Maestras de la ternura

La profesora Patricia Hernández dicta clases a los menores internados en el Hospital Santa María del Socorro de Ica. En la imagen, junto a uno de sus estudiantes, antes de la pandemia. Foto: Minedu.

En los momentos más duros, cuando su salud pende de un hilo, ellas se encargan de que no dejen de estudiar. Más de 55 mil niños y niñas han sido atendidos en los últimos 20 años por las docentes de las Aulas Hospitalarias de la Fundación Telefónica y del Servicio Educativo Hospitalario del Ministerio de Educación. A propósito del Día del Maestro, es bueno recordar que en la cama de un hospital también se puede seguir aprendiendo.

Óscar Miranda
05 Jul 2020 | 16:56 h

La profesora Patricia Hernández no estaba convencida. La idea de trabajar dentro de un hospital le suscitaba temor. Le parecía un lugar sombrío, en el que las personas sufren y el ambiente es triste.

–Cuando llevaba a mis hijas veía tantos casos y decía “uy, pobrecitos”. No, definitivamente no me identificaba con el hospital, veía sangre y me asustaba– dice.

Aceptó ese empleo por dos razones: primero, por necesidad, y segundo, porque como maestra debe asumir siempre nuevos retos.

Sus primeros días en el hospital, en efecto, fueron tristes. Pero muy pronto se dio cuenta del significado de su trabajo. Porque, es verdad, con frecuencia los niños lloraban por el dolor o cuando les aplicaban las medicinas. Pero cuando ella los atendía, los recibía en el aula multifuncional o se acercaba a sus camas para darles lecciones con esas estrategias lúdicas que los hacían jugar y reírse, los niños se olvidaban de los malos ratos. Les brillaban los ojos. Volvían a estar felices.

Patricia dice que, casi sin darse cuenta, empezó a llegar a su casa con una sonrisa en los labios. A veces, más tarde de lo usual, porque los chicos no la dejaban irse. Esos pequeños que la primera vez la miraban con temor porque pensaban que era una doctora que les iba a poner una inyección, después sencillamente no la querían soltar.

–Así me fui enamorando de esta carrera– dice. –Entendí que ser docente hospitalaria es ir más allá de darles clases y ayudarles a que adquieran las competencias. Es ayudarlos en su estado emocional. Que se olviden por un momento que están en un hospital y estén felices porque están trabajando, como si estuvieran en su escuela, con sus amigos.

APOYO EMOCIONAL

Patricia forma parte, desde hace dos años, del Servicio Educativo Hospitalario (SEHO), un modelo creado en 2017 por el Ministerio de Educación (Minedu) para ayudar a que los estudiantes que están hospitalizados o en tratamiento ambulatorio permanezcan en el sistema educativo.

El SEHO viene a atender un problema real. En el Perú, un promedio de 165 mil niños, niñas, adolescentes y jóvenes en edad de escolaridad básica son hospitalizados cada año. Buena parte de ellos terminan abandonando los estudios. El SEHO les ofrece la oportunidad de seguir estudiando durante el tiempo que están fuera de las aulas.

Este modelo comenzó en 2017 como un plan piloto en el Hospital Hipólito Unanue de Tacna y en el Hospital Santa María del Socorro de Ica, donde labora la profesora Patricia. Al año siguiente se sumó la región Arequipa, con el Instituto Regional de Enfermedades Neoplásicas del Sur (IREN-Sur). En 2019 se abrió un nuevo servicio en Ica, en el Hospital Regional.

Este año estaba previsto que el SEHO se implementará en hospitales de Lima Metropolitana, Cusco y Loreto. Pero la pandemia obligó a poner pausa a esos planes.

Lo que no se suspendió fue el trabajo de Patricia.

Hasta antes de la emergencia, ella enseñaba a los chicos en tres modalidades: 1) en el aula multifuncional, un espacio dentro del área de Pediatría del hospital donde reunía a pequeños pacientes, desde los 3 hasta los 17 años, para trabajar proyectos juntos, con tareas específicas según la edad de cada uno; 2) en las propias camas, donde atendía a los chicos que no podían movilizarse; y 3) en la modalidad de sala en espera, dedicada a los que habían sido dados de alta, pero que volvían para sus tratamientos ambulatorios.

Con la pandemia, las restricciones sanitarias obligaron a dictar clases solo individualmente, en las habitaciones de los pacientes. Patricia llega al hospital premunida de sus equipos de protección personal y atiende a los menores con todas las dificultades que suponen tener que hablar fuerte y no poder ver las sonrisas. Las clases se dan siguiendo los parámetros de la estrategia Aprendo en casa. Cuando comenzó, hace dos años, sabía que este sería un espacio de docencia inusual. Había que adaptarse. Y lo está haciendo.

Lo que me gusta de este trabajo es que ayudo a estos chicos a superar las adversidades que puedan tener– dice. –Darles no solo la parte pedagógica sino también la socioemocional es algo que no tiene precio.

UN ESPACIO DE TERNURA

El Servicio Educativo Hospitalario no surgió de la nada. Recoge la experiencia de las Aulas Hospitalarias que la Fundación Telefónica creó hace 20 años con el objetivo de llevar educación y tecnología a los niños, jóvenes y adultos que estaban hospitalizados. Desde esa fecha, han beneficiado a más de 55 mil jóvenes pacientes.

La profesora Antuanet Velarde es una de las fundadoras de las Aulas Hospitalarias. Muchos menores arequipeños, que hoy son padres de familia, profesionales, y que la recuerdan siempre, aprendieron de sus enseñanzas en el Hogar Clínica San Juan de Dios de Arequipa. Su método, como dice ella, es aplicar lo que ella llama la “pedagogía de la ternura”.

Cuando llego a la clínica, llego con el objetivo de convertir mi aula en un espacio que acoja a los estudiantes con ternura, respeto y comprensión– dice. –Por sus tratamientos, por la medicación, los niños suelen estar apagados. Entonces, debo usar estrategias lúdicas, dinámicas, para emocionarlos y darles la oportunidad de que, a pesar de las circunstancias, sigan aprendiendo.

Con la pandemia, el trabajo de las docentes de las Aulas Hospitalarias dio un giro. Ya no van a los establecimientos de salud, sino que producen recursos educativos, en formato de video, principalmente, que se publican en la plataforma Educared de la fundación. Las actividades están organizadas en cuatro ejes: comunicación, matemáticas, arte y desarrollo personal.

Antuanet ha grabado videos para enseñar a los chicos los cuidados contra el coronavirus y tutoriales de cómo salir de casa protegido, y ha creado personajes con títeres para enseñar las materias. Los padres descargan los contenidos de la plataforma o los imprimen, y la maestra va monitoreando los avances por llamada telefónica o videollamada.

Sus alumnos suelen ser chicos con problemas de salud como fracturas, luxaciones, malformaciones, aunque también llegan pacientes con otras dolencias, incluido el cáncer. Se quedan por períodos que pueden ser semanas y, en ocasiones, meses. Antuanet siempre los lleva en su memoria. Algunos llegan a ser parte de su familia, como la pequeña que hace 20 años llegó porque debían hacerle un alargamiento de fémur y que, debido a su largo y complejo tratamiento, vivió más tiempo en la clínica que en su propia casa. Antuanet le enseñó a leer, la asistió en sus clases en un centro de educación básica alternativa y hoy ve orgullosa cómo está por recibirse de administradora. O el muchachito que llegó con la mano destruida en un accidente y que hoy es policía. O el que vino por una luxación de cadera y hoy es periodista.

Ninguna enfermedad puede impedir que el ser humano continúe creciendo– dice. –Solo el aprendizaje puede hacer que estos niños se desarrollen y sean profesionales. Su arma para defenderse en la vida es la educación.

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