mandaba cartas en las que agradecía la hospitalidad de sus anfitriones. La cosa fue recíproca. En 1982, Manzanero organizó una cena para Nancy Abanto cuando ella pasaba su Luna de miel en México. Y cada vez que volvía a Lima interrumpía sus ruedas de prensa para preguntar por el “cholo Abanto”.

Fue en una de esas conferencias que alguien le dijo que su querido amigo había partido. Manzanero suspendió sus actividades. Llamó a casa de los Abanto como lo había hecho tantas veces. Habló a nombre de la Asociación de Autores y Compositores Mexicanos. “Era mi hermano”, le dijo a Nancy. Hizo un silencio. Y se despidió.