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Domingo

La soledad de un tatami vacío

En la larga fila de los negocios que esperan volver con la reactivación económica, las escuelas de artes marciales están al final. Mientras esperan, muchas cierran, quiebran, languidecen, y solo los grandes nombres, como los de Rodrigo Jorquera, Miguel Sarria o Iván ‘Pitbull’ Iberico, logran reinventarse para sobrevivir.

Iván 'Pitbull' Iberico, entrenador de peleadores de la UFC, en el tatami de su escuela, Pitbull Martial Arts Center. Ahora vende implementos deportivos. Foto: Antonio Melgarejo.
Iván 'Pitbull' Iberico, entrenador de peleadores de la UFC, en el tatami de su escuela, Pitbull Martial Arts Center. Ahora vende implementos deportivos. Foto: Antonio Melgarejo.
Óscar Miranda

El último jueves, Miguel Sarria, excampeón mundial de kickboxing y dueño de la escuela de artes marciales Sarria Inka Fighters, volvió a su gimnasio después de mes y medio de no aparecer por allí y se encontró con que el dueño del local lo había puesto en alquiler.

Sarria dice que lo entiende. Desde que la pandemia lo obligó a cerrar la escuela, el dueño no le había cobrado el arriendo. Pero ya habían transcurrido casi seis meses. Era comprensible que el hombre tratara de empezar a ganar algo de dinero.

Ese día, Sarria se paseó por el espacio de 95 metros cuadrados junto con su socio, Rolando Aquije. Observando lo que había sido la recepción, con un mostrador, un televisor, sillones y una vitrina donde antes se lucían sus numerosos cinturones. El tatami a medio desarmar. Los sacos. La estantería con los guantes. El ring, donde solían armar pequeños eventos.

–¿Qué siento? Nostalgia– dijo. –Han sido muchos años de trabajo. Teníamos muchos proyectos. Nuestros peleadores estaban compitiendo en organizaciones grandes. Tengo chicos que han ganado medallas con la selección de kickboxing. Me da pena por ellos. Esta era su segunda casa. Creo que aquí encontraron un camino.

A Sarria y Aquije no les han pedido desocupar el local aún, pero cuando haya nuevo inquilino tendrán que hacerlo. El excampeón cree que, como está la situación económica, es posible que el espacio demore en alquilarse. El escenario ideal es que ellos puedan reabrir antes. Pero eso también es muy difícil.

Porque en la larga cola de los negocios que esperan volver a funcionar como parte de la reactivación económica, las escuelas de artes marciales están muy lejos, al final, casi junto a los cines y las discotecas.

Y mientras el Ministerio de la Producción ya está hablando de reabrir los gimnasios de fitness, cientos de academias de kickboxing, muay thai, MMA, judo, jiu jitsu y varias otras disciplinas más se cierran, quiebran, languidecen, y solo un puñado de referentes de la vieja escuela se las arregla para resistir y, de paso, ayudar a los colegas que más padecen los efectos económicos de la pandemia.

Cientos golpeadas

Nadie sabe cuántas escuelas de artes marciales hay en el país. Miguel Sarria dice que deben de ser cientos. Solo en Pueblo Libre, donde queda su dojo, él conoce alrededor de 20. A las de MMA, kickboxing y muay thai, las más populares, hay que añadir las de disciplinas más tradicionales, como el karate, el judo, el kung fu y el taekwondo.

–Yo calculo que la mitad de ellas ha tenido que cerrar– dice. –No han podido pagar el alquiler y las han desalojado. De esos casos conozco varios.

Los que podrán capear estos tiempos difíciles son los grandes nombres: F14 de Rodrigo Jorquera, Pitbull Martial Arts Center (PMAC) de Iván ‘Pitbull’ Iberico, Sarria Inka Fighters y un puñado más, cuyos dueños, viejas leyendas de los deportes de contacto, han aprovechado su renombre para reinventarse.

Sarria, por ejemplo, está dictando clases virtuales personalizadas a estudiantes que hace tiempo querían entrenar con él, pero que no tuvieron la oportunidad porque estaba dedicado a la preparación de sus peleadores de competencia.

Rodrigo Jorquera, maestro de varias generaciones de campeones internacionales de muay thai, da clases por Zoom a medio centenar de muchachos y muchachas, en tres turnos diarios. La tarea no es sencilla, dice, porque no tienes al entrenador al lado ni al compañero que te sostiene los escudos o con el que haces sparring, pero es un desafío más grande y, por lo tanto, te hace más fuerte.

El también director técnico de la selección peruana de muay thai dice que ha discutido con otros colegas por la terquedad de algunos de dar clases presenciales o hacer entrenamientos grupales, a escondidas.

–He tenido discusiones con nombres conocidos del deporte que me dicen que tienen que ir a entrenar porque se van a poner gordos o lentos, y me apena porque eso muestra mucho egoísmo– dice. –Los referentes somos los que tenemos que mantenernos fuertes para que los que nos siguen a nosotros nos vean con ese aguante.

Profesores unidos

Se suponía que el 16 de marzo Iván Iberico realizaría una nueva edición del torneo nacional de luta livre, el arte marcial brasileño del cual él es el principal representante en el país. Pero la pandemia arruinó sus planes, como también los de llevar a cabo este año tres ediciones más de su popular evento de artes marciales mixtas Inka FC.

El ‘Pitbull’, el único entrenador peruano que ha llevado a cuatro peleadores a la UFC, se ha mantenido renuente hasta ahora a dar clases presenciales. Lo que ha hecho es dirigir entrenamientos virtuales por Zoom. En mayo, luego de un rapto de inspiración, abrió una tienda virtual de implementos deportivos, sobre todo sacos, con su propia marca: R5 PRO.

–Las clases han sido un reto– dice. –Enseñar a hacer las técnicas por Zoom es difícil, hay que tener método y saber llegar al alumno. Empecé pasándoles videos con las técnicas básicas y ya en el vivo era más fácil guiarlos. Es una evolución, para el alumno y para el profesor.

Iberico es más comprensivo con los colegas que están dando lecciones presenciales personalizadas. Dice que para muchos de ellos es su única forma de conseguir ingresos y llevar un pan a la mesa de su hogar.

–Yo creo que el 90% de los que alquilaban espacios para sus escuelas las han tenido que cerrar. Hay mucha necesidad.

En la comunidad peruana de artes marciales muchos se conocen y por eso, durante los peores días de la pandemia, la gente se pasó la voz sobre aquellos entrenadores y peleadores que la estaban pasando peor.

Fue así como nació Profesores Unidos. Una iniciativa de Rodrigo Jorquera, a la que se sumaron Miguel Sarria y José Carlos Rojas, director de la academia Attitude Fight Club, y que consistió en que los tres maestros dictaban, de forma conjunta, clases virtuales a los estudiantes que aportaban una suma mínima de dinero. El pozo reunido era destinado en su integridad a un entrenador en dificultades.

Un excampeón nacional de kickboxing, un árbitro de artes marciales y varios entrenadores de Lima y uno de Pucallpa estuvieron entre los beneficiados de las ocho ediciones de Profesores Unidos. La iniciativa se detuvo en agosto, cuando la cuarentena se levantó y muchos pudieron salir a la calle a trabajar, literalmente en lo que fuera.

Lo que no cambió fue que sus escuelas y academias continuaron cerradas. Como dice Rolando Aquije, la pandemia descolocó a todos aquellos para quienes las artes marciales eran su única fuente de ingresos. En las redes abundan las publicaciones de maestros que enseñan en sus casas, en pequeños grupos, casi a escondidas. Otros que cuentan los días para que el gobierno los autorice a reabrir.

–Si mañana dicen que se puede abrir las escuelas, yo no lo haría– dice Miguel Sarria. –No creo que esté bien arriesgar a las personas en este momento. Pero entiendo a los que están dando clases para ganar algo de dinero. Es una situación muy difícil.