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El despertar de una generación

Óscar Miranda

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Los jóvenes han puesto la alegría, la creatividad, el valor y -por si fuera poco- han derramado su sangre en las luchas para recuperar la democracia. Foto: John Reyes.
Los jóvenes han puesto la alegría, la creatividad, el valor y -por si fuera poco- han derramado su sangre en las luchas para recuperar la democracia. Foto: John Reyes.

Nacieron cuando el Perú recuperaba su democracia y hoy, veinte años después, no están dispuestos a perderla. El golpe de Estado ha despertado a una generación a la que se creía adormecida por la tecnología, pero que se ha revelado solidaria, organizada y, sobre todo, valiente. Ni la pandemia ni un gobierno de conservadores podrán detenerla.

Nos equivocamos con ellos.

Los imaginamos absortos todo el tiempo en sus celulares, con sus videojuegos, bajándose aplicativos a los que nunca les encontramos sentido, indiferentes por completo a los asuntos que, con aires de superioridad, llamamos “importantes”.

Nos equivocamos.

Los adolescentes, los jóvenes en sus primeros veintes, aquellos que el mercado etiquetó como “centennials” para estudiar sus hábitos de consumo, estaban atentos, escuchando.

A Melissa (17), estudiante de El Agustino, su madre la imaginaba presa del Instagram y del TikTok, perdida en su mundo, y se sorprendió cuando, la noche del miércoles, ella le dijo que quería ir a la Gran Marcha Nacional. Su madre lo dudó pero, al final, le dio permiso. Melissa fue a la Plaza San Martín con su prima Nicole (21). Nunca habían estado en una marcha antes.

–Hemos venido porque estamos cansados de políticos que no piensan en el país y solo piensan en su bolsillo– dijo con mucha claridad. –Mi familia me decía que no venga, que me quedara estudiando, pero yo dije no, porque viniendo estoy demostrando que amo a mi país

Ana Paula (21) dejó sus clases para asistir a la marcha junto a sus compañeros de la Facultad de Arte y Diseño de la Católica. Llevaron gráficas con la cara de Manuel Merino hechas de serigrafía y repartieron botellas de agua gratis a los manifestantes.

–Lo más importante es poder alzar nuestra voz– dijo. –Si bien es cierto el presidente ha sido elegido legalmente, necesita legitimidad y la legitimidad se consigue con la voz del pueblo y nosotros somos el pueblo.

El jueves, la Gran Marcha Nacional fue la mejor demostración de que los jóvenes son la fuerza y el corazón de las protestas contra el golpe de Estado. El bullicio y la alegría corrieron por su cuenta. Las pancartas más creativas. Los gestos solidarios. El valor de hacerle frente a policías armados, disparando proyectiles al cuerpo.

Su presencia en las movilizaciones recuerda las luchas contra la dictadura fujimorista que otros jóvenes, veinte años atrás, protagonizaron en las calles. Aquella vez sirvieron para recuperar la democracia.

Los muchachos y muchachas de hoy tienen los mismos ideales, pero herramientas nuevas. La tecnología y las redes sociales les permiten un nivel de coordinación que desconcierta y confunde a observadores de generaciones antiguas, que al verlos tan organizados piensan que alguien los dirige.

Pero no. Ellos se dirigen solos. Manejan sus propios códigos. Ejercen su activismo de maneras que no entendemos. Como señalan los estudios, no se informan por la televisión sino por las redes sociales, aunque eso no ha evitado que la pobre cobertura televisiva de las protestas haya aumentado su desconfianza hacia los medios.

A través de las redes –TikTok e Instagram, sobre todo– comparten información útil para las protestas, desde diseños para armar pancartas hasta información sobre cómo protegerte de los gases lacrimógenos o qué hacer cuando te detiene la Policía.

Sus referentes informativos son, antes que los periodistas, otros jóvenes como ellos. Páginas de memes. Influencers.

Uno de ellos es Josi Martínez (16), un adolescente de Chiclayo con 17 millones de seguidores en TikTok, un verdadero fenómeno, quien, esta semana convulsa, dejó los videos graciosos por un rato y se puso serio para decirle a su público que el país vivía una crisis política, que estaban reprimiendo violentamente a los manifestantes y que Merino no era su presidente.

Tatiana Ciprian, una tiktoker con medio millón de seguidores, publicó varios videos invitando a los jóvenes a marchar contra el gobierno –o, si no podían, a participar en los cacerolazos– e informando sobre los intentos de censura en algunos medios televisivos.

Otros, como Yohi Flores, Eliza Ayala y Mariña Adkins y muchos otros, han publicado videos musicales que resumen sus sentimientos de indignación ante lo que está ocurriendo y su emoción por salir a las calles a defender la democracia.

Las redes sociales son un campo de protesta y activismo. Y eso quedó muy claro el miércoles 11, el día en el que los Kpopers se alzaron en Twitter.

REBELIÓN K-POP

Esa tarde, Yalud (18), una estudiante de Comunicaciones de Chiclayo a la que su mamá no deja salir por miedo al contagio, vio que en Twitter algunas personas –tuiteros de extrema derecha, aunque eso ella no lo sabía– estaban tratando de viralizar un hashtag, #TerrorismoNuncaMás, que buscaba hacer quedar mal a los manifestantes.

Yalud, fanática del Kpop, había participado en el sabotaje que los kpopers norteamericanos organizaron, en junio, contra hashtags como #WhiteLivesMatter, promovidos por grupos racistas, así que se le ocurrió intentar hacer lo mismo en Perú.

El sabotaje consistió en comenzar a publicar videos de artistas de Kpop y ponerles la etiqueta #TerrorismoNuncaMás para así apropiarse de ella y quitarle su carga negativa.

–Las primeras horas solo éramos yo y mi amiga publicando– contó por teléfono–pero luego empezó a hacerse viral.

Para cuando cayó la noche, decenas de videos de bandas como BTS, EXO, TWICE y Black Pink habían “ensuciado” el hashtag, para desesperación de los extremistas de derecha y diversión de los kpopers peruanos.

–Llega una edad en la que te das cuenta de que las cosas de la política te van a afectar– dijo Yalud. –Así que, aunque no puedas salir a la calle, tienes que actuar.