Los extraños gurús del dióxido de cloro

Uno de ellos dice que llegó de la galaxia Andrómeda para salvar a la raza humana. El otro afirma que las vacunas están hechas de fetos abortados, que el nuevo coronavirus es un invento de los Estados Unidos y que fue planificado como un genocidio mundial. Jim Humble y Andreas Kalcker son los gurús del dióxido de cloro, el peligroso desinfectante industrial que muchos en el Perú usan creyendo que los curará de la COVID 19.

Jim Humble, supuesto ingeniero aeroespacial, "descubridor" del pretendido remedio, y Andreas Kalcker, autotitulado doctor en Biofísica, promotor del CDS en Latinoamérica. Foto: Internet.
Jim Humble, supuesto ingeniero aeroespacial, "descubridor" del pretendido remedio, y Andreas Kalcker, autotitulado doctor en Biofísica, promotor del CDS en Latinoamérica. Foto: Internet.
Óscar Miranda

Se llama Jim Humble, es norteamericano y fue la primera persona a la que se le ocurrió decirle al mundo que el dióxido de cloro podía curar todo tipo de enfermedades, desde el cáncer hasta el sida.

La historia que contó en su libro The Miracle Mineral Solution of the 21st Century (2006), y que quedaría consagrada en su hagiografía personal, es más o menos así: en 1996 era un hombre común y corriente, con conocimientos en minería, que fue contratado para extraer oro de unas minas en Guyana.

Durante su estadía en esas selvas tropicales, algunos de sus trabajadores enfermaron de malaria. Él no llevaba medicinas; lo único que tenía era una sustancia conocida como “oxígeno estabilizado”, que cargaba siempre en sus viajes para potabilizar el agua. El oxígeno estabilizado era clorito de sodio, que, al ser desestabilizado, se convierte en dióxido de cloro, pero él dice que en ese momento no lo sabía. Así que, sin nada que perder, se lo dio de beber a los enfermos. Pocas horas después, dice, estaban curados.

Había descubierto un “mineral milagroso”.

A Humble le gusta decir que su experiencia previa a este descubrimiento y a sus trabajos en minería correspondía a la industria aeroespacial. Asegura que, a pesar de ser un autodidacta en ingeniería, participó en todo tipo de proyectos clasificados, desde ensayos de bombas atómicas hasta el manejo de las primeras máquinas operadas por computadora. Incluso, jura que una vez reparó un vehículo lunar.

Reportes en medios norteamericanos afirman que antes de “descubrir” el uso medicinal del dióxido de cloro, había pertenecido a la Cienciología. Si a L. Ron Hubbard se le ocurrió convertir sus métodos psicoterapéuticos en una religión de la salud mental, Jim Humble, siguiendo su ejemplo, convirtió el negocio del dióxido de cloro en una religión de la salud integral.

La llamó Iglesia de Salud y Sanación Génesis II. Quienes han investigado acerca de ella sostienen que la fundó para evitarse líos con las autoridades norteamericanas: al ser una “iglesia” –con sede, además, en República Dominicana–, podía ofrecer el clorito de sodio como un “sacramento” a sus fieles sin problemas. Para darle mayor misticismo al asunto, Humble lo llamó Solución Mineral Milagrosa.

Autonombrado “obispo”, Humble propició la apertura de sedes de su iglesia en diversas partes del mundo, sobre todo en Latinoamérica, donde las leyes para los medicamentos no son tan estrictas. Se mudó a Guadalajara y desde allí se convirtió en el líder espiritual de su industria. Poco después de su fundación, la iglesia ya proclamaba que la Solución Mineral Milagrosa (MMS, por sus siglas en inglés) podía curar más de 120 enfermedades.

Pero lo más alucinante es que en 2016 un reportaje de ABC reveló que en algunos de los videos dirigidos a sus fieles, Humble aseguraba haber venido de la galaxia Andromeda y que les había pedido a sus superiores que lo pusieran en esta parte del espacio para “vigilar la Tierra”.

La revelación no hizo demasiada mella en el negocio, sobre todo en el sur del continente. La MMS ya había alzado vuelo, acogida por comunidades de pacientes que necesitaban esperanzas para males muy complejos y por grupos adeptos a las teorías de conspiración. Y todo por obra y gracia del otro gurú del dióxido de cloro. El encantador Andreas Kalcker.

UN CARISMÁTICO APÓSTOL

Kalcker, un economista alemán que ha vivido buena parte de su vida en España, dice que conoció la MMS en 2009 por un amigo que se la recomendó para tratar su artritis reumatoidea y que el remedio fue tan eficaz que sus manos antes agarrotadas hoy hasta pueden tocar el piano.

A partir de ese momento se convirtió en un apóstol de Humble y de la industria de la MMS, de la que –según cuenta en su libro Salud prohibida– hizo su propia versión, que su maestro aprobó y a la que bautizó como Solución de Dióxido de Cloro o CDS. Kalcker es, desde entonces, el principal promotor del producto en España y Latinoamérica.

Alto, caucásico, sin duda carismático, Kalcker va de un país a otro dando conferencias y ofreciendo entrevistas en pequeños programas de radio e internet dedicados a las llamadas terapias alternativas. En Lima estuvo varias veces. En 2015 lo entrevistó el doctor Pérez Albela en Radio Felicidad. En noviembre del año pasado visitó la cabina de Miraflores TV.

Aunque se presenta como doctor en Biofísica, varios sitios han informado que obtuvo su “grado” en la Open University of Advanced Sciences, un centro de estudios con sede en Barcelona que vende títulos de doctor por 1,500 euros. No se le conoce un solo artículo académico y menos una investigación que haya sido publicada en una revista indexada. Sin embargo, él se llama a sí mismo un científico.

Kalcker es un miembro prominente de la comunidad internacional que cree en las teorías de la conspiración. Aquellos que defienden ardorosamente ideas como que el hombre no llegó a la Luna, que las vacunas provocan autismo y que las antenas de la tecnología 5G servirán para controlar a la población mundial.

En la entrevista con Pérez Alvela, por ejemplo, sostuvo que las vacunas están hechas de “fetos abortados”. Y en un programa de Youtube argentino, en mayo pasado, dijo que la FDA (la Agencia de Administración de Medicamentos y Alimentos de los Estados Unidos) “fabricó” el coronavirus en Wuhan para luego “dejarlo escapar” y que todo aquello era “un genocidio planificado”, mientras sus contertulios hablaban del “Nuevo Orden Mundial” y señalaban a Bill Gates como la mente maestra del macabro plan.

CLIENTES DESESPERADOS

La historia de Humble y Kalcker probablemente sea desconocida para muchas de las personas que en las últimas semanas han recurrido al dióxido de cloro como su última esperanza para tratar la COVID-19.

Esos peruanos que llenan de comentarios páginas en Facebook con nombres como Andreas Kalcker Perú, CDS Perú o MMS Perú preguntando, angustiados, dónde pueden conseguir este “milagroso remedio”, quizás no sepan que sus promotores llevan una década ofreciendo ese mismo producto como solución para todo tipo de enfermedades, desde el cáncer y el Sida hasta el autismo, la hepatitis y el acné, sin que ninguna institución científica de prestigio haya avalado sus resultados.

Autoridades de muchos países, incluyendo el Perú, llevan años advirtiendo sobre los peligros de consumir esta sustancia. Sin ir muy lejos, en noviembre del año pasado la Digemid recomendó no comprarlo ya que se trata de un poderoso agente blanqueador que puede causar graves daños a la salud, siendo algunos potencialmente mortales. La FDA advierte que puede causar desde diarrea y vómitos hasta insuficiencia respiratoria y cambios en el ritmo cardíaco.

Hoy, explosión de la COVID-19 ha significado para estos negociantes una nueva oportunidad de comercializar el dióxido de cloro. Esa Solución Mineral Milagrosa que, hace 14 años, a un supuesto diseñador de bombas atómicas y buscador de oro se le ocurrió que podía ser vendida, como la medicina para todos los males, a los desesperados del mundo.