Reportear la pandemia

Juana Gallegos

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El fotógrafo Aldair Mejía minutos antes de salir a cubrir una comisión.
El fotógrafo Aldair Mejía minutos antes de salir a cubrir una comisión.

Si el periodismo es pisar la calle y hablar con la gente ¿cómo se hace un periódico en tiempos de cuarentena? El Grupo La República ha optado por el teletrabajo. El 90% de su equipo periodístico labora desde casa. Con todas las dificultades, nuestra versión digital sigue creciendo y hoy es una de las primeras en la región, mientras RTV capta cada día más audiencia con sus programas.

Era una noticia marginal en diciembre de 2019. El raro virus propagado en la remota ciudad de Wuhan, China, bautizado como Covid-19, ocupaba un espacio secundario en la sección Internacional del periódico. Ni editores, ni redactores, ni fotógrafos imaginamos que se extendería tan rápido por todo el mundo y que, a comienzos de marzo, cuando se registraba el primer infectado en el país, todo el equipo periodístico del Grupo La República se volcaría a informar exclusivamente sobre él.

Hoy, el coronavirus ha acaparado todas las secciones del impreso y las multiplataformas del periódico: Política informa que tres congresistas han dado positivo; Economía explica los decretos supremos que aprueba el Ejecutivo; Sociedad habla con infectólogos para comprender la magnitud del contagio. Otros equipos se encargan de desarrollar especiales sobre las proyecciones y avances del contagio, el Perú post coronavirus, el esfuerzo de los científicos por encontrar una vacuna que frene el avance de la pandemia.

El fotógrafo Aldair Mejía pudo intuir el tsunami de información que se nos venía encima la noche que el presidente Martín Vizcarra decretó la emergencia nacional en el país. Ese 15 de marzo trabajó hasta el amanecer. En Plaza Norte observó a un grupo de militares cerrando el ingreso al centro comercial. “Nunca había vivido un estado de emergencia. Era la primera vez que veía militares en las calles”, dice el fotógrafo.

La República tampoco había vivido una pandemia antes. Esta es una situación singular para hacer periodismo. A estas alturas, la sala de redacción de Camaná 320 se empieza a quedar vacía. Desde hace algunos días solo va el equipo indispensable. Los reporteros motorizados de la Unidad de Respuesta Periodística Inmediata (URPI), los fotógrafos, dos redactores de la web y cuatro personas que se encargan de coordinar y corregir la edición del impreso. Casi el 90% del personal -administrativos, diseñadores, redactores web, editores de video, infografistas, reporteros, editores- trabaja desde sus casas.

“Desde el día uno de la cuarentena, la población en riesgo (el personal mayor de 60 años, o los que tuvieran diabetes o asma) trabajó de forma remota. La pandemia ha significado un cambio brutal en la forma de hacer el periódico […] Es como hacer periodismo en medio de una guerra. Tengo fe en que saldremos adelante. Nuestra misión de seguir informando en todas nuestras plataformas sigue en primera línea, las 24 horas, con el esfuerzo de tener cada día un mejor contenido”, apunta el director, Gustavo Mohme Seminario

La maquinaria de la cobertura noticiosa se echa a andar desde las 7 de la mañana. A esa hora, tras ver los noticieros y revisar periódicos online, la jefa de informaciones multiplataforma, Inés Flores, tiene preparada una lista de temas especiales y de investigación, que ha ido recibiendo desde la noche anterior del director y editores, y que los periodistas -los de la versión impresa desde sus casas y los reporteros de RTV en la calle- cubrirán en el día. A las 8:30 am hay una primera videoconferencia entre la propia Inés, el subdirector, Carlos Castro, y los editores Juan Álvarez y Ángel Páez. Esta reunión virtual se repetirá a las 11 am y después del rutinario mensaje presidencial del mediodía se afinarán los temas.

En realidad, Flores, el director, el subdirector, Juan o Ángel no se desconectan a ninguna hora.

Inés recibe reportes continuamente y está al tanto de las comisiones de los reporteros motorizados de URPI; además se mantiene comunicada con María Elena Castillo, redactora de Política que se ha estrenado en la coordinación central por la coyuntura y es de las pocas que trabaja de forma presencial en el periódico.

“La redacción se siente como una habitación vacía. Se puede escuchar el eco de las voces. Nos damos ánimo hablándonos fuerte desde nuestros lugares. Claro que tenemos miedo de contagiarnos”, dice Castillo.

El poder de la web

Recabar información en estos tiempos es como tratar de tomar agua de una manguera de bombero, hay demasiada y fluye de todas partes: en los hospitales, el personal médico pide material de bioseguridad y mejores condiciones laborales; en los mercados, las muchedumbres se exponen a los contagios; en los barrios populares y distritos pudientes alguien muere en su habitación por el Covid-19. La realidad requiere ser entendida y explicada por los periodistas en menos tiempo.

Sociedad fue la primera sección del diario cuyo contenido fue inundado por las noticias de la pandemia que en tiempo récord se llevan de inmediato a la web. Desde febrero, el equipo de Luis Velásquez comenzó a consultar a epidemiólogos para saber si el Perú estaba preparado.

¿Y cómo está la situación lejos de nuestras ventanas? Nuestros ojos y oídos allá afuera son los reporteros de URPI y los fotógrafos como Aldair que, desafiando sus miedos y con los implementos de bioseguridad adecuados, laboran turnos maratónicos en las calles para traer información de primera mano y ponerla en sus pantallas planas, así como se pone el pan en la mesa. Las noticias forman parte hoy de la canasta básica. Eso explica que hayamos cerrado marzo con 61.5 millones de usuarios únicos de la página web.

El mérito es de los 150 periodistas digitales y multimedia que hacen trabajo de hormiga desde sus casas para satisfacer la necesidad del público de estar bien informados. Hacen entrevistas telefónicas, enlaces en vivo para RTV y registran a cada minuto los dramas que deja la pandemia.

“Fuimos los primeros en adaptarnos al teletrabajo, incluso antes del anuncio del estado de emergencia. Para evitar errores, debido a la inmediatez de la noticia, hemos implementado un proceso de factchecking y nuestros editores y periodistas producen noticias las 24 horas del día, por eso hoy somos uno de los medios digitales con más credibilidad y seguidores de nuestra región ”, dice el editor general de nuestra versión digital, Rider Bendezú.

¿Y RTV? La televisión digital del Grupo La República tiene sus propios desafíos en estas circunstancias. Augusto Álvarez Rodrich, su director, los explica bien: “Nos hemos preocupado de tomar todas las precauciones posibles para evitar el contagio. De alrededor de 30 personas que conforman RTV, solo asisten al canal dos y estamos investigando más para llegar a la situación del pleno teletrabajo, con el 100% del equipo operando de manera remota, incluyendo a las áreas de producción, switcher, distribución, edición. Ningún conductor va al set, todos los programas los hacen desde sus casas, y, por supuesto, tampoco los entrevistados, todos entran por Skype”.

¿Y esas páginas? ¿Cómo llegan a sus manos en esta situación? El que debió resolver eso fue Arturo Aguirre, nuestro gerente de distribución. Su proceso de adaptación se resume en dos partes. Al inicio de la cuarentena tuvo que coordinar con los canillitas para saber quiénes podrían seguir trabajando. Hoy lo hace un 45% del universo total de vendedores, todos con mascarillas y guantes. Luego tuvo que resolver quién haría la supervisión de las ventas en la cancha. Solo cuatro personas, de todo su equipo, cumplen esa función. Los demás trabajan desde casa.

Esas son nuestras dificultades. Como ocurre con la prensa en el mundo hoy se venden menos periódicos, los ingresos por publicidad han bajado, pero las visitas a nuestra edición digital se siguen sumando cada día por miles. Nadie duda que el sector saldrá muy golpeado cuando pase la pandemia, pero La República no se detendrá, en ninguna de sus plataformas, ese es nuestro desafío.