Domingo

¿Un milagro en octubre?

En la carrera por encontrar la cura contra el coronavirus los científicos de todo el mundo trabajan contra el tiempo. Esta semana desde Suiza e Inglaterra anunciaron que podrían tener una vacuna para octubre o diciembre. Otros países también apuran esfuerzos.

Varios países, China y EEUU entre los primeros, están probando vacunas contra el coronavirus.
Varios países, China y EEUU entre los primeros, están probando vacunas contra el coronavirus.
Raúl Mendoza

Ya en marzo pasado el inmunólogo suizo Martín Bachman, jefe del departamento de inmunología de la Universidad de Berna, en Suiza, le decía al portal Medical News Today que en seis u ocho meses esperaba producir una vacuna contra el Covid-19. Es decir, este año. Hace unos días volvió a repetir -esta vez al portal suizo TCS MyMed- que en octubre quería vacunar a todo su país.

“Esta será la primera o una de las primeras vacunas” para frenar la pandemia del Covid-19, ha asegurado. De conseguirlo, sin duda pasará a la historia. Para Bachman hay “posibilidades realistas” de lograr la vacuna para esas fechas, pero siempre se cuida de decir que para hacer esto algunas reglas deben cambiarse como parte de un plan de pandemia.

Ese requisito es clave para Bachman: para lograr su vacuna en los plazos indicados necesita saltarse etapas que se harían obligatoriamente en condiciones normales o hacer que esas etapas duren menos de lo exigido. En promedio, la investigación, desarrollo y pruebas que demuestran que una vacuna es segura demoran más de un año. Él pide acortar esas fases.

“RBD-CuMVtt. Esta combinación críptica de letras esconde una de las mayores esperanzas en la lucha contra el coronavirus”, decía el portal TCS MyMed, que habló con el investigador. Y luego Bachman explicaba cómo funciona la vacuna que está desarrollando.

Los investigadores han obtenido proteínas de los brazos del coronavirus (que le dan su forma característica). Estas proteínas son una especie de llave con las que el virus penetra en las células del cuerpo y después se reproduce. La vacuna suiza ha aislado un componente (dominio RBD) de los brazos del virus, que el cuerpo puede reconocer al entrar en contacto con él.

“Las partículas de proteína (obtenidas de los brazos del coronavirus) se multiplican en laboratorio y se pegan a una partícula de virus inactiva, lo que resulta en un maniquí viral no peligroso que estimula el sistema inmunitario para producir anticuerpos. En pocas palabras: nuestra vacuna evita que el virus se adhiera a los receptores ACE2 –que facilitan la entrada del coronavirus en las células- y, por tanto, puede neutralizarlo”, ha explicado Bachman.

Le preguntaron al científico: “Su vacuna ha funcionado con éxito en ratones. ¿Qué se debe cambiar exactamente en ella para que también tenga el efecto deseado en humanos?”. Él respondió: “Nada, estamos listos”. Después de eso, muchos anunciaron que la vacuna estaba en camino. Pero falta todavía mucho.

Ya tienen una vacuna que han probado con éxito en animales, pero recién empezarán los ensayos clínicos con humanos en agosto próximo. Dos meses después –aseguran- podrían estar vacunando masivamente a sus compatriotas. Antes deberán sortear otro escollo: necesitan cien millones de dólares que una fundación está buscando por ellos para producirla.

Noticias desde Inglaterra

Casi al mismo tiempo en Reino Unido, el jueves también empezaron los ensayos en personas de una vacuna contra el coronavirus. Normalmente llegar a esta fase tardaría un año o varios más. Ha sido desarrollada por los equipos del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford y el Grupo de Vacunas de la misma universidad. Su nombre científico es ChAdOx1 nCoV-19.

Los voluntarios se presentaron por centenas y se ha escogido a 1,112 de entre 18 y 55 años. La vacuna se ha hecho de una combinación entre una versión debilitada del virus que provoca la gripe común en chimpancés y, por otra parte, de las proteínas que el coronavirus tiene en sus brazos. Esta última parte es similar a la vacuna suiza.

Esta vacuna se inyectará en la mitad de las personas que participen. La otra mitad será inoculada con una vacuna “de control” contra la meningitis y la septicemia, para poder trazar una comparación de los efectos. La confianza en el éxito de esta fase ha llevado a acelerar la producción de esta primera versión de la vacuna para comenzar de inmediato nuevas fases con ampliación del número de participantes.

“La vacuna pretende volver el arma más poderosa del virus, esas pequeñas lanzas, en su contra. La idea es provocar la creación de anticuerpos que se adhieran a ellas y que permitan al sistema inmunológico bloquear y destruir el virus”, ha explicado Saul Faust, director del Equipo de Investigación Clínica de la Universidad de Southampton.

El gobierno británico se ha comprometido a financiar sin límite alguno el proyecto de Oxford y el que desarrolla en paralelo el Imperial College, que espera comenzar la fase con humanos en junio. La primera institución recibirá 22 millones de euros y la segunda 25 millones.

A la manera de sus pares suizos, los investigadores de Oxford han sugerido ya la opción de que el Parlamento pueda aprobar legislación de emergencia que permita recibir la vacuna a los grupos de más alto riesgo, como el personal sanitario, aunque no haya finalizado todos los trámites exigidos para su aprobación y uso. Es una carrera contra el tiempo.

Funcionarios del gobierno de Boris Johnson a veces han expresado demasiado entusiasmo con las investigaciones sobre la posible vacuna, o la usan para atenuar su dubitativa actuación al comienzo de la pandemia. Pero algunos científicos que asesoran al gobierno se han esforzado por calmar las expectativas de la ciudadanía.

“Todas las nuevas vacunas que comienzan a desarrollarse son apuestas a largo plazo. Y con el coronavirus no va a ser diferente. Es algo que llevará tiempo”, ha advertido Patrick Vallance, el asesor científico jefe del Gobierno de Johnson.

Científicos con prisa

En la actualidad hay más de 80 equipos en proyectos de vacunas en todo el mundo, varios de ellos en humanos, los primeros comandados por China y EE UU. Esta semana Alemania anunció que una vacuna, desarrollada por el laboratorio BioNTech con el apoyo de la norteamericana Pfizer, se empezará a probar en ese país en humanos. “Las dos compañías estiman que podrían tener una vacuna eficaz en el mercado dentro de un año”, citaba el diario La Vanguardia.

“Es el cuarto ensayo aprobado en todo el mundo en que se probará una candidata a vacuna específica preventiva contra la Covid-19 en humanos”, ha informado el Instituto Paul Ehrlich (IPE), el órgano regulador alemán.

La vacuna, llamada BNT162, se probará en 200 voluntarios de entre 18 y 55 años con el objetivo de determinar su seguridad, cuál es la dosis óptima y comprobar si es capaz de generar una respuesta inmunitaria contra el SARS-CoV-2. Esta fase podría completarse entre tres y cinco meses.

Son los anuncios más recientes en lo que a vacunas se refiere. Como se ve, el deseo de hallar la cura contra la pandemia del coronavirus es grande, pero todo está todavía en el terreno de lo improbable.

Columna

Vacuna para el Perú

Mirko Zimic, PhD en prevención y control de enfermedades

La vacuna que se va a desarrollar en el Perú la hace el laboratorio Farvet - que desarrolla y produce vacunas veterinarias- con la Universidad Cayetano Heredia. Para la segunda semana de mayo aproximadamente se tendrá listo el primer lote de vacuna para ser probado en ratones. A lo largo de un mes los ratones van a ser inmunizados. Lo que se busca evaluar es que la vacuna sea segura, que no cause ningún daño externo ni interno a nivel de órganos, que el ratón desarrolle anticuerpos y que estos sean capaces de neutralizar al virus en un sistema in vitro. Si se logra, el siguiente paso podría ser la evaluación en monos, para llegar a mediados de julio y hacer los primeros ensayos en un grupo voluntario de humanos sanos. Después de la fase uno en humanos se necesita pasar a una fase dos y tres. Eso implica analizar varias decenas, centenas o miles de personas, lo que significa costos de cientos de millones de dólares, de modo que eso solo lo pueden asumir gobiernos o una empresa transnacional farmacéutica.