Monseñor Castillo asumió como arzobispo de Lima en marzo del año pasado. Sigue la línea del Papa Francisco para adaptar la iglesia católica a estos tiempos. Foto: Javier Quispe.
Monseñor Castillo asumió como arzobispo de Lima en marzo del año pasado. Sigue la línea del Papa Francisco para adaptar la iglesia católica a estos tiempos. Foto: Javier Quispe.

Carlos Castillo: “Esto va a marcar definitivamente el modo de vivir la vida cristiana”

Arzobispo de Lima.

Emilio Camacho
05 Abr 2020 | 9:30 h

“El capellán del hospital Rebagliati está dispuesto a morir”, me cuenta por teléfono monseñor Carlos Castillo, arzobispo de Lima, cuando le pregunto por el trabajo de los sacerdotes en medio de esta pandemia de coronavirus. Pero luego me explica que no lo puede permitir, que ningún sacerdote está obligado a reunirse con los enfermos, son protocolos que han adoptado por precaución, para proteger sus propias vidas. La iglesia católica se va adecuando a estas circunstancias. Hoy empieza la Semana Santa, una de las fechas más importantes para los pastores y los fieles. Será distinta. Se abre un nuevo camino para los hombres de fe.

¿No cree que este será un fin de semana atípico en Lima y en el Perú? Tendremos un domingo de ramos sin arreglos de hoja de palma en las calles, con templos cerrados y con fieles con mucho miedo.

Así es. Es muy importante considerar siempre que las tradiciones que nosotros vivimos están sometidas a condiciones. Nunca vivimos la tradición de la fe sin tener en cuenta las condiciones en las que esta se da. Es más, muchas tradiciones han surgido de esas condiciones. Como por ejemplo, algunos terremotos. Entonces, es cierto lo que usted me dice. Vamos a vivir una situación inédita en esta Semana Santa, es una cosa dura para nosotros, que estamos acostumbrados a manifestarnos públicamente. Este es un aprendizaje. Hay que aprender a vivir en estas condiciones, para poder vivir el evangelio de verdad. Cuando hay enfermos, cuando hay peligro de muerte, cuando hay pánico y miedo es necesario que actualicemos nuestra fe a esas condiciones.

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Sin embargo, el Perú es un país de grandes manifestaciones de fe. Tenemos la Semana Santa en Ayacucho, el Corpus Christi en Cusco, el Señor de los Milagros en Lima, ¿cómo se le dice a esos fieles que este año no, que es mejor seguir los ritos por televisión?

Como lo ha hecho el Papa. Para vivir la fe hay que tener en cuenta dónde estamos. Nadie que está enfermo con fiebre de cuarenta sale a la calle por más que tenga la obligación de ir a la misa. Hay excepciones. Felizmente que la fe es una relación personal, que además el señor la ha colocado en la vida de los pobres. Él dice, “lo que hicieron con el pobre, con el enfermo, con el hambriento, me lo hicieron a mí”. Puede haber tradiciones muy grandes, pero la situación nos obliga a reducir la fe cristiana a lo mínimo, a lo fundamental.

¿Qué sintió el viernes pasado al ver al Papa dirigirse al mundo en una Plaza de San Pedro totalmente desierta?

Esa es justamente su enseñanza. La relación con Dios es simplísima, y desde su simpleza nosotros podemos ir hacia adelante. Esto va a marcar definitivamente el modo de vivir la vida cristiana. Nosotros tenemos la costumbre de hacer muchas manifestaciones, que son preciosas, yo gozo enormemente de la procesión del Señor de los Milagros en octubre, pero simultáneamente tenemos que ver qué hacemos cuando cambian las situaciones de vida. Son situaciones de excepción. Ahora, es muy probable que en el mundo próximo, con una cosa como la pandemia, tengamos un largo período de cuidado, y que no sea solamente una situación ocasional. Esperemos que no dure demasiado. Yo siempre he usado la imagen de Titanic. ¿Usted ha visto la película?

Claro.

Se hunde el barco y los músicos siguen tocando, y eso no puede ser. Nuestra misión es salvar vidas. Tenemos que conseguir balsas. Salir. No podemos ser formales. La formalidad existe dentro de condiciones, y ahora es necesario tener inteligencia.

Me dice que usted prefiere ser salvavidas antes que el músico que ve impasible la catástrofe.

Así es. Es muy importante. Si no puedo agarrar una balsa, por lo menos grito. Y si no puedo, por lo menos aliento. Predicar hoy es muy importante. Yo le digo a los sacerdotes que graben cosas para consolar a la gente y que lo cuelguen en Facebook. La palabra ayuda mucho a la gente.

Esa es una transformación profunda de la vida pastoral. Deben encontrar nuevos caminos.

Pero la iglesia fue así, cómo hacía cuando era perseguida. Tuvieron que inventar formas de celebrar los ritos. El pan ácimo, por ejemplo. En la fiesta judía se hacía con levadura, pero cuando se huyó de Egipto ya no había, entonces se hizo sin ella, harina con agua, solo eso.

Ya que habla del Papa, él ha hecho un llamado a la unidad de la especie humana con una frase contundente: “Nadie puede salvarse solo”.

La salvación es un acontecimiento y gracia de Dios. Pero ahora no buscamos la salvación del alma, buscamos la salvación de la humanidad, que podamos seguir existiendo. Eso es lo que le pedimos a Dios, continuar como humanidad, de generación en generación. Y hay algo más. Es interesante que el aislamiento sea necesario para salvar al otro. Parece una contradicción, algo egoísta. Pero el verdadero egoísmo hoy sería salir y poner en riesgo a los demás.

El Papa también ha reconocido el valor de quienes le hacen frente al virus, sin importar que sean creyentes o agnósticos. Ha dicho: “Nuestra vida es sostenida por personas comunes: médicos, enfermeras, limpiadores, transportistas, policías”. Y los ha llamado: “Los santos de la puerta de al lado”.

Hay un poema del padre Álvaro Sáenz, que yo he leído para las redes, que dice “por qué dicen que el señor no sale esta semana”. Y claro que sale, está con los enfermeros, con los barrenderos, caminando por las calles. Es una concepción del cristianismo verdadero. Esa es la verdadera celebración. Si quiere, quite usted las manifestaciones públicas, las bandas de música, todo eso. La verdadera importancia de la Semana Santa es Cristo en la cruz. Y es por ello que quizá esta sea la Semana Santa más auténtica que vamos a celebrar: todos en condición de víctimas.

En televisión española, el Papa ha ido un poco más allá y ha pedido a las empresas que no despidan a sus empleados en esta crisis. Ha dicho: “El sálvese quien pueda no es la solución”. ¿Se animaría a pedir lo mismo a los empresarios peruanos?

Bueno, yo no solo lo reafirmaría. Estoy viendo que hay un espíritu interesante en este momento. Me parece valioso que se quieran dar créditos sin intereses, que los fondos del país se empleen en la gente. El Papa ha bendecido todas las iniciativas que quieren proteger a la gente, porque de ellos depende la economía. Yo ratifico lo que ha dicho el Papa. Con todo respeto y fuera de los aspectos técnicos que pudieran haber, le pido a las empresas que cuiden a su gente. •

¿Vivió antes una situación parecida a esta, en la que tuviera que confinarse en casa?

No como esta. Pero, bueno, con el terrorismo tuvimos que inventar una manera de ayudarnos entre nosotros. Cuando no había luz, prendíamos el radio a pilas y nos contábamos historias de lo que habíamos pasado. Tenemos una conciencia histórica en nuestras familias.

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¿Usted ya era sacerdote durante la época de guerra contraterrorista?

No, no. Aún no. La viví como todo el mundo. Era sociólogo. Lo interesante de eso es que los peruanos tuvimos una actitud resiliente. En la adversidad hay que buscar una forma nueva de renacer. Y ese es un desafío importante para los cristianos. Un cristiano está acostumbrado a vivir su fe repitiendo cosas y se acostumbra, y luego quiere ser igual siempre, como si fuera un modelito. Pero ser cristiano no es seguir un modelito, sino ser inteligente. Y eso nos vuelve cristianos más dinámicos.

Es una posición audaz, ¿me está diciendo que habrá que revisar algunos dogmas de la iglesia para adaptarse a estos tiempos?

No. Hay que diferenciar la palabra dogma. Hay las verdades reveladas, que son permanentes, y hay la manera de interpretarlas, que requieren aplicaciones específicas, porque los tiempos cambian. Es necesario ver cómo realizo hoy esa circunstancia. Y a eso estamos obligados todos.

Hay una situación peligrosa en esta cuarentena: mujeres y niños encerrados con sus potenciales agresores.

Eso es una cosa seria. El mayor índice de violaciones a niños se da en la familia. Y este es un momento oportuno para discutir eso en casa. Como la iglesia ha discutido los casos de violaciones que sabemos que han existido, de sacerdotes o de laicos renombrados, católicos. Hay que enfrentar las cosas.

¿Cuánto daño le han hecho a la iglesia católica las denuncias contra grupos involucrados en acoso sexual a menores y probables violaciones?

Ese ha sido un daño permanente. El estilo fue siempre encubrir, o cambiar a la persona responsable de un lado a otro. Se tenía como presupuesto, “el sacerdote es santo y no se equivoca”. El hecho real es que ese problema existe. Y la única respuesta es tomar al toro por las astas, y eso es lo que ha hecho el Papa. El Papa quiere transparencia, sea la persona que sea o el grupo que sea.

¿Y en el Perú cuánto daño ha hecho esto, las denuncias contra el Sodalicio, por ejemplo?

Un daño gravísimo, porque se iba guardando. Fíjese en Irlanda. En este país la iglesia era considerada el brazo derecho del pueblo, porque los defendió contra Inglaterra en su proceso de independencia. Pero ahora tú tienes, y nos lo han contado testigos, que cuando los sacerdotes salen a la calle los insultan y les dicen que son unos tales por cuales. ¿Por qué? Porque se les engañó. En este momento todos los obispos del mundo, unidos al Santo Padre, estamos buscando soluciones a eso. Las vamos a encontrar poco a poco. Porque han sido siglos de esta modalidad. Este nivel de franqueza permite la transformación de las costumbres. La iglesia tiene que mostrar el rostro de Cristo en su vida más que crear formas exteriores que den la impresión de que somos santos, aunque no lo seamos.

¿Antes del inicio de la pandemia cuál era el principal problema de la iglesia católica? ¿La falta de vocaciones sacerdotales, el crecimiento de otros movimientos religiosos, la falta de fe?

El problema es la adaptación, con identidad de fe, a un mundo cambiante que no terminamos de comprender. Ese es el problema principal. Cómo hablarle de Dios a un mundo acelerado y confuso, que no sabemos a dónde va. La iglesia un poco que ha mantenido las costumbres rituales, pensando en que siempre iban a ser eternas y que por más que hubiera cosas complejas, la gente va a creer.

¿Y ese ha sido un error? Creer que todo iba a permanecer inalterable.

La desadaptación a la comprensión interna de los problemas de la gente, hace que el evangelio no sea relevante. Y entonces, al no reformarse la iglesia surge la posibilidad de que entonces sea un cascarón. Esta situación de pandemia ha hecho estallar más fuertemente aquello que ya estaba estallando. El Concilio Vaticano II dio el campanazo el siglo pasado, pero muchos se resistieron y entonces se morigeró la reforma. Y lo que ha hecho el Papa Francisco es continuarla. Ha dado un vuelco de futuro, mucho más interesante, aunque difícil. Hay mucha resistencia. Pero los que proyectan esta resistencia no tienen ningún proyecto.

¿Habla de resistencia internas, dentro del mismo clero?

Sí, sí. Son resistencias internas que a veces se muestran en detalles un poco tontos, pero que demuestran que no tienen proyecto.

Estuvo en cuarentena después de que volvió de Europa, ¿cómo le ha ido?

Estoy muy bien. Pasaron los quince días y ya ha terminado. Ahora tengo un permiso para hacer las celebraciones de Semana Santa, todas por Facebook y otras redes.

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