Devoción que desafía al virus

Óscar Miranda

oscar.miranda@glr.pe el_miranda

11 Oct 2020 | 10:39 h
El padre José Zegarra se prepara para reabrir las puertas del Templo Expiatorio Sagrado Corazón de Jesús, de Magdalena del Mar. Foto: John Reyes.
El padre José Zegarra se prepara para reabrir las puertas del Templo Expiatorio Sagrado Corazón de Jesús, de Magdalena del Mar. Foto: John Reyes.

Los templos del país se preparan para reabrir sus puertas el próximo mes y aunque en la primera fase no se celebrarán misas, a los expertos les preocupa que la confluencia de espacios cerrados, poca ventilación y presencia de adultos mayores provoque brotes de contagio que puedan ser mortales.

En la Plaza Túpac Amaru de Magdalena del Mar se levanta el Templo Parroquial Expiatorio Sagrado Corazón de Jesús. Allí, en la esquina de los jirones Grau y Leoncio Prado, frente a la capillita que contiene la imagen del Santísimo, la señora Miriam Rosas (57) cierra los ojos, junta las manos y reza con fervor.

Ella está segura de que, justo antes de la cuarentena, el Santísimo la curó milagrosamente de un dolor en el pecho que no la dejaba vivir. Por esa razón, cada vez que puede se escapa del cuidado de sus hijos y se va a rezarle y agradecerle a la imagen.

La señora Rosas dice, sin embargo, que eso no es suficiente. Ella quiere que el templo abra sus puertas otra vez.

–La iglesia es la fuente donde el ser humano encuentra el agua viva– dice. –Yo creo que siguiendo un protocolo y siendo ordenados, nosotros podríamos acercarnos más a la Ecuaristía y estar con Jesucristo.

Poco después, en el interior del templo, el padre José Zegarra me dirá que escucha ese pedido de los fieles todos los días.

–Cada vez que abro la capilla, a las 8 de la mañana, siempre encuentro a alguien rezando en la calle que me pregunta cuándo vamos a abrir– cuenta.

El culto en las iglesias y templos no está permitido desde que se dictó el estado de emergencia sanitaria, en marzo. Han pasado siete meses en los que las comunidades cristianas han tenido que vivir su religiosidad en privado. Pero eso parece estar a punto de acabar.

El último martes, el presidente Martín Vizcarra informó que está en conversaciones con las autoridades eclesiásticas para que los templos vuelvan a abrir sus puertas en noviembre.

Sería de forma gradual, agregó. Con aforos limitados y sin que se realicen servicios religiosos. Los templos simplemente permitirían que los fieles ingresen a orar y encontrar momentos de paz y espiritualidad.

Aunque a la señora Rosas le gustaría asistir de nuevo a una misa dentro de la iglesia, poder entrar a decir sus oraciones le parece bien para empezar.

Sin embargo, a los especialistas consultados por DOMINGO les preocupa que esta reapertura signifique la explosión de brotes de contagio por todo el país y que, además, tomando en cuenta que el promedio de edad de estos fieles es elevado, estos brotes resulten ser mortales.

Protocolo eclesiástico

–Las bancas van a estar marcadas así, con equis– me explica el padre Zegarra en la nave del templo del Sagrado Corazón de Jesús. –Solo tres personas por banca. Nuestro aforo es de 500 personas sentadas, pero ahora va a ser de solamente 158.

El padre Zegarra ha preparado un protocolo de bioseguridad parecido al que aplican muchas instituciones que desarrollan actividades en espacios cerrados: control de temperatura en la puerta, desinfección en manos y pies y aforo limitado.

En junio, la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) elaboró su propio protocolo, que se debía aplicar en los templos y capillas católicos de todo el país. Solicitamos una entrevista con un vocero para preguntar qué aspectos de ese documento se mantendrían o serían actualizados, pero hasta el cierre de esta edición esta no se concretó.

El protocolo de la CEP, aprobado en su momento por el Ministerio de Salud (Minsa), consideraba que acabada la cuarentena, los obispos de cada jurisdicción debían establecer la fecha a partir de la cual se permitiría a los fieles asistir a las celebraciones eucarísticas.

Para esos casos, la CEP estableció que el aforo de los templos debía ser reducido a un tercio, que deberá haber al menos un metro de distancia mínima las personas, que se usará mascarilla obligatoriamente y se desinfectará el calzado en la puerta de ingreso. Indicó que, en lo posible, deberá haber también control de temperatura.

El protocolo no prohíbe la presencia de adultos mayores. Solo se les prorroga la dispensa de asistir a la misa dominical y se les recomienda no acudir a celebraciones comunitarias. Una recomendación que dependerá de ellos acatar o no.

El documento no contempló la posibilidad de que la reapertura se diera en una primera fase, sin celebraciones eucarísticas. Habrá que ver si la CEP y el Minsa lo actualizan y establecen las directrices que regirán en esta primera etapa.

Fieles vulnerables

Más allá del deseo de los fieles cristianos en todo el país, hay numerosas razones para pensar que volver a abrir los templos no es una buena idea.

–Creo que todavía no estamos en condiciones de hacerlo– dice César Ugarte Gil, epidemiólogo de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH). –Uno, porque el índice de positividad todavía es alto, está en alrededor del 20% y deberíamos esperar a que esté en al menos un 5%. Y dos, porque quienes van a las iglesias por lo general son personas en condición vulnerable, personas mayores, algunas que de repente tienen una enfermedad, y ahí se podrían desencadenar brotes.

–La composición demográfica de los asistentes es un factor importante a considerar– coincide el también epidemiólogo Gabriel Carrasco-Escobar. –No es lo mismo reabrir bares que reabrir iglesias. El promedio de edad de las personas que asisten a iglesias es mayor. Se va a incrementar el riesgo de contagio en una población susceptible.

El principal problema con los templos es que son espacios cerrados, por lo general con poca ventilación, en los que un alto número de personas va a pasar un tiempo considerable.

Resulta paradójico que el anuncio de reabrirlos coincida con la noticia de que los científicos y las autoridades de salud de otros países, como los CDC de Estados Unidos, han reconocido que la transmisión por aire a distancia, a través de aerosoles, es una importante forma de contagio de la enfermedad.

La CDC ha dicho que es un medio de transmisión importante en circunstancias determinadas: ambientes cerrados, exposición prolongada a estas partículas y una ventilación inadecuada. Y justamente estos tres componentes son los que el promedio de iglesias va a tener– sostiene Carrasco-Escobar.

–Un ambiente abierto tiene la ventaja de las corrientes de aire, que hacen que, si hay virus, este cae más rápido al suelo y se elimina– dice, por su parte, César Ugarte Gil. –En un ambiente cerrado las partículas pueden quedarse suspendidas y uno puede estar caminando y comenzando a respirarlas.

El especialista duda, incluso, de que en la primera etapa, sin misas, todas las parroquias estén en capacidad de controlar asuntos como el aforo y la toma de temperatura. ¿Cómo serán las cosas en las zonas más alejadas del país?, se pregunta.

Para Carrasco-Escobar, lo más sensato sería que el gobierno ponga en marcha un plan de reapertura de iglesias que contemple pruebas rutinarias con muestras aleatorias y seguimiento de casos, que es lo que se hace en Estados Unidos. Y, hasta tenerlo listo, permitir el culto solo en espacios abiertos.

Mientras se prepara para la misa que transmitirá por Facebook, el padre José Zegarra dice que no está demasiado preocupado de que sus fieles se contagien. No dice que Dios los vaya a proteger. Él simplemente piensa que “la cosa no es para tanto”.

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