El virus mortal que podría surgir en la Amazonía

Óscar Miranda

Investigaciones del proyecto PREDICT identificaron al mercado de Belén, en Iquitos, como un importante foco de transmisión de enfermedades zoonóticas.
Investigaciones del proyecto PREDICT identificaron al mercado de Belén, en Iquitos, como un importante foco de transmisión de enfermedades zoonóticas.

Los científicos peruanos piensan que es cuestión de tiempo que un virus mortal como el coronavirus surja de la Amazonía. Tenemos ecosistemas dañados, como los que propiciaron la aparición del ébola en África, y mercados de animales silvestres, como los que vieron la irrupción del coronavirus en China. Recomiendan con urgencia investigación y vigilancia. Hay que estar preparados para lo peor.

–¿Has visto las imágenes del mercado de Wuhan?– dice el biólogo José Luis Mena. –¿No te recuerdan esas imágenes al mercado de Belén?

Mena es director de la Iniciativa de Especies de la oficina peruana de la organización ambientalista Wildlife Conservation Society (WCS). Desde hace años, antes de que el mundo comenzara a caerse a pedazos a causa del SARS-CoV-2, él y varios de sus colegas se preguntaban cuándo llegaría la gran pandemia provocada por animales silvestres que los científicos de la salud y la naturaleza anticipaban.

–Ahora la pregunta que nos hacemos es ¿cuándo sucederá lo mismo en la Amazonía? Es cuestión de tiempo. ¿Cuándo sucederá? No lo sabemos. Quizás más pronto que tarde. Las condiciones están dadas– dice.

Las condiciones a las que se refiere Mena son evidentes: la destrucción de ecosistemas que causa el avance del hombre sobre la naturaleza. El contacto forzado entre el ser humano y las especies salvajes. Los mercados ilegales de venta y consumo de animales de monte. El tráfico de fauna silvestre.

En medio de la pandemia, científicos de todo el mundo están hablando de lo mismo. No se preguntan si ocurrirá. Se preguntan cuándo.

–Podría suceder en cualquier momento– le dijo el escritor científico David Quammen al medio brasileño Infoamazonía, hace unas semanas, en una entrevista difundida en español por Ojo Público. –Podemos decir que, con el tiempo, las posibilidades de que un nuevo virus letal aparezca en el Amazonas están creciendo. El Congo, el otro gran ecosistema de selva tropical, ha producido ébola, marburgo y zika y una parte considerable de las enfermedades virales más espantosas. Creo que es solo cuestión de tiempo antes de que el Amazonas entre en esa lista.

Quammen es autor de Spillover: Animal infections and the next human pandemic (en español, Desbordamiento: las infecciones animales y la próxima pandemia humana), un libro que hace ocho años adelantó que la próxima gran pandemia sería causada por un virus procedente de un animal silvestre, probablemente un murciélago, y que surgiría en algún mercado al aire libre de China. Como es evidente, sabe de lo que habla.

HÁBITATS PERTURBADOS

Otros investigadores peruanos también piensan que ver a la Amazonía como la fuente de una pandemia futura es una posibilidad real.

–La Amazonía muestra todos los factores apropiados para que esto suceda– dice el epidemiólogo y veterinario Ricardo Castillo, investigador de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y docente de la Universidad de Pensilvania. –Hay aumento del contacto entre humanos y fauna silvestre, alta perturbación de los hábitats por las industrias maderera y petrolera, deforestación por el aumento de asentamientos humanos, ciudades y agricultura, y megaproyectos como la Carretera Interoceánica.

Castillo dice que mientras más biodiversa es una zona, mayor cantidad de patógenos tendrá, ya que cada especie animal tiene sus propios virus, bacterias, hongos y parásitos.

–La Amazonía está entre las zonas más megadiversas del mundo, al igual que las selvas tropicales de Asia y África. Algunos estudios muestran una mayor cantidad de virus de potencial zoonótico en Asia y África, sin embargo, esto no descarta a la Amazonía– dice.

No hay muchos estudios sobre la presencia de patógenos transmisibles entre animales y humanos en la selva peruana. Probablemente el más importante fue el proyecto PREDICT, desarrollado por la WCS en coordinación con el Instituto Nacional de Salud y el Senasa, que, entre 2010 y 2014, se dedicó a identificar los patógenos de animales que podían introducirse en entornos humanos a través de actividades como la caza o la venta de carne en los mercados.

Patricia Mendoza, excoordinadora del proyecto, dice que llegaron a identificar 17 agentes de enfermedades zoonóticas en animales procedentes del tráfico de fauna, entre ellas las microbacterias que causan la tuberculosis, los parásitos que provocan la malaria o la enfermedad de Chagas, bacterias como la asociada al síndrome de diarrea del viajero y un gran número de enteroparásitos.

También hallaron virus. Una gran cantidad de virus, que no pudieron secuenciar porque carecían de la capacidad tecnológica necesaria.

De hecho, dice, encontraron coronavirus. En murciélagos, en dos ejemplares que capturaron en un área protegida en Madre de Dios. Debido a las limitaciones tecnológicas, no pudieron saber qué tipo de coronavirus era. Sin embargo, acota Mendoza, está claro que no era de la familia del SARS-Cov-2.

–Los murciélagos del continente americano tienen coronavirus de la familia del alfa coronavirus, mientras que el virus que está causando la epidemia es de la familia del beta coronavirus– dice la veterinaria, quien estudia un doctorado en Ecología de la enfermedad en la Universidad de Missouri.

MERCADOS: FOCOS DE RIESGO

Todavía no conocemos la historia completa de cómo saltó el SARS-Cov-2 a los humanos. Se sabe que perteneció originalmente a una familia de virus de murciélagos y que en algún momento pasó a otra especie animal –se cree que el pangolín–, donde mutó y de donde, de alguna manera, pasó a un hombre o una mujer de Wuhan. Los primeros infectados fueron personas que acudían al mercado de esta ciudad.

José Luis Mena dice que las imágenes del mercado de Wuhan le recuerdan a las del mercado de Belén. Y en cierto modo es verdad. En ambos lugares, especies salvajes, muertas y vivas, son ofertadas para alimento y, en algunos casos, como mascotas, al lado de alimentos tradicionales, como el pollo o las verduras.

Patricia Mendoza dice que el proyecto PREDICT identificó más de 50 mercados en el país que son zonas de transmisión de enfermedades zoonóticas. Uno de los escenarios más graves fue, precisamente, el mercado de Belén, junto con el mercado de Bellavista, en Pucallpa; el de Aguas Verdes, en Tumbes, y varios de fauna silvestre en Lima.

Los investigadores coinciden en que una de las formas más directas de prevenir el brote de un virus letal en el país es acabar con el comercio de animales silvestres, comenzando por el que ocurre en los mercados.

También se debe desarrollar un plan de investigación y vigilancia que involucre a las poblaciones más vulnerables a infectarse. Ricardo Castillo propone buscar aliados en las ONG y universidades. Potenciar los laboratorios. Incluir académicos y autoridades de todos los sectores.

Para José Luis Mena, la emergencia sanitaria causada por el nuevo coronavirus nos está dando una lección para evitar o, al menos, reducir el golpe de la próxima pandemia.

–Quienes han acercado los virus a los humanos hemos sido los propios humanos, afectando el planeta– dice. –Ahora todo el mundo está buscando una vacuna. La mejor vacuna es conservar la biodiversidad.