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Trump y el doctor No

Para los norteamericanos aterrados ante el Convid-9, su opinión serena y sin sesgos tiene el don de calmar los ánimos y, sobre todo, es la única persona en el mundo que puede practicar el riesgosísimo deporte de contradecir a Donald Trump. Conozcamos al doctor Anthony Fauci, quien es algo así como el doctor Huerta de los gringos.

Escena familiar por estos días: Fauci habla y Trump calla (por lo menos un rato).
Escena familiar por estos días: Fauci habla y Trump calla (por lo menos un rato).
Maritza Espinoza

“Tú no pones los plazos: es el virus el que pone los plazos”.

Así de simples y contundentes son los argumentos del doctor Anthony Fauci, probablemente el único norteamericano capaz de pararle el macho al bocazas de Donald Trump y sobrevivir para contarlo.

Y, en efecto, el virus controla los plazos, al punto que, ayudado por la irresponsable política del mandatario contra la pandemia más extendida del planeta, Estados Unidos es ya el país con más casos de coronavirus: más de un cuarto de millón de infectados hasta el viernes pasado.

Anthony Fauci, el menudo médico que dirige el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos, ha asesorado ya a cinco presidentes -el primero fue el ya fallecido Ronald Reagan, en los ochenta- y, hoy por hoy, es la persona en la que los norteamericanos más confían en temas relacionados a la salud y especialmente al coronavirus. Es decir, es algo así como el doctor Huerta para los peruanos.

Cada vez que Donald Trump, el actual mandatario, tiene que hacer una presentación para hablar del “virus chino” (su particular definición del COVID-19), Fauci tiene que estar en primera fila y es el único que puede rectificarle cuando dice -en persona o por Twitter- cosas tan insensatas como: “Muy pronto (habrá una vacuna para el nuevo coronavirus)” o “La Hidroxicloroquina y la Azitromicina, tomadas en conjunto (contra el Covid-19), pueden ser uno de los mayores puntos de inflexión en la historia de la medicina”.

Pero la “cuadrada” más bochornosa al prepotente político ocurrió hace una semana. A la pregunta de un periodista sobre en qué tiempo se podía esperar una vacuna contra el coronavirus, Trump respondió con su estilo autosuficiente: “No sé qué a hora será, pero he escuchado números muy rápidos, de apenas meses. Casi un año sería el tiempo esperable y no creo que sea un mal plazo”.

A su turno, Fauci tomó la palabra y le dijo al periodista: “Déjame asegurarme de que tenga la información. Una vacuna que usted hace y comienza a probar en un año no es una vacuna que se pueda implementar". El periodista repreguntó: Entonces, ¿cuándo estará disponible? Y Fauci, sin mirar a Trump, dijo: “Como muy pronto, de un año a un año y medio, sin importar lo rápido que vayas”.

Y cada vez que el médico lo corrige en público, Estados Unidos tiembla y Trump se transfigura en esa especie de Hulk anaranjado en que se convierte cuando lo invade la furia, pero, luego, tragándose el ego colosal, vuelve a sonreírle, porque sabe que la cercanía de Fauci le conviene. Tuvo que hacerlo, incluso, cuando el 20 de marzo, este hizo un gesto de bochorno y hasta se tapó la cara en señal de vergüenza al escuchar al presidente hablar de teorías conspirativas en su contra en el departamento de Estado.

Pero no es solo Trump quien sabe que el respaldo de una eminencia como Fauci es fundamental. En realidad, demócratas y republicanos se pelean por robar algo de su credibilidad. El cuasi nominado demócrata, Joe Biden, también lo ha usado en su favor y, en una de las más recientes entrevistas que brindó, le pidió al mandatario callarse y dejar que fuera el médico quien hablara.

Por su parte, además de tenerlo siempre a su lado en las conferencias de prensa, Trump también lo utiliza políticamente, como en su último video de campaña titulado “Esperanza”, donde incluye un clip de Fauci describiendo cómo el presidente ha traído esperanza en medio de la pandemia.

A pesar del interesado favor presidencial, Fauci se ha convertido en un peligro para el régimen, por esa incómoda costumbre suya de decir la verdad y desenmascarar los errores de la administración Trump. Por eso, hay grupos ultraderechistas que lo odian y hasta lo han amenazado de muerte.

El departamento de Salud le ha brindado una dotación de agentes para su seguridad y miembros de la policía metropolitana de Washington resguardan su casa todo el tiempo. Preguntado sobre los riesgos que corre, Fauci, con ese tono afable que lo caracteriza, solo ha respondido: “Yo he elegido esta vida”.

Y la vida que ha elegido no es fácil. Colegas suyos que fueron consultados por la revista Science han dicho que “Fauci está tratando de caminar en una fina línea. Por un lado, quiere ser honesto con la gente y con los políticos, pero no quiere ser tan crítico con sus comentarios para no ser ignorado u obligado a renunciar”.

El propio Fauci está bien consciente de eso: “Nunca debes destruir tu propia credibilidad. Y no querrás ir a la guerra con un presidente... Pero puedes mantener el fino equilibrio de asegurarte de seguir diciendo la verdad ", le dijo a la revista virtual Politico.com.

Por estos difíciles días, el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas es omnipresente y puede ser visto, simultáneamente gracias a la magia de los medios, hablando en Washington con la prensa, asistiendo a reuniones diarias de la Casa Blanca y dando conferencias en círculos médicos.

Parece trabajar las 24 horas y así ha sido siempre. Poco antes del coronavirus, estaba trabajando en una posible vacuna contra la gripe que no sería necesariamente anual. Médico de vocación, ha rechazado varias veces la oferta de dirigir los Institutos Nacionales de Salud, la máxima autoridad norteamericana en su rubro, después del Departamento de Salud del Estado.

Jóvenes a la obra

Pero lo que realmente le interesa a este médico, célebre por haber sido el primer investigador en dar importancia a un extraño virus que, en los años ochenta, atacaba solo a los hombres homosexuales y que luego sería conocido como VIH -también ha trabajado en la respuesta al ébola, el virus del zika y los sustos del ántrax-, es desenmascarar las toneladas de desinformación y fake news que complican más aún la crisis pandémica y, además, llegar a las audiencias más jóvenes, la llamada generación de las redes sociales, que apenas si ve televisión abierta o lee diarios.

Su primer esfuerzo en ese sentido fue aparecer en Instagram junto a Steph Curry, uno de los mayores ídolos de la NBA, para luego ser entrevistado nada menos que por el propio Mark Zuckerberg, dueño de Facebook, WhatsApp e Instagram, quien lo sometió a una batería de preguntas sobre cinco temas puntuales a lo largo de cuarenta minutos.

Pero el objetivo final de la pragmática y solitaria batalla emprendida por Fauci es que el más terco de los presidentes de los Estados Unidos dé su brazo a torcer y por fin decrete la cuarentena general en un país de más de 300 millones de habitantes. ¿Lo logrará? Eso ni el propio Trump lo sabe.