Miguel Iza: el hombre que hablaba de teatro

Óscar Miranda

Actor, director, líder del Colectivo del Bardo, Iza dice que el apoyo del Estado será crucial para remontar la crisis de la industria teatral. Foto: Antonio Melgarejo.
Actor, director, líder del Colectivo del Bardo, Iza dice que el apoyo del Estado será crucial para remontar la crisis de la industria teatral. Foto: Antonio Melgarejo.

En estos tiempos de salas cerradas y crisis en la industria teatral, el actor Miguel Iza se ha convertido en un insospechado animador cultural, entrevistando a las principales personalidades de las artes escénicas peruanas.

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Unas semanas después de que el gobierno ordenara el confinamiento obligatorio, los chicos del Colectivo Del Bardo le dijeron a su director, Miguel Iza, que hiciera una transmisión en vivo por Instagram. Él dice, con otras palabras y entre risas, que los mandó bien lejos. Detesta esas cosas. Los chicos le insistieron en hacerlo: había que mantenerse vigentes. Después de darle mil vueltas, él aceptó, pero con una condición: hablaría de lo que se le antojara. Y le puso un título que haría sonreír a todos los que conocen el absoluto desinterés de Iza por figurar: “Quiero estar vigente”.

La transmisión salió tan bien que a Iza y los suyos se les ocurrió invitar a conversar a algunos actores amigos. Empezaron con Norma Martínez, que es su mejor amiga del teatro, su hermana, y de allí siguieron con otros como César Ritter, Lizet Chávez y Emmanuel Soriano.

–Fue la oportunidad de sentarme a conversar con mis amigos – dice el actor que interpretó a Vladimiro Montesinos en “Caiga quien caiga”. –Algo que no hacíamos hace mucho tiempo porque, claro, todos estamos ocupados con nuestras cosas y nunca hay tiempo. Con Giovanni [Ciccia], por ejemplo, hubo una época en la que teníamos la costumbre de juntarnos a desayunar. Te estoy hablando de hace 20 años. Somos así de amigos. Y, sin embargo, hace mucho que no hablaba con él si no era por chamba.

Con Ciccia fue una oportunidad para recordar los divertidos proyectos que han hecho juntos. Con Adolfo Chuiman, un emocionado homenaje de Iza al actor que admiraba desde niño. Con Alberto Ísola, su maestro, fue el encuentro de dos grandes amigos intercambiando opiniones sobre la técnica teatral, pero también sobre asuntos como ¡los nervios! que persiguen incluso a los actores consagrados.

Iza dice que una de las cosas más bonitas de este ciclo de conversaciones –él dice que no son entrevistas– fue hablar con actores y dramaturgos de grupos del interior del país, como Olmo (Trujillo), Expresión (Huancayo) y Farol XX (Huaraz).

Hasta esta semana, se había sentado a charlar virtualmente con más de 90 personalidades de las artes escénicas peruanas.

Le preguntamos cuál era la sensación general que había recogido de sus contertulios sobre la situación que vive el teatro.

–En general, es de incertidumbre– dice. –Antes de esto ya teníamos un problema serio, que es que la gente no iba a las salas Algunos podrían hablar de una “época dorada”, pero eso es para los privilegiados que pueden acceder a recursos privados. Para los demás, las cosas estaban muy difíciles.

Iza piensa que, como está el panorama, se requiere del apoyo del Estado para reflotar a la industria teatral en los tiempos duros que se avecinan.

–De eso hablábamos el otro día en la conversación con [la productora de cine y teatro] ‘Pinky’ Campos: que esta es la oportunidad de establecer canales para acceder a los recursos del Estado. En teatro hay demasiadas urgencias.

¿Qué hay del teatro virtual, que ha surgido como una alternativa durante la pandemia?

–Para cubrir las necesidades inmediatas, sí me parece una alternativa. Como sustitución del teatro con público, no. Lo peor que puede pasar es que el teatro virtual sustituya al presencial. Es muy peligroso porque es muy paja. Se están haciendo cosas muy pajas. Y el peligro es que estás acostumbrando a que la gente se quede en casa.

A pesar de este temor, Iza está muy confiado de que el teatro presencial volverá. Tan seguro, que se ha propuesto estrenar una obra en marzo, aun cuando no hay ninguna señal de que para entonces el gobierno habrá autorizado la reapertura de las salas. Por lo pronto, continuará con sus talleres virtuales. Y con sus conversaciones con la gente del teatro. Recordando anécdotas, preguntándoles aquello que siempre quiso saber. Confiando en que pronto las cosas volverán a la normalidad.