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Morir sin un adiós

El coronavirus nos cambió definitivamente la forma de vivir, pero también de morir. En el Perú, y en muchos otros países donde la pandemia ha apretado las medidas de sanidad, el nuevo protocolo para el manejo de cadáveres impide a los deudos que vean a sus muertos y que los despidan del modo tradicional.

Los entierros hoy: personal de sanidad y un par de deudos para despedir al difunto.
Los entierros hoy: personal de sanidad y un par de deudos para despedir al difunto.
Maritza Espinoza

Uno de los rostros más crueles del Covid-19 es que las personas que fallecen por su causa lo hacen en la mayor soledad, lejos de sus seres queridos y sin siquiera el consuelo de una llamada telefónica. Para mayor dolor, sus deudos no pueden ni verlos tras su muerte. Menos aún celebrarles funerales dignos a los que nadie iría.

El infierno comienza cuando el ser querido es llevado al hospital. Si es un paciente de otro mal, los parientes tendrán serias restricciones para verlos, pero por lo menos saben que podrán despedirlo. En cambio, si la causa es el Covid 19, la familia -si no está también infectada- tendrá que esperar su regreso con el corazón en la mano y rezar para que sobreviva a la insuficiencia respiratoria, la causa principal de un ingreso a UCI.

El protocolo en el Perú -anunciado esta semana por Pilar Mazzetti, titular del Comando de Operaciones Covid19- es implacable: si fallece un familiar a causa del virus, no podrá ser velado ni enterrado del modo usual. Su cuerpo, que pasa a ser un objeto peligroso (puede contagiar el Covid 19 por contacto físico durante tres días) deberá cremarse antes de 24 horas y solo dos personas podrán despedirlo. Lo siguiente que verán de él son las cenizas que les entregará el Ministerio de Salud un día después.

En caso de que no se pueda realizar la cremación -en Lima solo hay dos crematorios públicos y cuatro privados-, Mazzetti anunció que se podrán enterrar en un lugar alejado, dentro de algún cementerio y, si no lo hubiere se buscará un terreno donde se les enterrará provisionalmente con una identificación.

Aunque no hayamos llegado a los niveles de Guayaquil (donde se tuvo que recoger cadáveres en plena calle) o Estados Unidos (donde se están usando fosas comunes), se ha habilitado ya al Equipo Humanitario de Recojo de Cadáveres, conformado por un médico cirujano, un trabajador de salud ambiental, un chofer y personal de apoyo, que contará con movilidad, equipos de protección y material necesario para la preparación del cadáver: una bolsa hermética, solución desinfectante y pulverizador. No recuerdos, no rezos, no llantos. Menos un traje adecuado para el fallecido: tan solo la bata de hospital que lo cubría.

Pero aún aquellos que pierden a un ser querido por otras causas, sufren las consecuencias. Como Jorge del Pozo, comunicador, que el pasado diez de abril perdió a su abuelo, de 95 años, a causa de un problema neumológico. No pudo despedirse de él ni decirle lo importante que fue en su vida. “En el velorio, no pudimos juntarnos más de diez personas, tampoco en el entierro”, cuenta con tristeza.

Lo mismo vivió el periodista Iván Salinas, quien perdió a su madre el mismo día, víctima de una fibrosis pulmonar diagnosticada el año pasado. “El acompañamiento al cuerpo del féretro se realizó en un rincón de la funeraria, que nos habían concedido amablemente. Luego, el traslado se efectuó en la tradicional carroza fúnebre, acompañada por una van que transportaba solo a cinco integrantes cercanos de la familia. Nadie más”, detalla.

“Se quedaron muchos abrazos sin dar, muchos pésames sin expresar en persona, muchos llantos que no se escucharon”, recuerda Iván.

En efecto, en casos como este, las personas inventan nuevas maneras de despedirse y, sin duda, nuestra relación con la muerte tras el coronavirus cambiará de manera radical, así como los rituales de duelo. Los deudos pondrán menos énfasis en el cuerpo y más en los recuerdos. Los clérigos y organizadores funerarios dejarán de ser protagónicos y nacerá un nuevo fenómeno: los funerales virtuales.

De hecho, es un servicio que ya se está dando. Por ejemplo, Eternify, una empresa española de servicios funerarios, ha puesto a disposición de las familias, gratuitamente, un velatorio virtual personalizado, que se puede alimentar con imágenes, videos y textos. Están recibiendo visitas de todos los países.