Bukele hizo campaña vistiendo casacas de cuero y presentándose como un político millenial. Foto: EFE.
Bukele hizo campaña vistiendo casacas de cuero y presentándose como un político millenial. Foto: EFE.

Nayib Bukele: El populista cool

Autoproclamado “el presidente más cool del mundo”, el último domingo el gobernante de El Salvador usó al Ejército para tomar el Parlamento y amenazar a los legisladores, y se reveló como una amenaza para la democracia de su país.

Óscar Miranda
16 Feb 2020 | 15:11 h

–Ahora creo que está claro quién tiene el control de la situación...

El pasado domingo 9, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele (38), pronunció estas palabras sentado en la mesa de la Junta Directiva de la Asamblea Legislativa de ese país, exactamente en el sitio reservado al presidente de ese poder del Estado, quien no se encontraba presente, ante un recinto semivacío y rodeado de medio centenar de policías y soldados armados con fusiles de asalto.

–La decisión que vamos a tomar la vamos a poner en manos de Dios. Así que vamos a hacer una oración –dijo, cerrando los ojos y cubriéndose, por momentos, la cara con las manos.

Todo fue muy extraño. Dos minutos después, se levantó y se fue, seguido de su séquito de seguridad. Afuera del edificio, lo esperaba una muchedumbre.

Amenaza con disolver

La decisión a la que se refería Bukele era la disolución del Parlamento salvadoreño.

Días atrás, forzando la interpretación de un impreciso artículo de la Constitución, había convocado a los parlamentarios a que sesionaran el domingo 9 con el fin de que autorizaran su pedido de un préstamo de 109 millones de dólares a la comunidad internacional destinado a combatir a la criminalidad.

Los legisladores tenían –y siguen teniendo– dudas en torno al uso real de esta partida, debido a que el Gobierno nunca ha mostrado su plan de seguridad. Así que la mayoría de ellos, miembros de los partidos opositores FMLN y Arena, rechazaron el llamado. El titular de la Asamblea dijo que, en todo caso, verían el tema el lunes.

Bukele no se quedó tranquilo. El viernes y el sábado jugó con la posibilidad de disolver el Congreso. Y convocó al “pueblo” a que lo acompañara el domingo por la tarde a las puertas del recinto parlamentario.

Ese día, después de azuzar a una masa compuesta tanto por simpatizantes como por empleados del gobierno, el joven gobernante bajó de la tarima de oradores, caminó a las puertas del edificio y entró. Los soldados que había enviado dos horas antes a tomar el control del lugar le abrieron las puertas.

Bukele entró al Salón Azul, donde se realizan las sesiones plenarias, miró la sala, con apenas una veintena de diputados presentes y, como si fuera el presidente de ese órgano del Estado, declaró a los representantes ausentes en desacato.

Acto seguido, dijo que estaba claro “quién tenía el control de la situación”, oró y se fue.

Afuera, a los simpatizantes que le exigían que cerrara de una vez el Parlamento les dijo que Dios le había hablado adentro y le había pedido paciencia".

Twitter y Dragon Ball

Lo ocurrido el domingo fue el último y hasta ahora más peligroso gesto populista de un presidente al que lo que más le preocupa es su popularidad.

Cuando arrancó su gobierno, a mediados de 2019, hizo noticia por autoproclamarse como “el presidente más guapo y cool” del mundo, por despedir funcionarios de la anterior gestión por Twitter y por establecer a las redes sociales como la principal forma de comunicación con el país, incluyendo la prensa.

Alguien que desde que irrumpió en la política nacional, hace cinco años, trató siempre de mostrarse como un político “millenial”: como alcalde de San Salvador proyectó una película de Dragon Ball en la principal plaza de la ciudad y participó en competencias de paintball y en juegos extremos.

Esta vez, su bravata populista le ha granjeado las críticas de hasta quienes apoyaron su llegada al poder como un símbolo de renovación, tras décadas de regímenes corruptos de izquierda y derecha. El propio gobierno norteamericano, que lo ve como un aliado en la región, dijo que la toma de la Asamblea era “inaceptable”. Bukele, mientras tanto, no ha dejado entrever si llevará su amenaza de cerrar el Parlamento hasta el final.

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