Benedetti: exiliado en Lima

20 Sep 2020 | 13:05 h
El narrador uruguayo trabajó como periodista en Lima.

Esta semana se cumplieron 100 años del nacimiento del recordado escritor uruguayo. Este es un breve recuerdo de su paso por el Perú.

El primer acercamiento de Mario Benedetti con el Perú fue a través de César Vallejo. “Vallejo es un poeta muy creativo y que estimula a seguir ciertos caminos. Neruda y Vallejo son dos mundos que hay en América Latina de la poesía. Yo, modestamente, me inscribo en el de Vallejo. Es mi primera influencia, dura y grande” declaró el poeta alguna vez.

Pero la mención al Perú no fue siempre placentera para el escritor nacido en Paso de los Toros, Uruguay, hace cien años, el 14 de septiembre de 1920, aniversario que se está celebrando en el mundo literario con múltiples actividades en todo el planeta.

Benedetti llegó a Lima en 1975, después de exiliarse en Argentina tras el golpe de Estado que se produjo en Uruguay el 27 de junio de 1973.

Con Morales Bermúdez en la presidencia, el clima no era el mejor para un activo militante de izquierda. Y aunque consiguió trabajar un tiempo en el diario Expreso, su permanencia fue precaria. Eran tiempos del Plan Cóndor, esa alianza de acciones y apoyo entre las cúpulas militares que gobernaban América Latina.

Al año siguiente fue detenido y deportado a Argentina. El uruguayo, sin embargo, recordaba con humor ese episodio en tiempos sombríos.

“Fue una época difícil para mí. Me fui a Perú porque me habían amenazado de muerte en Argentina. En Lima trabajé en un diario de un periodista que se accidentó y quedó manco... (Paco Moncloa)”.

“No estuve preso realmente, pero vinieron a buscarme para deportarme. Estuve preso en mi casa. Vino un tipo que se instaló y se durmió. Yo aproveché para sacar todos los papeles comprometidos que tenía. En Perú había departamentos que tienen como un tubo por donde tiran la basura y tiré por allí todos los papeles comprometidos. Después de romper todo, lo desperté: Usted me viene a vigilar y se me duerme, le dije. Me acompañó hasta mi cuarto, me pidió perdón por lo que me hacían, y me deportaron a Buenos Aires” (Entrevista de Pedro Escribano para La República de noviembre del 2006).

“Fueron momentos difíciles en mi vida que los saqué adelante en Lima con amistades peruanas como… (piensa) Vargas (Raúl), Thorndike (Guillermo), Oquendo (Abelardo), Lauer (Mirko) y su esposa Lola Salas, Igartúa (Paco), Neira (Hugo), Ruiz Durán (Jesús), quién más, quién más… Domínguez (el ‘Chino’ Carlos), Cevallos (Leonidas), Loayza (Luis) y varias damas que no tardaron en brindarme su apoyo. Mi vida continuó así, acostumbrándome a ser un exiliado y algo de pesimista que, a final de cuentas, es ser un optimista bien informado”, comentó en la misma entrevista.

El choque

Con Mario Vargas Llosa, el otro ícono mundial de la literatura peruana que comparte cartel con César Vallejo, su relación no fue de las mejores. Se enfrascaron en una polémica entintada de política que recogió el País de Madrid entre enero y junio de 1984.

“Desde 1960 a la fecha, Vargas Llosa ha efectuado un viraje espectacular en sus predilecciones políticas -escribió Benedetti- Y si bien siempre se ha esforzado en demostrar que su desvelo especial es la libertad, lo cierto es que hace 15 años era entusiastamente apoyado por las izquierdas latinoamericanas, y hoy en cambio es halagado y arropado por las derechas”.

“Entre los intelectuales europeos de izquierda ha tenido lugar un saludable replanteamiento. Pero en América Latina la mayoría baila aun obedeciendo a reflejos condicionados, como el perro de Pavlov”, respondió el premio Nobel.

Mario Benedetti fue bautizado como Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia, presagio para un hombre que incursionaría en múltiples géneros: novela, ensayo, cuento y teatro. Y lo haría en muchas vidas. Una de ellas con Perú como escenario.

Tras el exilio, Benedetti regresó a su país en 1985. Murió en Montevideo en la tarde del 17 de mayo de 2009. El gobierno uruguayo decretó duelo nacional y dispuso que su velatorio se realizara con honores patrios en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo.

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